La Tricolor venció múltiples obstáculos para clasificar a Italia 90


German Chavarria Jimenez (*)
Especial para La Nación

Qué díficil fue clasificar al Mundial de Italia 90! La gente no se imagina lo complicado que fue no solo vencer a los adversarios de la CONCACAF que nos presentó el destino, sino los obstáculos que los propios federativos nos pusieron en el camino porque pocas veces nos dieron el respaldo que merece una selección nacional que aspira a participar en un evento mundialista.

Cuando en noviembre de 1987 llegó a mi equipo, el Club Sport Herediano, la convocatoria al seleccionado mayor que hizo el uruguayo Gustavo de Simone, experimenté una gran alegría porque pensábamos en lo importante que sería lograr una clasificación a una Copa Mundial.

Nuestro pensamiento fue que había bastante tiempo para trabajar, pero aunque parezca increíble: la mayoría de las veces no tuvimos cancha donde entrenar y nos cambiábamos al lado sur del Estadio Nacional, debajo de las graderías, casi siempre respirando olor a orines. Tal vez un equipo de tercera división tenía mejores vestidores que nosotros...

Muchos compañeros nos quejamos de esta caótica situación ante la dirigencia de la Federación y exijimos ciertas facilidades porque, inexplicamente, no nos prestaban los camerinos ni la gramilla del estadio. Esto nos obligaba a entrenar casi siempre en canchas abiertas.

Estábamos mal en todo. Tampoco gozamos de buenos implementos deportivos ni, mucho menos, de balones adecuados. Las medias que nos daban ya estaban muy usadas y algunas hasta tenían huecos. Esta penuria nos duró casi todo el proceso con De Simone.

Quizás la falta de patrocinadores que prevalecía al inicio del proceso, obedecía a que no se gozaba de mucha experiencia en ese campo administrativo y las dificultades las tuvimos que pagar nosotros, los jugadores. En ningún momento parecía que se trataba de una Selección que pretendía asistir a un Campeonato Mundial.

Esta no era mi primera selección porque yo venía desde 1983, pero se repetía la misma historia: la Federación no nos ayudaba y de ahí los fracasos que habíamos sufrido en anteriores procesos. Por eso, toda esta frustración nos sirvió para que nuestra generación se llenara de coraje y afrontara con hombría los partidos de la eliminatoria.

Para que este gris panorama se transformara, fue trascedental el cambio de mando en la Federación. Con la llegada a la presidencia del doctor Longino Soto, la barca se llegó a levantar y pasamos de la adversidad a un cambio radical, totalmente positivo.

La Selección mejoró enormemente sus condiciones de trabajo. Fue hasta ese momento que nos volvió la confianza por clasificar. Se concretaron muchos fogueos internacionales y empezaron a hablarnos de que nos pagarían viáticos, premios por clasificación y uniformes adecuados. Con Longino, el equipo fue otra cosa.

Partidos complicados

La primera eliminatoria fue contra Panamá y nos costó muchísimo. Aquí nos empataron, 1 a 1, en Alajuela, donde cosechamos muchas críticas y hubo que ir a su estadio a "pellejearla", para buscar la clasificación a la segunda ronda.

A mi me tocó ser el capitán del equipo en ese segundo encuentro, y fue increíble cuando fuimos con un chalequillo modesto de entrenamiento para registrarnos al camerino de los árbitros, donde estaban también los delegados y los técnicos de ambos equipos. Fue una vergüenza la que pasé porque los demás andaban con vestido de lujo.

El partido fue difícilísimo porque Panamá se plantó bien, pero gracias al gol tempranero de Juan Cayasso, el grupo se motivó a sacar la tarea y seguir sobre ese camino, con un buen juego de conjunto. Hernán Medford concretó después el segundo gol y ganamos ese duelo, 2 a 0.

México era nuestro siguiente rival, pero fue descalificado por adulterar edades de jugadores juveniles en un Premundial. Tampoco iba a estar Honduras, uno de los más difíciles del área porque había sido eliminado por Trinidad y Tobago. Pero los equipos a los cuales nos íbamos a enfrentar en la pentagonal final de la CONCACAF eran igual de complicados.

