San José, Costa Rica. Domingo 05 de noviembre, 2006.
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Reportajes

Foto Principal: 1405875
Foto
de la primera mueblería Urgellés, ubicada cerca de la iglesia del Carmen. Fue tomada a principios del siglo XX.
Reproducción Albert Marín /LA NACIN
Historia

Un siglo tallado a mano

Hace 100 años, un matrimonio español se estableció en Costa Rica decidido a hacer historia. Así nació la mueblería Urgellés, cuyas obras de fina madera aún se conservan en emblemáticas instituciones del país como el Teatro Nacional y la Asamblea Legislativa.

Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com

La visita que, en 1963, hizo el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, a Costa Rica, puso a correr a muchos pues había que cuidar hasta el mínimo detalle.

Los organizadores se dieron incluso a la tarea de encontrar en el país a alguien que pudiera construir una silla especial para aliviarle al mandatario sus continuos dolores de espalda.

El reto lo asumieron los empleados de la mueblería Urgellés –que en aquel entonces funcionaba en plena capital–, y así dieron vida a un sillón-mecedora que utilizó Kennedy mientras permaneció hospedado en el hotel Costa Rica. Por cierto, resulta lamentable que nadie sepa hoy del paradero de aquella silla.

Esa fama de excelentes fabricantes no la alcanzó Urgellés de la noche a la mañana. Desde que don José Urgellés Riart y su esposa, Antonieta Ferrer, fundaron esta mueblería hace exactamente cien años, demostraron que lo suyo era trabajar con arte las más finas maderas.

Esta pareja, originaria de Cataluña, España, había llegado al país decidida a levantar un negocio familiar que conquistara el gusto de los ticos.

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José
Urgellés Riart, 1908.
Albert Marín/LA NACIN

Y lo consiguieron, pues muy pronto se corrió la voz entre los cafetaleros y hacendados de la Costa Rica de 1906. Se decía que en un pequeño taller de ebanistería ubicado en las intermediaciones de la iglesia del Carmen, don José tallaba a mano camas, mesas, sillas, escritorios y sillones, impregnándoles un exquisito toque europeo.

“En aquella época, los clientes llegaban a la mueblería, encargaban la hechura de las piezas y escogían los diseños, acabados y materiales. A veces, el trabajo llevaba más de seis meses, pero a la gente no le importaba esperar. Incluso, tenemos guardadas cartas de clientes que, después de un año, le recordaban al abuelo, que ya estaba cerca la fecha que se les había dado para la entrega de sus muebles”, relató Marco Vinicio Urgellés, uno de los cuatro nietos del fundador y actual gerente general.

“Cuando papá(José Antonio Urgellés Ferrer) se hizo cargo de la empresa, quiso seguir el ejemplo del abuelo –quien falleció en 1939–, y se comprometió a mantener los mismos estándares de calidad. Creo que esa ha sido la clave de todo”, agregó Alberto Urgellés, gerente administrativo y miembro de la tercera generación que ha asumido las riendas de este negocio.

Gustos exigentes. Pero no solo las personas adineradas de San José hacían sus encargos en esta mueblería a principios y mediados del siglo pasado. Todavía hoy se pueden apreciar muebles fabricados por el propio don José o sus herederos en instituciones emblemáticas como el Teatro Nacional, la Casa Presidencial, la Asamblea Legislativa, la Nunciatura o la Casa Amarilla. Igualmente poseen ciertas piezas algunas embajadas, hoteles de cinco estrellas y teatros de varios países centroamericanos.

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Detalle
del tallado a mano en el taller de ebanistería Urgellés.
Albert Marín/LA NACIN

Desde 1939 hasta 1995, los Urgellés estuvieron unidos en sociedad a la familia Penón. “Sin embargo, nuestros primos se desligaron y la empresa retomó el nombre que tuvo desde su fundación”, explicó Marco Urgellés.

Según él, para enfrentar la creciente demanda han debido abrir nuevas plantas.

Por eso, del sencillo taller que funcionaba en el distrito del Carmen, pasaron a otro más céntrico, en plena Avenida Central, exactamente en el antiguo edificio Steinvorth.

En los años 50, se trasladaron a Sabana Sur y hace 15 años inauguraron la fábrica de Alajuela, que tiene un área de 20.000 metros cuadrados. En el 2003, se abrió una sucursal en Escazú.

“Es cierto que nos hemos industrializado y algunos de nuestros muebles tienen un aspecto más contemporáneo, pero seguimos ofreciendo el mismo producto de siempre”, aseguró don Marco Vinicio, orgulloso de que la empresa de su abuelo haya contribuido a tallar parte de la historia de Costa Rica en los últimos cien años.





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