Sociedad

Una vida al pie de La Palabra

Randall Corella V.

Sencillez, la norma. Por casi 500 años, la iglesia menonita se ha aferrado a un conservador estilo de vida. Desde 1968, se establecieron con sus velos, tirantes, frondosa barba y estricto apego a La Biblia, en varios pueblos de las zonas norte y sur del país

Un silencio absoluto reina dentro del templo de madera. Más de 60 menonitas anabautistas esperan el inicio del culto dominical. Aunque faltan unos minutos para las 9 a. m., ya casi no hay espacio en las bancas de cedro.

Afuera, otros miembros de la iglesia caminan presurosos por la calle de lastre que lleva a Los Ángeles, en Limoncito de Coto Brus. Avanzan tratando de esquivar las piedras sueltas y los rayos solares en el día más caliente de los últimos meses.

Los hombres visten sombrero negro, pantalón largo, tirantes y camisa de manga larga abotonada hasta el cuello y en las muñecas. Las mujeres llevan un vestido que les cubre todo el cuerpo y un gorro blanco sobre la cabeza.

Decenas de sombreros quedan colgando en las paredes exteriores, mientras los recién llegados entran sin hacer ruido por las puertas laterales del templo en busca de un lugar. Las mujeres, niñas, jóvenes y adultas se sientan en la fila de bancas ubicada en el ala izquierda del recinto; los hombres, hijos, padres y abuelos, en los asientos de la derecha.

El culto comienza con tres cantos a capella elegidos para la ocasión entre los 429 del Himnario Cristiano, que todos los miembros de la iglesia tienen en sus manos, muy cerca de La Biblia.

Después siguen varias predicaciones, oraciones de rodillas y más cantos. Todos versan sobre el temor a Dios, la modestia y el estricto apego a las normas de vida dictadas por las Sagradas Escrituras, esas que los miembros de la iglesia cumplen cada día, dentro del templo y fuera de él.

Así fue hace cuatro siglos en Europa, así era en 1968, cuando las primeras familias menonitas llegaron a nuestro país, y así es hoy en más de diez pueblos costarricenses, donde radican estas congregaciones cristianas.

Las iglesias menonitas en Alajuela, Heredia, Pérez Zeledón y San Vito de Coto Brus reúnen a más de 500 fieles. Y aunque la mayoría son extranjeros o descienden de ellos, muchos costarricenses se han interesado en saber quiénes son esos hombres de barba y esas mujeres de traje largo.

Burbuja en el tiempo. A veces, pareciera que el reloj no avanza para los menonitas. Viven en pueblos alejados, en sencillas casas de madera sin radio ni televisión, y su gente viste ropa que no pasa de moda.

Otras veces, pareciera que el tiempo siguió su marcha. Trajo automóviles, electrodomésticos, teléfonos, computadoras y máquinas para trabajar el campo, aunque no logró cambiar el estilo de vida de estas familias.

La modestia y la sencillez figuran entre sus valores principales. Los hombres usan sombrero, pantalones y camisas de botones. Las cadenas, anillos y relojes de pulsera están prohibidos.

También tienen vetado el uso de pantalones cortos, camisetas, gorras, pantalonetas y el andar con el torso descubierto.

Además, no pueden dejarse crecer el cabello, ni hacerse peinados de moda, y en algunas congregaciones, deben usar barba como un elemento para diferenciarse de las mujeres.

"Creemos que Dios hizo distintos al hombre y a la mujer, y para distinguirnos le puso barba a los varones", destaca Felipe Yoder, obispo de la iglesia La Estrella, en Río Cuarto de Grecia.

En las congregaciones de Pérez Zeledón y San Vito, los hombres solo pueden usar camisas de manga larga y emplear tirantes para sostener sus pantalones.

Su argumento es que los cinturones revelan la figura del cuerpo y van en contra del principio de no llamar la atención.

La apariencia de las mujeres también está basada en la modestia. Desde que son niñas usan un velo como símbolo de que aceptan su posición al servicio del hombre y de Dios.

No pueden pintarse las uñas, tener el cabello corto o maquillarse. El vestido tradicional les cubre hasta los tobillos y no puede ser de telas transparentes, caras o que se ciñan al cuerpo; así que, en la mayoría de los casos, son ellas mismas quienes cosen sus atuendos.

"La Biblia nos enseña vestirnos con honestidad. La mujer menonita cubre su cuerpo, no se exhibe y eso es algo que choca con la cultura moderna, centrada en el aspecto físico y en mostrar mujeres casi desnudas", agrega el obispo.

Valores a salvo. Para muchas sociedades, el cambio es lo único seguro; para los menonitas lo único constante es la tradición. Su vida está regida por La Biblia y sus mandamientos deben cumplirse al pie de la letra.

