San José, Costa Rica. Domingo 11 de diciembre, 2005.
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Jorge Castillo /LA NACIÓN

El personaje del año: Francisco de Paula Gutiérrez

Su sola presencia en el puesto máximo del Banco Central dio confianza a las empresas y a los trabajadores en una coyuntura económica sumamente frágil.

Larissa Minsky y Patricia Leitón
lminsky@nacion.com
pleiton@nacion.com

El ancla del barco

Francisco de Paula Gutiérrez Gutiérrez ha aprendido a dejar los problemas en la oficina antes de regresar a su casa cada noche. De los dos años en que fungió como ministro de Hacienda en la administración Figueres Olsen (1996-1998) heredó una hipertensión que lo obligó a reestructurar ciertas cosas en su vida, en cuenta la forma en que administraba el estrés.

Por eso ahora, sobre las barras de granola que mantiene en una de las gavetas de su escritorio, deja guardados estudios sobre inflación, papers del Fondo Monetario y balanzas de pagos de otros países, y procura llevarse a casa otros temas para hacer la sobremesa con su esposa, Patricia Toledo Oreamuno.

"En la función pública, uno siempre debe tener la renuncia guardada en el maletín"

"Si alguien me pregunta '¿qué ha sido usted en la vida?', sin dudar le digo que docente"

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Con el inicio del 2005, el presidente del Banco Central decidió ponerse a dieta "de lunes a jueves, para que no fuera tan aburrido", y los resultados dicen tenerlo muy satisfecho: una gran sensación de bienestar y 25 libras menos gracias a los batidos de Slim Fast, las frutas a media mañana y la granola para sobrevivir los ataques de hambre repentina. Para completar su régimen, hace cuatro sesiones semanales de ejercicio sobre una banda caminadora que tiene en su casa, en Escazú.

Como si se tratara de una metáfora, este año el Banco Central también aplicó una de las políticas más restrictivas de su historia para hacer frente a los continuos golpes económicos que recibió el país. Y es que, a la vulnerabilidad de nuestra frágil economía y a la incertidumbre sobre el rumbo que esta tomaría, se sumó el aumento en los precios del petróleo (que en agosto alcanzó el histórico de $67 por barril) y los precios internacionales (los precios de los productos que Costa Rica importa subieron alrededor de un 8 por ciento entre enero y setiembre de este año).

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Jorge Castillo /LA NACIÓN

Estos embates externos dieron al traste con uno de los objetivos que se había trazado Gutiérrez en enero, cuando anunció que buscarían bajar la inflación, algo que finalmente no se logró pese a que el Central reforzó la venta de bonos, incrementó las inversiones de corto plazo que ofrece a los bancos comerciales y, en julio, subió el encaje legal.

Si bien el esfuerzo no parece haber sido suficiente, esta política, aunada a las restricciones fiscales que aplicó el Ministerio de Hacienda, ayudaron al país a sortear uno de sus años económicos más difíciles sin sucumbir en una crisis.

Por su labor silenciosa, su permanencia en el puesto pese a las dificultades que ha atravesado nuestra economía, y su mano firme para aplicar, desde la institución que lidera, una política tan restrictiva, La Nación eligió a Francisco de Paula Gutiérrez como el "Personaje del año".

Si bien percibe un salario significativamente menor que otros presidentes de bancos centrales de la región, Guti -como lo llaman sus allegados- considera estar bien pagado y subraya que existen recompensas no monetarias que son sumamente valiosas. "Creo que, de una u otra forma, mucha gente reconoce que la labor de uno puede haber mejorado su calidad de vida. Desde un cargo como este, se toman decisiones que afectan a muchas personas y me da sentido de realización el poder influenciar en las condiciones generales del país", afirmó en una entrevista el pasado 2 de diciembre.

- ¿Qué virtudes personales cree que le han resultado claves en este puesto?

-En esto, uno no puede tener cartas por debajo de la mesa. Hay que discutir de frente los problemas y las opciones. Digo las cosas como son y puede que a veces me equivoque, pero yo esperaría que la gente perciba que no tengo segundas intenciones.

