San José, Costa Rica. Domingo 17 de septiembre, 2006.
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Reportajes

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Rafal Piechocinski /ParaLA NACIN
Personaje

Pasión a primera vista

Rafal C. Piechocinski está enamorado. Todo lo delata: su asedio, sus cartas, y sus fantasías desterradas en tierras lejanas. De niño, Costa Rica lo sedujo de una forma casi anómala, casi absurda. Hoy está convencido que este es su hogar, diga lo que diga su partida de nacimiento.

Andrea Vásquez R. avasquez@nacion.com

El amor del polaco Rafal C. Piechocinski por Costa Rica impresiona. Uno piensa que es una broma, una exageración, que tal vez se trata un fanfarrón. Pero todas las piezas calzan, no hay inherencias ni paradojas. Su interés por Costa Rica va más allá de ponerse camisetas con insignias nacionales, venir de vacaciones cada año o hacer publicidad de boca en boca con sus amigos.

Todo comenzó en el concurso Miss Universo del año 1988. Un preadolescente polaco miraba la televisión, cuando lo atravesó el flechazo.

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Banderas,
escudos y muchos otros detalles en su oficina lo delatan como un amante de Costa Rica.
Rafal Piechocinski / ParaLA NACIN

–“¿De dónde es ella?”, preguntó su curiosidad.

–“De un país que se llama Costa Rica”, respondió su mamá, pensando que su interés sería tan efímero como cualquier capricho que se tiene a los 13 años.

Rafal necesitó que le repitieran el nombre varias veces para asegurarse de que le quedaría grabado en su mente, y pasó días tratando de memorizarlo: “Costa Rica, Costa Rica, Costa Rica”.

“Se encuentra en el istmo centroamericano”, le confió el atlas. Quedaba alrededor de países de los que sí había escuchado en noticias que hablaban de conflictos y guerras civiles.

Fue amor a primera vista: “Me encantó el sonido de la palabra ‘Costa Rica’ y la extraordinaria forma que tenía en el mapa llamó poderosamente mi atención”. Las bibliotecas se convirtieron desde entonces en sitio de visita obligatoria donde copiaba a mano las frases de los libros que hablaban de nuestro país.

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En este
edificio, Rafal planea contruir el museo de Costa Rica para conquistar más corazones polacos.
Rafal Piechocinski / ParaLA NACIN

De adolescente, el cielo lo conectaba con este lugar que ignoraba que tenía un pretendiente. “A veces me acostaba en mi cuarto, venía el cielo a través de la ventana y observaba las nubes moverse. Imaginaba que pronto llegarían a Costa Rica y, de esa manera, me sentía conectado a aquel país”, rememora.

Su conexión lo hizo seguir de cerca el terremoto de Limón en 1991 y la epidemia del cólera, pero, lejos de desilusionarlo, se sintió aún más atraído por esta tierra. Después de encontrar un mapa donde ubicó la península de Osa, Sarapiquí, el volcán Miravalles y Golfito, de aprenderse los datos históricos del país y de guardar como un tesoro las calcomanías que traían los bananos importados de Costa Rica, todo le pareció insuficiente, escueto, lacónico...

Cuando descubrió que existía una embajada de Costa Rica en Polonia, se puso en contacto con ella. Pronto recibió un sobre con información sobre el país con mapas, tarjetas postales y brochures: “Al fin tenía algo de Costa Rica, además de las calcomanías de los bananos”.

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Boceto.
Así planea el polaco que se vea la publicidad de su sitio web en los buses de su localidad.
Rafal Piechocinski / ParaLA NACIN

Fue cuando decidió contactar a algún tico a través de la embajada, y conocer por fin a alguien del país. Envió entonces tres solicitudes para establecer contacto con personas que quisieran ser amigos por correspondencia. Una de esas peticiones llegó a este diario.

Llegó el cartero. No tiene dudas sobre cuál fue el mejor día de su vida en aquella época. El 29 de agosto de 1992 llegó a su casa, abrió su buzón y vio un sobre con líneas diagonales rojiazules: “¡Estaba recibiendo un sobre, una estampilla y una caligrafía verdadera de Costa Rica (...) En Polonia no existen esos sobres largos con rayitas azules y rojas (típicas de correo aéreo); para mí ese era el sobre más bonito del mundo”.

El número de cartas empezó a crecer hasta que la cifra ascendió a 400 remitentes de todos los puntos del país: desde los barrios josefinos, suburbios pobres de Limón, Tapantí y asentamientos remotos cercanos al kilómetro 29, hasta plantaciones de caña en Alajuela, comunidades olvidadas en Tortuguero, el valle de Sierpe y la isla Chira.

“Todos escribieron cosas tan bellas acerca de Costa Rica... Yo jamás conocí tal devoción por algún país en ningún otro lugar”, expresa fascinado. Llegaron 200 cartas más y, del mismo modo, creció la relación con cada persona a quien él escribió de vuelta.

