San José, Costa Rica. Domingo 27 de noviembre, 2005.
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Derrotero.
Comerciante, industrial y productor de café fino, Steve Aronson tiene claramente perfilado su norte empresarial: "Mi mercado es el mundo y Costa Rica está en el mundo".
Francisco Rodríguez/LA NACIÓN
Semblanza

El profeta del grano de oro

Alquimista. Productor, beneficiador, tostador, exportador y ahora Internet retailer, el estadounidense Steve Aronson hizo del Café Britt un éxito comercial. Pero sobre todo, ha demostrado a creyentes y paganos que, en materia de este cultivo, no todo está escrito ya.

Juan Fernando Cordero jfcordero@nacion.com

Si hubiera nacido en el siglo XIX, posiblemente habría surcado a menudo el Atlántico en largas travesías, compañero de lunas y borrascas de mercantes de tierras diversas y lejanas.

Catalejo en mano, sobre la cubierta superior, oteando el horizonte, henchidas las velas de su navío y cargadas las bodegas del aromático grano.

Pero Steve Aronson fue "desembarcado" en Nueva York, Estados Unidos, por padres de origen lituano, a mediados del siglo XX (exactamente el 10 de julio de 1947), lo que redefinió su ruta pero no su rumbo.

Un trazado vital que, 22 años después, incluiría como punto de recorrido Costa Rica.

Aquí, en Alajuela, iba a tener alojamiento gratis en la casa de la mejor amiga del colegio de su madre, para pasear a sus anchas por 51.100 kilómetros cuadrados que, muchos meses al año y en muchas regiones de ese territorio, explotaban en los frutos tornasol que marcarían su suerte final.

Hoy es imposible hablar de buen café sin mencionar a Steve Aronson, ni es posible referirse a él sin ubicarlo como el principal protagonista de la revolución que ha experimentado la comercialización de ese cultivo en nuestro país.

Hace 20 años sembró la idea de explotar más inteligentemente el que considera "el mejor café del mundo" y ahora cosecha los frutos de una original e imaginativa forma de hacer negocios en este sector. Como si fuera poco, esa visión empresarial ha asociado, como nunca antes, el nombre de Costa Rica con el sello de calidad, a lo largo y ancho del planeta.

Sin embargo, muchos viajes y estaciones se gestaron antes de que Aronson lanzara el ancla en Getsemaní de San Rafael de Heredia, donde reside permanentemente desde 1977.

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/LA NACIÓN

Viviendo en Estados Unidos, trabajó con una compañía que comercializaba productos agrícolas tropicales y eso lo hizo viajar intensamente por Latinoamérica y residir cierto tiempo en Holanda y en Francia. En suelo francés inició su formación académica y experimentó el ejemplo del orgullo con que estas sociedades aprecian sus propios productos.

"En Roquefort comen el mejor queso Roquefort", dice con convencimiento. "¿Por qué no se podía hacer eso con el café de Costa Rica?". La idea empezaba a germinar en su mente.

De regreso en Estados Unidos, concluyó la carrera de economista agrícola en el Food Research Institute de la Univer-sidad de Stanford, donde tuvo de compañero al exministro del Ambiente, Álvaro Umaña, y de profesor, al también costarricense Claudio González.

Para entonces, sus alojamientos gratis en Alajuela le habían dado pistas suficientes para estar seguro de cuál sería su siguiente golpe de timón: convencer a sus jefe de instalar la sede de la empresa en Costa Rica. Y así fue.

Algunos años después, iba a llegar la oferta inevitable para un empleado eficiente que acumulaba ya un respetable conocimiento en café: regresar a Nueva York con un salario tentador. Pero al ofrecimiento le faltaban las condiciones de estilo de vida que ofrecía Costa Rica y la declinación no se hizo esperar.

Un jornalero más. Empezaba ahora la labor independiente para Steve Aronson, casado desde hacía tiempo con la francesa Anne Laarman, a quien curiosamente no había conocido en París ni en Burdeos, sino en Cuer-navaca, México, en 1973, el día del cumpleaños de ella. Con esta mujer criaba ya una familia que totalizó cinco hijos.

Patios de secado, pilas de fermentación, variedades híbridas, chancadoras, molido y tostado, cafés pergamino. Ahora su mundo se expandía y comprimía en función de los célebres granos que dan origen a la bebida aromática más popular del mundo.

Fue socio de Fernando Batalla en plantaciones en Orosi; dirigió un beneficio en Pejibaye de Pérez Zeledón, y construyó otro en San Rafael de Ojo de Agua. Produjo, benefició y exportó café, en una gestión de círculos concéntricos que alcanzó su punto máximo con la creación de lo que se considera uno de los conceptos empresariales más novedosos de los últimos años: Café Britt.