A pesar que se pensaba que De Simone seguiría como entrenador, la Federación lo quitó después de la derrota en Guatemala (0 a 1), en el debut en la pentagonal, pero pienso que no fue culpa de él porque, en mi opinión, venía haciendo un buen trabajo. Pero estos cambios sobre la marcha son muy normales en Costa Rica, y nosotros ya estábamos acostumbrados a ellos.

Llegó a dirigirnos una dupla integrada por Marvin Rodríguez y Antonio Moyano; las condiciones mejoraron y los partidos siguientes los sacamos avante. Ganamos 2 a 1 a Guatemala y 1 a 0 a Estados Unidos; este último con anotación de Gilberto Rhoden.

Cuando les devolvimos la visita a San Luis, Missouri, sufrimos muchísimo porque nos robaron el partido, debido a la injusticia de aquel árbitro hondureño Rodolfo Martínez, cuando anuló un gol legítimo de cabeza de Héctor Marchena y perdimos 1 a 0.

Nunca se me olvida que después de que cometió todos esos actos en contra nuestra, el árbitro Martínez fue visto en el aeropuerto por una barra de aficionados, jugadores y dirigentes ticos, y ni para qué les cuento porque le gritaron de todo, desde ladrón hasta de cómo iba a morir...

En ese partido, me lesioné seriamente (estiramiento de ligamentos en la rodilla) y estuve alejado de las canchas mes y medio. Para mi fue todo un martirio, porque los médicos al principio me dijeron que no podría volver a jugar en la eliminatoria, sobre todo para los partidos que venían ante Trinidad y Tobago (allá se empató, 1 a 1, y aquí se ganó, 1 a 0). Fue un momento muy triste para mí porque yo soy muy "fiebre" y quería jugar todos los encuentros.

Pero me logré sobreponer, gracias al tratamiento del ortopedista Víctor Julio Brenes, y volví a escena en el partido de visita a El Salvador, con el estadio a reventar, pero logramos pararnos bien y ganarles 4 a 2, con aquellos dos golazos de Leoni Flores.

Nosotros teníamos a ciertos jugadores, como Róger Flores, Mauricio Montero, Juan Cayasso y Evaristo Coronado, quienes sabían conducirse muy bien, y nos aconsejaron mucho en reuniones privadas para afrontar esos últimos partidos. Era el todo o nada ya que estábamos contra la pared y había que sacar los puntos en disputa a cómo diera lugar.

Recuerdo unas palabras que nos dijo Róger, en una de esas sesiones: "¡Muchachos, esta es la última oportunidad y no hay otra!" Y tenía razón; nos llenamos de fe y pusimos fuerza de voluntad en pro del boleto mundialista.

Evaristo Coronado iba a salir de titular en el último partido contra los salvadoreños (16 de julio de 1989). Era mi compañero de cuarto en el hotel y ese día amaneció con un fuerte dolor y no podía mover la cabeza. "Me engarroté, Chava; la nuca se me quedó." Tenía la famosa tortículis, pero fue fiel y honesto con el grupo. Entonces, Marvin Rodríguez, que nos había dirigido los últimos juegos de la eliminatoria, escogió a Pastor Fernández.

Pastor estaba un poco tenso, pero todos lo apoyamos y ya ve lo que hizo: un golazo de cabeza, que nos dio la ansiada clasificación, 1 a 0, en el Estadio Nacional. Sin embargo, hubo que esperar tres meses para que, matemáticamente, fuera una realidad con el empate sin goles que se presentó entre Guatemala y Estados Unidos, en el estadio Mateo Flores.

Nosotros nos encontrábamos en una gira de fogueo por Italia y recuerdo que, cuando recibimos la noticia de que habíamos ganado el boleto al Mundial, la celebración fue increíble en el hotel donde estábamos en Torino. Los empleados de ese lugar creían que estábamos locos, por los gritos de alegría que pegábamos, pero cuando supieron de qué se trataba, se unieron al festejo.