Están convencidos de que, fuera de su igleisa , mandan el pecado, la corrupción, el orgullo y la violencia. Consideran a la radio, la televisión y el periódico como "malas influencias".

"Aunque reconocemos que la televisión y la radio tienen algunos programas buenos, creemos que en su mayoría perjudican los valores cristianos. No estamos en contra de estar informados, solo escogemos bien nuestras fuentes", justifica Luis Suárez, pastor de la iglesia de San Vito.

Además, evitan el consumo de licor, cigarrillos y otras drogas, junto con diversiones o entretenimientos como el deporte, el cine, las apuestas, la literatura, la música y el baile.

De hecho, los casetes, discos e instrumentos musicales están ausentes hasta de las mismas celebraciones religiosas.

"Una máquina o una guitarra no pueden adorar a Dios, la adoración tiene que venir del corazón y es solo el hombre, con su voz, quien puede hacerlo", declaró Dennis Kropf, un menonita de 57 años que vive en San Vito.

La familia es la base de esta comunidad cristiana; ahí se siembra la semilla de su fe. Cada mañana, pasado el desayuno, los Suárez se reúnen formando un círculo en la sala de su casa.

Cantan, comentan una cita bíblica y rezan de rodillas, como lo hacen también los Martin, los Kropf, los Yoder y decenas de familias menonitas en el país.

Todas las comidas del día se hacen en familia, precedidas por una oración, y en medio de sus labores cotidianas, cada persona encontrará un espacio para realizar sus devociones individuales.

De madrugada. Para los hijos mayores de Luis Suárez, cada jornada empieza mucho antes de que el sol llegue a San Vito.

Desde niños, David, Nataniel y Félix aprendieron a lidiar con más de 20 cabezas de ganado, arriarlas, alimentarlas y ordeñarlas. Una linterna les ayuda a encontrar la senda en medio del oscuro potrero.

Aún no ha terminado la madrugada y ya las vacas son sacadas de su sueño para desfilar hacia el ordeñadero.

La lechería es una de las principales fuentes de sustento de los menonitas en la zona sur. Con el líquido blanco elaboran los quesos que después saldrán a vender por los pueblos vecinos.

También obtienen sus ingresos de actividades como la agricultura y la apicultura.

Una parte de sus productos, como huevos, frutas y verduras, es utilizada para autoabastecimiento, y la otra se comercia en cooperativas, pulperías, restaurantes, supermercados y ferias.

En los últimos años, otras actividades se han ido ganando un lugar en el estilo de vida menonita: la ebanistería, la mecánica y la venta de madera.

Los roles en las familias menonitas están bien establecidos. Las mujeres deben respetar a sus maridos y sujetarse a ellos, concebir hijos, cuidar del hogar y de la familia. Los hombres deben honrar y cuidar a sus esposas, y suplir las necesidades materiales y espirituales del hogar.

"El hombre es mandado a trabajar con sus manos para llenar sus propias necesidades y para que tenga qué compartir con el que padece necesidad", resalta el libro La confesión de la fe cristiana, un texto que las iglesias de la zona sur emplean para instruir a quienes desean convertirse.

Los menonitas creen que Dios los ha llamado a una vida de solidaridad y, mediante ofrendas voluntarias velan para que no le falte nada a los pobres.

Confiados en que el Señor les ayudará a cumplir con esta tarea, rechazan las ayudas externas, como el Seguro Social, las pensiones y la educación pública.

Escuela propia. Mañana 7 de marzo, a las 8 a. m., unos 19 niños iniciarán el curso lectivo en la escuela de la finca La Estrella, en Río Cuarto de Grecia.

Tres jóvenes menonitas serán las maestras encargadas de impartir lecciones en niveles equivalentes a los seis grados de primaria y tres años de secundaria, en el sótano de la iglesia.

En los estantes de la escuela ya están listos los libros de ciencias, lenguaje, estudios sociales y matemática. Son textos elaborados por miembros de la iglesia, aquí o en Estados Unidos, que abordan los temas desde un punto de vista religioso.

Cada congregación menonita en el país tiene su propia escuela, pero ninguna de ellas está aprobada por el Ministerio de Educación Pública, pues sus creencias no concuerdan con los programas, textos y ambiente de los centros públicos.

"Al final, los niños reciben un certificado, pero no tiene valor en la educación pública. Si alguno quiere obtener el bachillerato, puede hacer los exámenes por suficiencia, aunque para los trabajos que realizamos en la comunidad no se necesita un título", afirma Diana Yoder, una de las maestras en La Estrella.

Son muy pocos los jóvenes que aspiran a tener un título universitario. Su fe los insta a elegir con cuidado su ocupación, evitando aquellas que "promuevan" las asociaciones inapropiadas y la avaricia.

La mayoría de los muchachos continúan los negocios familiares o aprenden oficios útiles para la misma comunidad.