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“COSTA RICA”
es el título que más veces se repite en su biblioteca.
Rafael Piechocinski / ParaLA NACIN

Ya para 1993, este vecino de la ciudad polaca de Slupsk, al noroeste de la nación europea, pidió permiso para dar charlas en colegios de su país acerca de este pequeño y desconocido país de Centroamérica. Y ya no pudo parar.

En 1994 escogió estudiar geografía para poder dedicarse sin reparos a este, su tema favorito. ¿El título de su tesis? “Turismo e historia de Costa Rica”.

Rafal creó una página electrónica (www.kostaryka.org/2001), para “la gente que quería conocer más de Costa Rica, pero no podía con el costo de un boleto aéreo al país, y solo viaja moviendo sus dedos en el mapa”.

Toda su persona era una agencia itinerante de viajes con un solo destino: nuestro país.

“¿Qué temperatura tiene playa Hermosa en agosto?”, “¿El volcán Tenorio está extinto o sí está activo?”, “¿Es cierto que las ranas arlequín desaparecieron un año después que las ranas doradas?” , “¿Quién hizo un monumento del barrendero en el Parque Central de San José?”... Estas y otras preguntas llegaron hasta el polaco, y él, en completa empatía, despejó, una a una, las dudas de sus interlocutores.

Cuando le preguntan algo que vincula a Costa Rica con negocios o dinero, Rafal prefiere no contestar. Su devoción por el país es hasta paternal: cuida de Tiquicia como si fuera una hija frente a un novio supuestamente inconveniente.

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Rafal Piechocinski / ParaLA NACIN

El viaje soñado. En 1999 llegó el día esperado. Rafal decidió visitar a sus centenares de amigos ¡sí, de Costa Rica! Sendas escalas en Madrid, Miami y un aterrizaje de emergencia prolongaron la espera y exacerbaron sus ansias.

Fue su primer viaje fuera de Europa, su primer viaje en avión, todo era nuevo para él.

Sus amigos polacos, además, le habían advertido que tal vez había sobredimensionado su amor por esta tierra desconocida, y la idea lo turbaba.

Sin embargo –para suerte del europeo–, se equivocaron. Durante su estancia, le encantó el tráfico josefino, le fascinaron las papayas (y tomó litros de litros en refrescos y batidos) y el hecho de que las personas se saludaran en las calles a pesar de que no se conocieran entre sí.

“Me encantaba conocer ancianos en los parques y pedirles información histórica detallada de sus pueblos”, recuerda.

Rafal recorrió las siete provincias y conoció a gran parte de sus amigos por correspondencia. Eso sí, este polaco no siguió las rutas turísticas, pues le parecían sosas en comparación con los lugares remotos que retrataban a Costa Rica con mayor fidelidad.

Se hospedó en casas de ricos y pobres, y en todas se sintió como si estuviera en “un cuento de hadas”.

La adrenalina acumulada del viaje lo impulsó a estudiar castellano y, después de solo tres meses, ya hablaba y escribía bien el idioma, aunque no de manera invicta.

Tras ese primer viaje, ha regresado en tres ocasiones más, y en cada una de ellas ha permanecido aquí cerca de dos meses. Ahora, siempre anda buscando el momento idóneo para regresar a Tiquicia.

Luego de estas aventuras, Rafal estaba convencido de que debía conectar su vida con Costa Rica de manera definitiva y sus estudios le permitieron encauzar toda esta fascinación. En el 2001, se graduó del Centro de Estudios Latinoamericanos en Polonia.

Dos años después, cuando parecía que no había nada más que hacer para probar su amor, se dio a la tarea de abrir un museo de Costa Rica en su país con todos los objetos que había recolectado en sus viajes y los que le habían enviado sus amigos por correo: fotos, tarjetas postales, estampillas, piezas cerámicas, símbolos nacionales, mapas, esculturas, música, vestidos típicos, plantas, tarjetas telefónicas...

Este año publicó un libro de Costa Rica que no posee información turística, sino que más bien enfatiza la parte geográfica y cultural no mostrada por guías comerciales. Revela una parte más subterránea y velada, con fotos de lugares y objetos considerados por la mayoría de las personas como comunes.

Debido a su compulsiva atracción por Costa Rica, sus amigos han ideado una teoría: en otra vida, Rafal fue tico y por ello, su alma lo impulsa a vincularse de nuevo con su otrora tierra natal. El polaco se divierte (y hasta parece ilusionarse) con solo considerar esa posibilidad.

Marcador 2 a 1. “Algo triste ocurrió en febrero del 2006”, se queja. Se refiere a que en el pasado Mundial de Fútbol, Costa Rica y Polonia eran parte de un mismo grupo, y, por lo tanto, rivales en la arena deportiva; un completo triángulo amoroso.

Aprovechó entonces, la oportunidad para despertar el interés por nuestro país en Polonia. Participó en diversos programas de radio y televisión, en donde hasta hizo tamales en vivo.

Inclusive, comentó los tres encuentros deportivos que nuestro país jugó en Alemania, a pesar de tener el corazón dividido.