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A veces
resiente que la función pública le ha robado privacidad: "Deja uno de ser un profesional normal". Sin embargo, afirma que su balance personal de estos tres años en el Banco Central es bueno.
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"Esta característica me ha permitido tener, desde el Banco, una comunicación muy fluida con la otra parte de la yunta que es el Ministerio de Hacienda, y eso que en estos tres años me ha tocado trabajar con cuatro ministros distintos".

- ¿Cómo tener buena relación con todos ellos si son estilos y personalidades muy diferentes?

-Soy muy flexible para adaptarme a la gente. En lo que soy inflexible es en mis posturas. Si uno toma decisiones de las que está convencido, debe sostenerlas. Y si no puede sostenerlas o empieza a ceder, es mejor que se vaya a hacer otra cosa a otro lado.

"Por eso digo que, cuando uno entra a la función pública, siempre debe tener la renuncia escrita guardada en el maletín. La opción de dejar el puesto debe estar ahí siempre, no como una amenaza de chantaje ('o hacen esto o me voy'), sino como una actitud personal".

-¿La inflación fue su eterno dolor de cabeza durante el año?

-Yo quisiera creer que se puede revertir la inflación, pero este año tuvimos golpes muy fuertes y seguidos. Los precios de las importaciones nacionales subieron un 8 por ciento entre enero y setiembre y, con nuestra política cambiaria, devaluamos alrededor del 8 por ciento. Entonces, si los precios suben un 8 por ciento y el dólar se encarece un 8 por ciento, eso nos da el 15 ó 16 por ciento de inflación que tendremos.

-Usted es el único sobreviviente del equipo económico que salió del gobierno en setiembre del 2004. En ese momento, dijo que se quedaría "por un tiempo más". ¿Por qué eligió quedarse?

-Poco después de las renuncias, el presidente Pacheco me preguntó si se estaba desmoronando el país que todos estaban retirándose, y mi respuesta fue que no. Que el país tenía dificultades pero no se estaba desmoronando. La verdad, yo no tenía una razón de peso para decir 'me voy', porque no había ninguna acción de gobierno que indicara que habría cambios en los lineamientos de la política económica que se venía llevando a cabo.

"No había en el accionar del Banco Central un motivo que me llevara a renunciar y una salida mía habría dado la falsa impresión de que la economía estaba en una situación realmente complicada".

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Añoranzas. Volver la vista atrás le resulta a Francisco de Paula Gutiérrez una experiencia realmente agradable. "Afortunadamente, tuve un hogar muy feliz. Éramos papá y mamá, y cinco hermanos; yo soy el hijo de en medio. Nací en Barrio Otoya y luego nos mudamos a Barrio Escalante, y ahí viví hasta que me casé. También vivían con nosotros mis abuelos maternos y aquella era una casa llena de alegría y de valores muy sólidos: respeto por la gente, sinceridad, tolerancia y búsqueda de la excelencia por convicción, no por imposición", recuerda con una sonrisa que delata su nostalgia.

"Hubo mucha estabilidad en mi hogar porque mis papás -que, por cierto, son Gutiérrez los dos, aunque no parientes- tenían un matrimonio muy lindo. Esa estabilidad se repitió en la escuela porque estuve en La Salle desde primer grado hasta quinto año. A veces, cuando nos reunimos los hermanos, decimos que crecimos como en un capullo y eso hizo que a menudo nos resultara difícil tomar riesgos en la vida", reflexiona este economista de 56 años, padre de dos hijos varones que hoy tienen 30 y 32 años: Esteban y Marco Vinicio.

Ambos son fruto de su matrimonio con Patricia Toledo, la única novia que tuvo y con quien flirteaba durante sus años de adolescencia en un punto de encuentro común: un futbolín en Barrio Escalante en torno al cual se reunían los jóvenes de las casas vecinas. "Nos casamos cuando yo estaba terminando la U, tan pronto empecé a tener un ingreso fijo", recuerda.

Cuando hizo el examen de admisión de la Universidad de Costa Rica (UCR), tenía en mente enrumbarse por la senda de la química. Sin embargo, su abuelo -también llamado Francisco de Paula Gutiérrez, al igual que su bisabuelo y un tío materno (supone él que en memoria del santo del mismo nombre)-le aconsejó reiteradamente que mejor optara por alguna carrera de las ciencias sociales. "Decía que no me imaginaba a mí, tan conversador, metido en un laboratorio".