La idea del orgullo por el producto nacional estaba lista para cosecharse. "Durante mucho tiempo, los exportadores, sobre todo alemanes, enviaban el mejor café a Alemania, uno no tan bueno a Estados Unidos, y el de menor calidad se quedaba en Costa Rica", explica Aronson. "Lo que quise fue que en Costa Rica se tomara también buen café".

Café Britt tiene ya 20 años de dedicarse a procesar, exportar y comercializar cafés finos y posee en la actualidad una planilla de alrededor de 600 empleados.

Fabrica alrededor de diez productos diferentes, entre ellos, variedades de café con certificado de origen (Tres Ríos y Tarrazú), variedades orgánicas y una línea de chocolates con este grano como uno de sus ingredientes. La empresa opera en tres centros de producción: las oficinas centrales, en Santa Lucía de Barva; una bodega, el centro de distribución y la fábrica de chocolates, en Barrio Jesús de Santa Bárbara, y la bodega de preparación del café oro y el centro de empaque de los envíos al exterior, en Getsemaní, de San Rafael de Heredia.

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/LA NACIÓN

Además, mantienen acuerdos con varios productores para recibirles tanto café en fruto como en grano.

Pero, ¿cuál ha sido la clave del éxito? En palabras de Aronson, lo más importante es la eficiencia en la logística.

En las tres tiendas que poseen en el aeropuerto Juan Santamaría, operan sin bodegas. Hacen un inventario de productos cada ocho horas y el restocking lo efectúan incluso en la madrugada, si es necesario. Todo funciona en tiempo real y hay conocimiento permanente, vía correo electrónico, de todo lo que está pasando.

A los 30 años de experiencia que acumula Steve Aronson como productor, beneficiador, tostador y exportador, se suma ahora la expansión del último círculo concéntrico: Internet retailer.

Café Britt está en capacidad de despachar productos a cualquier parte del mundo, y si un pedido entra antes de las 2 p. m., ese mismo día sale hacia su destino vía DHL. "Ningún pedido dura más de cinco días en llegar a cualquier lugar", afirma.

Para Aronson, quien no tiene reparo en confesar que la logística la copió de la cadena Wal-Mart, considera que otro factor de éxito es la rapidez que, a su juicio, es parte de esa misma logística.

Todo correo es contestado en la hora siguiente a su recibo, y cuando un pedido se despacha el mismo día, en la noche se envía otra comunicación al comprador informándole de que la mercancía ya va de camino.

Además de las tiendas en el aeropuerto Santamaría, Café Britt administra establecimientos en los dos hoteles Marriott (San Antonio de Belén y Los Sueños), en el Four Seasons y en el Allegro Papagayo, entre otros hoteles, así como una tienda en el sitio recreativo La Paz Waterfall Gardens, cerca de Vara Blanca. Recientemente, ganó la licitación para instalar varias tiendas en el aeropuerto de Curazao.

También integra la compañía la filial Café Britt Perú, en este país, donde administra tres tiendas en el aeropuerto de Lima. Además, procesan y tuestan café peruano.

Las ventas totales anuales de Café Britt son de aproximadamente $40 millones, de los cuales exportan cerca de $8 millones, a un promedio de 20 países.

Movimiento continuo. Grueso, de pelo y barba rebelde y canosa, mediana estatura y un español casi totalmente correcto en el que se deslizan por ahí un "choriceros", algún "pura vida" y un "metida de pata", Steve Aronson semeja un personaje de cuento medieval. Habla con fruición y entusiasmo y, mientras recorre las oficinas centrales, saluda y presenta con calidez a los empleados por su nombre, explica lo que hacen y mordisquea algún grano de café.

Si Café Britt es Costa Rica y Costa Rica es Café Britt, como pregona él, podría decirse que Steve Aronson es Café Britt y Café Britt es Steve Aronson, aunque ahora es el presidente de la junta directiva y la compañía está constituida por alrededor de 400 accionistas, entre cafetaleros, empleados, inversionistas y miembros de su familia. Su hermana, por ejemplo, tiene a su cargo la representación de la firma en Boston.

Podría asegurarse con certeza que su atención es de movimiento continuo, y si no le correspondió otear el horizonte marino desde la cubierta, no hay idea original que le sea ajena o escape a su comprobado buen olfato empresarial.

El nombre mismo de la compañía tiene mucho de sui géneris. Aronson decidió hacer un concurso y alcanzó supremacía el nombre escandinavo de mujer Britt, que es de fácil pronunciación en muchos idiomas y permitía rendir un homenaje a los países escandinavos, los mayores tomadores de café del mundo

Como si fuera poco, ocasionalmente Aronson se escapa a atender alguna consultoría que le proponen, siempre que le resulte interesante.