Sus dedos estaban cruzados por Costa Rica, lo cual no podían entender sus coterráneos. Aún más, luego del balance final en el desempeño de la Selección, también fue incomprendido por muchos ticos. ( Ver “El polaco enamorado”).

Difícil les resultó a otros tantos entender cómo este “tico falso” –como él mismo se define– rechazó jugosas ofertas para vender los derechos de su sitio en Internet sobre Costa Rica. Pero sucede que, para él, su página web es el emblema de sus experiencias, las que a su vez demuestran que su vida ha estado siempre en función de Costa Rica.

Por su obsesión aprendió inglés y un poco de español, para poder comunicarse con sus amigos por correspondencia, fue a la Universidad de Geografía y al Centro de Estudios Centroamericanos para escudriñar hasta el cansancio los 51.100 kilómetros cuadrados del territorio nacional, se instruyó en cómo hacer páginas web para crear el sitio y, en sus palabras, “gracias a Costa Rica, pudo experimentar una vida llena de sentimientos increíbles, pasión y amistades que le han dado una inmensa energía para vivir”.

Sus planes continúan y sus sueños son cada vez más voraces. Quiere mudarse a Costa Rica en unos dos años, tal vez a Puntarenas –su provincia favorita– ( ver “Su lista de favoritos”). Para Rafal, 18 años han sido suficientes para tomar una decisión tan categórica. Como dicen en cuestiones románticas, “amor de lejos…”, así que él ha decidido “perpetuar” su relación.

En este momento, elabora un calendario del 2007 con fotos de Costa Rica, invierte 12 horas diarias en crear documentos para la página web y su proyecto del museo se encuentra en estatus de “prioritario”.

En pocas palabras, el polaco pretende prolongar este cortejo, ya no con la tierra exótica, lejana e indiferente que de niño imaginaba, sino con la certeza de quien conoce profundamente al objeto amado, con sus virtudes y desgracias, “sus sombras y sus brillos”; con toda su ambivalencia.

El polaco enamorado

“¡Ticos, no estén tristes!”

El polaco Rafal C. Piechocinski, escribió un correo electrónico a este diario inmediatamente después de la última derrota de Costa Rica en el pasado Mundial de futbol. Su e-mail pretendía convencer a los ticos de que había razones de sobra para sentirse orgullosos por ser costarricenses y por el desempeño de la Selección. A partir de su mensaje, Proa quiso ponerse en contacto con el “polaco enamorado de Costa Rica” y conocer su historia. Este es un extracto de la traducción de ese correo: “Soy polaco. Sí polaco de Polonia, el país que le ganó a Costa Rica hoy, pero no escribo para expresar mi alegría. Su equipo perdió. Pero quiero decirles cuán orgulloso estoy de su Selección y cuánta alegría me ha dado durante la Copa Mundial. Sí, los ticos han sido mi equipo favorito a pesar del hecho de que soy polaco. Cuando en los juegos vi a los ticos de pie, cantando su himno, me sentí conmovido. Cuando vi la bandera ondear en el estadio, la contemplé como si la estuviera viendo por primera vez. Admito que lloré de los nervios cuando Costa Rica perdió. Aún recibo llamadas de mis amigos diciéndome que mi Costa Rica fue derrotada. Esto me enoja, pero no por eso esconderé la bandera que tengo en mi ventana, porque aún estoy muy orgulloso de Costa Rica. Ahora me iré a la cama porque no puedo soportar los sonidos de alegría en las calles polacas. No se olviden de que ustedes están juntos allá y yo estoy aquí solo. Me siento como un extranjero en tierras extrañas. Nadie puede entender por qué no estoy feliz. Pero ustedes sí me entienden ¿verdad?”

Su lista de favoritos

Cosas que ama de Costa Rica

Especiales. Esta es parte de la lista que Rafal envió sobre las cosas, personajes y lugares que prefiere de Costa Rica. Comida: Tamales.Fruta: Papaya (pero también le gusta mucho el maracuyá, el melón y la guanábana). Postre: Tres leches Lugar en San José: Avenida Segunda.Volcán: Miravalles y Cacao (“el que está a la par del Orosi”, aclara). Presidente: Julio Acosta García.Isla: Bolaños (“en bahía Salinas, cerca la frontera con Nicaragua”).Río: Sixaola.Leyenda tradicional: La Tulevieja. Bebida: La papaya en leche. Parque nacional: Palo Verde y Hitoy-Cerere (Refugio de vida silvestre).Iglesias: El Carmen (San José), San Francisco (San José), San Francisco (Heredia), María Auxiliadora (Cartago) y la de San Isidro de Coronado.Parque municipal: José María Cañas y Don Bosco, en San José; Balvenero Vargas, en Limón, y Héctor Zúñiga, en Liberia.Fechas históricas favoritas: 1869, por ser el año en que Costa Rica tomó control de la isla del Coco, después de los intentos de Chile de hacer lo mismo. Y 1882, cuando Anastasio Alfaro comenzó a excavar en el monumento de Guayabo.Provincia: Puntarenas.





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