Las muchachas trabajan como servidoras en casas, secretarias en oficinas y asistentes en clínicas, o se dedican a las labores domésticas en preparación a su futuro de esposas.

Solamente dos miembros bautizados pueden unirse en matrimonio, después de haber cumplido un período de noviazgo en el que no se permite ningún tipo de contacto físico.

El joven visita a su novia, conversan, leen La Biblia, van al culto y salen de paseo, siempre con el consentimiento y la supervisión de los padres de ambos.

"Quiero el consejo de alguien que pueda ver la vida con mayor experiencia que yo. No tener contacto físico es una base fuerte para el matrimonio, no una cruz como muchos lo ven", recalcó la maestra.

Dentro de los preceptos menonitas no caben el divorcio ni las segundas nupcias si el primer cónyuge aún está con vida.

Las familias de muchos hijos resultan algo común en las congregaciones. Cada pareja de esposos elige el número de hijos que desea procrear, pero solo pueden usar métodos anticonceptivos naturales.

Dirección masculina. A las 9 en punto, la voz del ministro rompe el silencio de la iglesia. "Empezamos con el canto número 18... ¿Un hermano que nos pueda guiar?".

Un hombre interrumpe el ruido de las hojas de papel y entona la primera frase de la canción "¡Oh, qué riquezas ofrece Jesús!". Decenas de voces lo siguen al unísono. Es domingo, y para los menonitas no hay más fiesta que el "Día del Señor".

Aunque son cristianos, su calendario litúrgico no celebra la Navidad ni la Semana Santa.

Aparte del culto dominical, son pocas sus celebraciones. La principal es la "Cena del Señor", un ritual en que comparten el pan y el vino.

También practican el lavado de pies, en recuerdo de otro de los actos que Jesús realizó la noche antes de morir. Para ellos, es un símbolo de humildad en el que las mujeres limpian los pies de otras mujeres, y los hombres, los de sus congéneres.

Esa rigidez en los roles de varones y mujeres queda en evidencia cada domingo. Durante el culto, ellos se sientan a un lado de la iglesia y participan en toda la celebración; ellas se juntan silenciosas en el lado contrario y solo alzan la voz para cantar.

Cada congregación escoge -por la voz unánime de sus miembros o por la suerte- a los hombres calificados para dirigir la iglesia. Una iglesia cuenta, como mínimo, con un "obispo" que cumple las labores de un superintendente; un "diácono", que vela por las necesidades materiales de la hermandad; y un "ministro" o "pastor" que colabora en la labor y enseñanza espiritual.

Conversión. Cada domingo, mientras el ministro dirige el culto, un recipiente plástico pasa de mano en mano entre los hombres. Quien lo recibe saca de la bolsa de su camisa algunos billetes y los introduce por la rendija de la improvisada alcancía. Al final, la ofrenda de todos llega hasta el diácono, que se encargará de distribuirlo entre a quienes más necesitan.

Cuando termina el culto, pocos abandonan con prisa la iglesia. La mayoría se queda conversando en la puerta o a la sombra de algún árbol que los resguarde del sol de mediodía. Antes de comenzar su plática, dos hombres se saludan con un beso en la mejilla. Lo llaman el "ósculo santo" o "beso santo", un símbolo de amor fraterno que comparten hombres con hombres y mujeres con mujeres al encontrarse.

Otro de los simbolismos menonitas está presente durante el bautismo, una celebración reservada para el momento en el que un creyente, por decisión propia, ingresa a la congregación.

"El modo bíblico para bautizar es derramar agua sobre la cabeza de la persona; así el creyente testifica que ha dejado el mundo para entregarse al señorío de Jesucristo", enfatizó Luis Suárez.

Esa fuerte convicción religiosa es, sin lugar a dudas, el arma principal de los menonitas para mantener intactos sus valores y un estilo de vida apegado a La Biblia, letra por letra.


Una fe de casi 500 años

Las raíces menonitas están en Europa

La iglesia menonita es una congregación cristiana que comenzó a gestarse en el siglo XVI, cuando Martín Lutero, en Alemania; Ulrico Zwinglio, en Suiza, y Juan Calvino, en Suiza y Francia, gestaron la reforma del catolicismo.

En enero de 1525, seguidores de Zwinglio, desilusionados en su deseo por establecer una iglesia basada en el Nuevo Testamento de La Biblia, formaron una congregación llamada Hermanos Suizos.

Divulgaron su doctrina por Suiza, Alemania y Holanda. Y como comenzaron a practicar el bautismo de adultos, fueron llamados anabautistas o "bautizados por segunda vez".

Alrededor del año 1536, un sacerdote católico de Holanda, Meno Simons, se unió a los anabautistas y se convirtió en uno de sus principales líderes. Poco a poco, el apodo "menista" o "menonita" fue dado a las iglesias en Holanda y después, a los Hermanos Suizos.