Por ejemplo, hace unas semanas estuvo en Laos resolviendo consultas sobre una variedad, precisamente costarricense, con la que los caficultores de esa nación asiática estaban muy entusiasmados pero que en Costa Rica es de ingrata memoria.

Sin embargo, lo que en este momento acapara buena parte de su esfuerzo y pasión, es un proyecto de restauración de un viejo beneficio abandonado, construido por el caficultor costarricense Francisco Murillo Segura alrededor de 1910. Patrocinado por Café Britt, ese es su nuevo sueño y una forma fresca de plasmar su reconocido amor por el arte, del que da fe el Coffee Tour, una representación artística creada en 1991 como parte de los atractivos ofrecidos al visitante de las instalaciones principales ( Ver recuadro "12.861 veces").

Se trata del beneficio Tierra Madre, en Concepción de San Rafael de Heredia, que será incorporado como una opción en los recorridos para los turistas interesados en conocer más, y de cerca, el proceso de beneficiado del café. ( Ver nota "Al aire libre").

Para él es, además, un sitio de experimentación sobre cómo combinar el conocimiento actual con las técnicas tradicionales del beneficiado, en procura de aumentar la calidad del producto. "Tenemos que recordar lo que sabemos hacer y centrarnos solo en café de calidad", enfatiza.

¿Qué sigue después? Quizás alguna otra peculiar iniciativa ya desvele a Steve Aronson, quien no ha adquirido la ciudadanía costarricense por el fastidio que le produce seguir el procedimiento. "No me gustan los trámites", dice.

Mientras camina por el patio de secado con las manos en los bolsillos de un pantalón de corduroy azul, junta otro grano para masticar y permanece pensativo unos segundos. ¿Guarda todavía el café algún secreto para él?

Difícilmente. La rosa de los vientos le dirá siempre cómo soplan los ocho vientos que necesita para llevar a puerto seguro el navío de su imaginación, como diestro marinero de aromas y sabores que es.

Al aire libre

Beneficio se torna museo

"Tierra Madre es un regreso a las raíces".

Con esas palabras, Steve Aronson resume el propósito de restaurar un beneficio de café abandonado para que los visitantes aprendan más del proceso de industrialización de ese grano, todo bajo el patrocinio de la empresa Café Britt.

"Quiero que sea un museo al aire libre del café en Costa Rica", afirma. "Y queremos mostrarlo también como un modelo".El beneficio Tierra Madre está ubicado en Concepción de San Rafael de Heredia y abarca una finca de siete hectáreas, en las que también se siembra ese producto agrícola. Las instalaciones pueden procesar 500 fanegas por semana, que se obtienen de la misma finca y de otras plantaciones cuyo grano sea de la calidad requerida.Uno de los objetivos del proyecto es reciclar el agua usada en el proceso de beneficiado, de modo que retorne al río de donde se capta más limpia de como se tomó. Además, hay gestiones para que la Organización de Estudios Tropicales incluya a Tierra Madre como parte de sus biocursos, y buscan convenios de visitas con universidades y operadores de turismo.

El beneficio está decorado con escenas de la actividad del café, tipo mural, producto de un concurso entre muralistas al que acudieron 40 artistas.

12.861 funciones

¿Para qué café sin violines?

El papel de Mecenas parece irle bien a Steve Aronson, un declarado amante del arte.

Prueba de ello es que, desde hace 14 años, edificó un teatro en las oficinas centrales de Café Britt y dispuso la creación de una obra de teatro que contara la historia del café y otros temas relacionados con esta industria. Así nació el Coffee Tour, administrado en sus inicios y hasta su muerte por el actor Dionisio Echeverría, quien contrató el guión al dramaturgo Jorge Arroyo.

Desde entonces, ocho actores se han encargado de dar vida a una trama que empieza en el mismo cafetal y se va desarrollando hasta que la audiencia, que sigue al elenco en su recorrido, llega al teatro para presenciar el final.

El Coffee Tour lo han visto alrededor de 500.000 personas y, hasta finales de la semana pasada, se habían hecho 12.861 presentaciones. En temporada alta, se repite entre tres y cuatro veces al día. La presentación es simultáneamente en español e inglés, no con traducción directa sino mediante una ágil interacción de ambos idiomas en los diálogos, lo que da la "ilusión" de que se entiende incluso el otro lenguaje. De hecho, varias escuelas de idiomas acostumbran enviar a sus alumnos a presenciar la obra.

Actualmente, el encargado del Coffee Tour es el actor Manolo Ruiz.





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