La afición jugó un papel importante en esa clasificación, pero no puedo olvidar a jugadores como Enrique Díaz, Leoni Flores, Jorge Arturo Hidalgo, Evaristo Coronado y Álvaro Solano, que fueron claves en la eliminatoria pero no fueron tomados en cuenta para el Mundial. El aporte de cada uno de ellos nos inspiró en Italia.

Un proceso durísimo, desde el principio hasta el final, muchas veces por influencia de un sector de la prensa y algunos dirigentes de club que nos pusieron trabas y no querían que clasificáramos al Mundial. Pero bien que valió la pena hacer tanto sacrificio y esfuerzo.

Porque así es como saben mejor las cosas... después de haber tenido tanto aspecto negativo durante un largo período de casi tres años.

(*) Seleccionado nacional, entre 1983 y 1994. Jugó la Olimpiada de Los Angeles 84 y fue mundialista en Italia 90.

Cortos de un boleto

Para clasificar a la Copa Mundial de Italia 1990, Costa Rica ganó el boleto en el primer lugar de la CONCACAF. En 1988, eliminó a Panamá (1 a 1 y 2 a 0) y quedó exento de jugar ante México, descalificado por adulterar edades de jugadores juveniles en una eliminatoria regional en Guatemala.

Durante la hexagonal final, celebrada de marzo a noviembre de 1989, los ticos dominaron el certamen frente a Guatemala (0 a 1 y 2 a 1), Estados Unidos (1 a 0 y 0 a 1), Trinidad y Tobago (1 a 1 y 1 a 0) y El Salvador (4 a 2 y 1 a 0).

En resumen, el seleccionado patrio jugó diez encuentros oficiales en la eliminatoria, de los cuales ganó seis, empató dos y perdió dos, con 13 goles a favor y siete en contra.

Durante el proceso clasificatorio se convocaron 51 jugadores; el Deportivo Saprissa fue el club que más figuras aportó a ese proceso, con 13: Miguel Segura, Vladimir Quesada, Róger Flores, Martín Jiménez, Enrique Díaz, Benigno Guido, Tomás Segura, Juan Cayasso, Alexandre Guimaraes, Carlos Mario Hidalgo, Evaristo Coronado, Hernán Medford y Víctor Badilla.

Sin embargo, de los 51 escogidos, solo 29 actuaron en los diez encuentros eliminatorios, a saber: Luis Gabelo Conejo y Jorge Arturo Hidalgo, guardametas; Vladimir Quesada, Benigno Guido, Róger Flores, Mauricio Montero, Freddy Munguío, Edwin Salazar, Rónald Marín, Enrique Díaz y José Carlos Chaves, defensas; German Chavarría, Héctor Marchena, Juan Cayasso, Oscar Ramírez, Alvaro Solano, Alexandre Guimaraes, Enrique Rivers, Luis Neco Fernández y Carlos Mario Hidalgo, medios; Claudio Jara, Evaristo Coronado, Hernán Medford, Leonidas Leoni Flores, Gilberto Rhoden, Sivianny Rodríguez, Javier Wanchope, Pastor Fernández y Marvin Obando, artilleros.

Mientras el defensor Róger Flores fue el único que participó en los 14 juegos oficiales (diez eliminatorios y cuatro de la fase final en Italia), sin salir un solo momento del campo, para completar 1.260 minutos; Juan Cayasso fue el mejor anotador, con cuatro goles: uno a Panamá, otro a Trinidad y Tobago, uno a El Salvador y el último a Escocia.

Cuatro entrenadores se emplearon en la ronda clasificatoria y la fase final; el uruguayo Gustavo de Simone, en los primeros tres encuentros; luego el dúo Marvin Rodríguez-Antonio Moyano se mantuvo unido cuatro partidos; se fue Moyano y Rodríguez lo condujo al éxito en los últimos tres juegos; y el serbio Velibor Bora Milutinovic dirigió en el Mundial 90.

[Pie de foto: El ansiado gol a El Salvador. El cabezazo de Pastor Fernández (tapado por el vertical), al anticipar a Leonel Cárcamo y Jaime Chelona Rodríguez, vence la portería de Carlos Rivera. Victoria, 1 a 0, suficiente para clasificar al Mundial de Italia 90.]


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