José Merino
El lector que soñó meter un gol con el Real Madrid
Diputado del Frente Amplio
Entre los 57 diputados de la Asamblea Legislativa, hay uno que cuando era adolescente devoraba los libros de Pío Baroja prestados por su cuñado y ahora es un lector empedernido; que aprendió de sus padres la buena cocina y ahora es solicitado por su familia para hacer paella, estofados, cocido madrileño o huevos con pisto; que soñaba con meter un gol con el Real Madrid en el estadio Santiago Bernabeu y ahora nunca mejenguea. Se trata de José Merino del Río, el beligerante diputado del partido de izquierda Frente Amplio.
Este hombre de pobladas cejas y cabellera negra con unas canas casi imperceptibles, nació en la España dominada por el general Franco y creció en el barrio Salamanca, en Madrid, junto a cuatro hermanos en el seno de una familia trabajadora, cuyos padres les enseñaron la bondad, la lucha por la justicia y a indignarse frente a una humillación hecha a cualquier ser humano. En su juventud, recorrió con su turba de amigos los cines de su barrio viendo todas las películas de Romy Schneider.
Desde muy joven, su vida se inclinó a la izquierda. “Crecí en un país donde había una dictadura. Era inquieto y sensible, así que es comprensible que me inclinara hacia el antifascismo y la izquierda”, asegura este político con estudios de periodismo, economía y sociología. Recuerda que cuando tenía como 16 años, asistió a una manifestación y quedó muy impresionado al ver cuando la policía golpeaba sin piedad a los participantes.
Tiene 38 años de vivir en Costa Rica; son tantos que ya se considera como tico. Sin dudarlo, dice que el azar fue el que lo hizo echar raíces en el país porque él venía a dispuesto a recorrer América Latina inspirado en las ideas que le sembraron latinoamericanos revolucionarios en Europa.
Sin embargo, Costa Rica le surgió en su destino, ya que tenía un familiar suyo –el hermano Tarcicio– en el colegio La Salle; de esta forma, llegó a nuestra tierra y consiguió trabajo en ese centro educativo como profesor de lengua y literatura.
“Después me quedé e hice una familia”, expresa Merino, quien está casado con Patricia Mora –hija del fallecido líder de izquierda Manuel Mora– y tiene dos hijas de este segundo matrimonio: Alejandra y Maricarmen. Precisamente fue su ideología y lucha las que lo llevaron a encontrar a su actual pareja, pues la conoció cuando integraban diferentes agrupaciones estudiantiles socialistas.
Fue un buen amigo de Manuel Mora, a quien considera como su maestro. De hecho, tiene un libro sobre el fundador del partido comunista llamado Manuel Mora y la democracia .
Merino también es padre de Bruno, fruto de su primer matrimonio con una española llamada Nieves. De hecho, este hijo ya lo convirtió en abuelo de dos niñas.
Muy de cerca
Merino se considera un hombre tranquilo, bueno, inquieto y consecuente con sus valores. Además, dice no andar por la vida cultivando grandes odios o enemigos, sino que opta por una existencia llena de buen humor. ¿Buen humor? “Sí, una de mis características es mi buen humor pero la gente cree que soy muy cabreado –enojado–”, asegura muerto de risa.
Para esta figura pública, el único problema de la política es que le roba tiempo para la lectura: le encanta leer buena literatura, como la creada por Antonio Tabucci, Margarithe Yourcenar, Ernest Hemingway y José Saramago –“uno de los enormes escritores vivos”, dice–. Eso sí, le huye a todo lo catalogado como best- seller , según confiesa.
Actualmente, dos libros se disputan su tiempo libre: Los desnudos y los muertos , del recién fallecido escritor estadounidense Norman Mailer –esta es una relectura– y Estambul , del autor turco Orhan Pamuk. “ Estambul me parece entrañable, lo estoy disfrutando”.
Su biblioteca transformó a un cuarto de mediano tamaño en su casa en barrio Escalante, en un pequeño laberinto repleto de textos, donde se combinan sus pasiones por la literatura, la economía y la política en diferentes épocas. Algunos son viejos compañeros de Merino, según revelan sus páginas amarillentas y sus tapas y bordes gastados.