La muerte de su querido abuelo -quien fue ministro de Hacienda en los gobiernos de León Cortés y Rafael Ángel Calderón Guardia- en enero del año en que entraría a la universidad, marcó su destino profesional. "Fue cuando me dije: 'Voy a probar cómo me va en Economía y Derecho'. Y un semestre después, luego de haber tenido como profesor de Principios de Economía a don Genaro Valverde Marín, me había enamorado de la Economía".

Después del 8 de mayo. Gutiérrez responde espontáneamente a todas las preguntas de la entrevista, pero hace una pausa reflexiva ante la interrogante: "¿Qué va a pasar después del 8 de mayo? ¿Se quedará en el Central con el nuevo gobierno?"

-Esa es una pregunta muy difícil de contestar. Uno no cruza el puente hasta que llega al río y, además, ni sabe si habrá puente al llegar. Eso no depende de uno.

-¿Y si dependiera de usted?

-Habría que pensarlo porque esa es una decisión de vida. Mire, yo tengo 56 años, y la pregunta es: ¿Quiero pasar 4 años más en la función pública o prefiero volver a la docencia en el INCAE?

Mientras encuentra la respuesta, él, simplemente, sigue viviendo. Cuando el trabajo le da un respiro, se reúne con sus amigos entrañables a conversar o se sienta a escuchar música - "sobre todo, baladas latinoamericanas, tangos o música clásica cuando leo"-.

Hace un par de años se convenció de que "era muy aburrido leer solo libros de economía" y, desde entonces intenta ponerse al día con la literatura. Disfrutó mucho La fiesta de chivo, de Mario Vargas Llosa, y ahora se apresta a releer Cien años de soledad.

Guti extraña el deporte que hacía a principios de los años 90, particularmente las mejengas de los sábados con un grupo de amigos (Farid Ayales y Rodrigo Bolaños, entre otros). "Jugábamos padres contra hijos. Los muchachos nos trataban bien y hasta nos dejaban ganar a veces", recuerda jocoso.

Sus continuos traslados desde y hasta el país ciertamente han cesado, y es un hecho que hoy lleva una vida más sedentaria... Hasta se le antoja tener nietos. "Claro que me gustaría. Patricia y yo tuvimos los hijos muy jóvenes y el crecimiento de ellos compitió en el tiempo con nuestro crecimiento profesional. Ahora sería muy distinto".

Domicilios y trabajos

Trotamundos

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Mudanzas frecuentes y numerosos cambios de puesto han caracterizado la vida adulta de Francisco de Paula Gutiérrez. Antes de graduarse como bachiller en economía de la Universidad de Costa Rica (UCR) en 1971, fue asistente de Eduardo Lizano y Víctor Hugo Céspedes en varios proyectos de investigación, y estuvo en el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR. Tras cuatro años de noviazgo y decidido a casarse, buscó un trabajo estable para animarse a fundar su propio hogar. Desde 1972, empezó a impartir clases en la UCR, una de las actividades que más satisfacciones le ha deparado. Su anhelo era continuar estudiando en Estados Unidos, pero no dominaba bien el inglés y, por ello, fue rechazado varias veces en universidades norteamericanas. "Algo frustrado por esto acepté, en 1976, irme a trabajar al Banco Centroamericano de Integración Económica en Honduras. Pero, nueve meses más tarde, venía de vuelta con mi familia a integrar un grupo de asesores económicos para el gobierno de don Daniel Oduber".Superó el escollo del inglés y en 1979, en la Universidad de Pensilvania, sacó una mestría en Economía y ganó todos los exámenes del doctorado, aunque concluyó la tesis en 1990.De vuelta en Costa Rica, combinó la docencia en la U con la recién abierta empresa de consultoría CEFSA y, otra vez en 1981, regresó a trabajar a Estados Unidos. Retornó en 1984, y en 1986 empezó como docente en el INCAE, institución de la que ha sido decano y a la que añora regresar.





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