Costa Rica, Domingo 7 de octubre de 2007

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Personaje

Infractora de pies a cabeza

 Gurú. Isabella Blow rebasó el ideal de la editora de moda al verse a sí misma como una pieza artística.

Oscar Ruiz-Schmidt | oruiz@nacion.com

El mundo de la moda perdió a una poderosa fuerza cuando la prestigiosa editora británica de moda, Isabella Blow, murió el pasado 7 de mayo, a los 48 años.

Conocida por su excéntrica personalidad, su poco convencional guardarropa y su inagotable colección de sombreros, Blow fue la editora de moda de la revista Tatler , en Londres, del London Times y de la Vogue británica. Sin embargo, su contribución al mundo de la moda va más allá del espectáculo de su propia apariencia. A su genio se acredita el descubrimiento de las modelos Honor Fraser, Stella Tennant y Sophie Dahl, del fotógrafo Juergen Teller, y de haber puesto en el mapa a los diseñadores internacionales Hussein Chalayan, John Galliano, Julien MacDonald y Alexander McQueen; pero sobre todo a Philip Treacy, cuyos sombreros usaba a diario.

En 1991, Isabella vio la colección de graduación de McQueen en la Central Saint Martins y la adquirió por completo, por la suma 5.000 libras esterlinas. McQueen, quien recibió el pago en módicas cuotas, correspondió a la excentricidad de su promotora enviándole su colección en bolsas de basura. En el 2002, el Victoria and Albert Museum de Londres acogió la exposición Cuando Philip conoció a Isabella , que mostraba una retrospectiva de Treacy con todas las piezas comisionadas por Blow.

 Orígenes

Nacida del matrimonio entre sir Evelyn Delves Broughton y su esposa Helen, en la historia familiar de Issie siempre estuvo el drama. Su abuelo, sir John Delves Broughton, fue acusado del homicidio de lord Eroll, el amante de su esposa en Kenia, del que fue absuelto, para luego cometer suicidio. A los dos años, vio a su hermano morir ahogado (mientras su mamá se ponía lápiz de labios, rojo, según ella misma confirmó en alguna ocasión). Su madre abandonó a su familia cuando ella tenía 14 años.

Al morir su padre, la herencia paso a manos de su madrastra, quien decidió dejarla en la calle. A pesar de las adversidades, Isabella Delves Broughton se las arregló para estudiar secretariado en Oxford. Después se mudó a Londres y tuvo diferentes trabajos, en cuenta el de dependiente en la tienda Medina, en Knightsbridge. Para ese entonces, una carrera en la moda comenzó a tener sentido en su vida.

En 1979 se enrumbó a Nueva York para estudiar Historia del Arte en la Universidad de Columbia, y luego se mudó a Texas con su primer esposo, Nick Taylor, donde trabajó para la afamada firma Guy Laroche. Durante un viaje posterior a Nueva York, conoció a Anna Wintour, quien en ese entonces fungía como directora creativa en Vogue , antes de convertirse en su directora general. Tras una breve conversación, fue contratada como asistente en la prestigiosa revista.

En la misma época, Isabella comenzó a frecuentar The Factory (La Fábrica), el estudio del artista Andy Warhol. Wintour incluso recuerda haber visto al trágico artista Jean Michel Basquiat visitando a Isabella y se cuenta que hasta mantuvieron una relación sentimental.

En 1986, Isabella regresó a Inglaterra contratada por Tatler (parte de la editorial Condé Nast, también dueño de Vogue ).

Tres años después, conoció a su segundo esposo, y 16 días más tarde contrajeron matrimonio. Para su enlace con Detmar Blow, en 1989, Isabella llevó un vestido morado de terciopelo bordado a mano con piedras semipreciosas, un tocado de encaje de oro de Philip Treacy, y zapatos plateados con una punta de más de seis pulgadas creados para ella por el diseñador Manolo Blahnik, casi desconocido entonces.

Isabella usaba la ropa para convertirse a sí misma en una pieza de arte. Llevaba siempre los labios pintados de rojo y le decía a sus asistentes: “Si no usan pintura de labios, no les puedo hablar”. Sobre los sombreros, advertía: “Vestirte sin usar un sombrero es como estar desnudo. Un sombrero es algo erótico y sensual. Lo usas para conseguirte un nuevo esposo, un nuevo novio, o lo que quieras. Es como el ritual de apareamiento entre un gallo y una gallina. A los hombres les encantan los sombreros, porque para desnudarte te lo tienen que quitar. Cualquiera puede usar un sombrero”.

La tendencia a la depresión corría por las venas familiares y Blow no fue excepción. En los últimos años fue víctima de esta enfermedad y, a pesar de sus altos y bajos, se adhirió a la regla básica de todo aspirante a icono cultural: no tener ningún miedo a entrar en una habitación y suscitar cualquier tipo de comentarios.

Mientras la moda pasaba por minimalismo, deconstructivismo, viernes casuales o los pantalones de Juicy Couture , Blow se mantuvo aferrada a sus accesorios, atrincherada dentro de sus corsés y producida a la perfección: mujer al mismo tiempo que artista de performance . En vida dijo: “Un funeral bien hecho es como una boda”. El suyo, tras sufrir de cáncer de ovario y envenenarse con una sustancia para matar mala hierba, se llevó a cabo en la misma iglesia gótica donde se casó 20 años atrás, y su ataúd fue llevado por seis grandiosos caballos con penachos de plumas negras de avestruz en una carroza de cristal y hierro.

Alguna vez dijo: “Es difícil ser una esteta hoy en día; es una vida muy sola”. A pesar de la depresión, su espíritu nunca decayó. Se reía de lo absurdo de la vida aceptando su condición. Sus amigos coinciden en describirla como una verdadera inspiración, una persona noble con un corazón dulce y un espíritu inasible. De lo único que se arrepentía era de no haber tenido hijos. Sus ropas y sus sombreros fueron lo menos fascinante de ella: su posesión verdaderamente extraordinaria fue su mente.

FOTOS

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John Galliano:una temprana revelación de Blow. Archivo

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Alexander McQueen: siempre a la vanguardia, al igual que Blow, su mentora. Archivo

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Única. Blow con un tocado de Phillip Treacy para Alexander McQueen. Stefan Bruggemann, Galería Blow de la Barra para LN.

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Arte. Blow junto al artista costarricense Federico Herrero. Galería Blow de la Barra para LN.

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Givenchy. Julien MacDonald, otra ficha de Blow. Archivo

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