Son tantos los libros que estos sirven de estante a las pintorescas cajas de habanos, pues, si bien dejó el cigarro, conservó la costumbre de fumarse un puro de cuando en cuando. En este mismo espacio se halla un pequeño dinosaurio dentro de esta época tecnológica: una máquina de escribir Olympia, que aún le sirve para ciertos trabajos.
A este diputado, el tiempo libre también le sirve para ejercer un oficio que le fue heredado por sus padres: el de la buena cocina. A su familia le gusta su cuchara, así que él hace paella, estofados, cocido madrileño fabada, y huevos con pisto, entre otras especialidades. “Mis padres eran grandes cocineros; aún tengo grabada la forma en que echaban las especies y también su punto de cocción”, manifiesta.
Le encanta la música, lo que resulta evidente al ver decenas y decenas de casetes, discos compactos y LP –discos de acetato– en diferentes sitios de su casa. Él se lamenta de no tener aptitudes para la música y se contenta escuchándola cada vez que puede.
Sueños futboleros
Es seguidor del Real Madrid y, hace algún tiempo, se soñaba en medio del abarrotado estadio Santiago Bernabeu aprovechando un remate de Alfredo Di Stefano o Ferenc Puskas –jugadores en los años 50 y 60 de la llamada “mejor delantera del equipo merengue”– y anotando un gol en un partido clave para su conjunto. No obstante, no pasó de ser un aficionado y de amar los deportes colectivos; es más, hace tiempo no va a jugar mejengas.
Su ejercicio físico ahora se limita a caminar y, desde sus últimos exámenes de sangre, evita las comidas altas en grasas para cuidar sus niveles de colesterol y de triglicéridos. “El problema es que todo lo que me gusta hace daño: una buena comida fuerte o el vino tinto”, comenta resignado. Es de los amantes del gallo pinto, pero de los que no les termina de disfrutar del sushi .
Si de viajes a la playa se trata, él se considera un adicto a Puerto Viejo de Limón. Confiesa que las playas guanacastecas son bonitas, pero que no le atrae el descontrolado desarrollo en esa zona.
¿Es un hombre feliz? “Yo estoy bien, tengo una buena vida. El problema de las palabras es que todas están tan devaluadas, sobre todo las del argot político, y lo preocupante es que se devalúen palabras relacionadas con la condición humana: felicidad, dignidad, humillación, coraje, lealtad e igualdad”, responde.
Se considera un tipo sumamente afortunado ya que Costa Rica no solo lo acogió, sino que le dio amor y la posibilidad de desarrollarse, incluso lo ha elegido diputado en dos ocasiones.
“Yo soy tico; me siento costarricense de otro modo. Como decía Constantino Láscaris, esto me permite ver con un ojo más crítico a la sociedad y tener una adhesión al país más fuerte porque es algo que tú lo escogiste”, concluye Merino del Río cuando una llamada telefónica de su secretaria Mónica lo despierta de la tranquilidad de su hogar y le recuerda que tiene muchos compromisos y trabajo por hacer en la Asamblea Legislativa.
Beligerante diputado
En este 2007, José Merino del Río ha sido uno de los más beligerantes opositores al Tratado de Libre Comercio. No solo lo combatió en sus discursos en el plenario legislativo sino en cientos de conferencias, mesas redondas y foros a lo largo del país en los meses previos al referendo. Tras el gane del SÍ en esa elección popular, él dijo que la sociedad costarricense estaba ‘herida, fracturada’ y que se opondría a la aprobación de la agenda de implementación ‘con todas las herramientas democráticas que he usado en mi vida parlamentaria’. Muchos no comparten su posición en algunos temas; aún así es considerado uno de los mejores oradores del Congreso y se le reconoce lo consecuente que es con sus ideas.
FOTOS

Jose Díaz
José Merino del Río tiene 58 años y en los últimos 38, ha vivido en Costa Rica. Aquí se ve en uno de los sillones de su casa, en Barrio Escalante. Jose Díaz

Jose Díaz

Jose Díaz
Este diputado se define como un hombre tranquilo y lleno de pasión por sus ideas. Afirma que trata de conservar su serenidad siempre. Jose Díaz
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