Ante la persecución que enfrentaron en Alemania y Suiza, muchos anabautistas hallaron refugio en Rusia y América del Norte. En 1683, llegaron a Canadá y Estados Unidos, de donde más tarde partieron hacia otros países del continente.

Pioneros. Los primeros menonitas que llegaron a Costa Rica lo hicieron en julio de 1968, procedentes de Estados Unidos.

Fueron seis familias de Ohio, Virginia, Georgia y Maryland, que respondieron a un anuncio publicado en un periódico para cumplir una misión evangelizadora en América Latina. La mayoría de estas familias eran descendientes de alemanes, holandeses y suizos.

"En algún momento pensamos en mudarnos a Paraguay, pero sentimos que aquí era mayor la necesidad de evangelizar. Había un grupo de norteamericanos interesados en comprar tierras en Tilarán, alrededor del volcán Arenal, y querían hacerlo a medias con nosotros, así que aceptamos la propuesta", recordó Galen Yoder.

Sin embargo, estuvieron ahí durante poco tiempo. A principios de la década de 1970, el Instituto Costarricense de Electricidad expropió sus tierras para construir la represa del Arenal y tuvieron que mudarse.

"Algunas familias se fueron para Río Frío, San Carlos, Upala y el sur del país. Mi esposa y mis hijos nos quedamos en Tilarán y en 1991 nos vinimos para San Vito", agregó Yoder, de 76 años.

Hoy lestán en Upala, Grecia, San Carlos, Guatuso y Los Chiles (Alajuela); Coto Brus (Puntarenas), Sarapiquí (Heredia) y Pérez Zeledón (San José).


Bases de su fe

Lo que creen los menonitas Dios: Creen solo en Dios, quien es eterno, infinito, omnipresente, todopoderoso y habita en los cielos.

Trinidad: Dios es compuesto por tres personas: Padre, Hijo (Jesucristo) y Espíritu Santo.

La creación: Dios creó todas las cosas, visibles e invisibles. El relato del Génesis es una verdad histórica y Dios creó al hombre a su propia imagen.

Domingo: Dios santificó el sétimo día como una jornada de reposo. Con excepción de este "Día del Señor", no existe otro día de fiesta.

Matrimonio: Dios instituyó el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. El divorcio, el incesto, la poligamia, la unión libre, la homosexualidad, y toda relación íntima fuera del matrimonio son pecaminosos.

Armas: No participan en la guerra, ni demandan los derechos personales o la devolución de bienes robados. Estan dispuestos a huir por la causa del Señor, antes de dañar a un semejante.

La muerte: La muerte física es el destino universal del hombre. El cuerpo se pudre y el alma permanece consciente, esperando el juicio final. Se prohíbe todo intento de comunicación entre vivos y muertos. No creen en la reencarnación ni el purgatorio.

Infierno: Hay un reino de las tinieblas formado por una multitud de espíritus malos. El principal entre ellos es Satanás, o el diablo, que procura engañar y destruir las almas de los hombres.

Eternidad: Después del juicio final, los justos "estarán siempre con el Señor" en el "cielo nuevo y tierra nueva"; los malos sufrirán la pena eterna.


¿Y los Amish?

Dos comunidades distintas

Es posible que al observar a un grupo de menonitas, alguien piense que se trata de los mismos personajes de recordadas series de televisión. Mas no es así.

Aunque tienen costumbres similares, los menonitas son una comunidad distinta a los llamados Amish, quienes inspiraron estas cintas.

A ellos se les conoce con el apodo colectivo de "la gente sencilla de las planicies" debido a su vida sin lujo y a la geografía de los territorios que habitan: 23 estados de Estados Unidos y Ontario, en Canadá.

Arribaron a Norteamérica hace 250 años, pero en realidad, la comunidad Amish nació en la Europa del siglo XVI.

Son protestantes, del movimiento conocido como "anabautistas", y debido a sus creencias, muchos de ellos fueron perseguidos por los católicos y otros protestantes europeos.

Se refugiaron en las montañas de Suiza y Alemania, luego se trasladaron a las colonias británicas de América.

Desde entonces, han vestido igual: los varones con sombrero y ropa oscura (chaqueta, camisa , tirantes, pantalones, calcetines) y zapatos negros; las mujeres, con largos vestidos negros, azules o verdes, y un gorrito en la cabeza.

Viven en lugares retirados, siembran lo que comen y, a diferencia de los menonitas, no utilizan la electricidad.

Los servicios religiosos se recitan en el mismo alemán sagrado de los tiempos de Lutero y hablan un dialecto alemán en sus casas. El inglés solo es para entenderse con "el mundo".

Le pagan al gobierno únicamente los impuestos de propiedad y rechazan los beneficios del estado.


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