El día que vieron a Chuspa vagar por las calles de Cartago pegando contra todo, supieron al instante que algo malo le pasaba al pobre animal.
La señora que la recogió por compasión solo acató a llamar y llamar, hasta que dio con Débora Portilla, voluntaria en la protección de animales abandonados y discapacitados.
La descripción telefónica que le hizo aquella dama cartaginesa a Débora se quedó muy corta cuando la perrita llegó a sus manos. Chuspa –mezcla de cocker spaniel y french poodle – tenía las mamas a punto de estallar debido a la invasión de tumores, estaba totalmente ciega, desnutrida y sucia. Sus grandes ojos están cubiertos por una nube blanca.
Aun en estas deplorables condiciones, cuando Chuspa sintió una mano cariñosa sobre su pelo blanco y rizado, devolvió el gesto como solo lo podría hacer un animal agradecido por haber sido salvado de la peor tortura.
Crías al por mayor
Chuspa si acaso tiene cinco años de edad. Explorando en su historia, Débora se encontró con que la perrita quedó ciega porque su anterior dueño la tenía metida en un hueco oscuro y frío, pariendo y pariendo crías que luego eran vendidas en la calle.
Esta activista describe a la pequeña Chuspa como una “fábrica de cachorros”.
Una perrita como esta da a luz dos veces al año, entre cuatro y seis crías por parto. Los cachorritos pueden llegar a tener un precio de hasta ¢120.000 en el mercado de mascotas.
Los tumores –que no paran de crecer en sus mamas– son resultado de esa explotación para que pariera perritos de raza sin pausa. Cuando ya Chuspa no pudo más, su dueño la tiró a la calle enferma y casi moribunda.
Así fue como apareció por las calles de Cartago, perdida en su oscuridad y atacada por el dolor que, muy probablemente, le causaban tantos tumores.
Hoy, Chuspa vive en el Santuario de Tres Patas que Débora y su esposo, el artista Francisco Munguía, tienen en Goicoechea, San José. Recientemente, Munguía inauguró en la capital una exposición de esculturas en honor a los perros callejeros.
En ese santuario, Chuspa se ha curado de sus heridas físicas en compañía de otros perros que han corrido una suerte parecida: la mala fortuna de ir a dar a manos de explotadores que no respetan a los animales y los someten a los peores vejámenes.
Según cuenta Débora, ella ha tenido que ver cómo hay gente que esconde en sus patios barracas llenas de perritas.
Su negocio es ponerlas a parir para vender, posteriormente, las crías.
Para que las perras no ladren ni molesten a los vecinos, les tapan el hocico con esparadrapo. Cada vez que les echan algún bocado –en pocas ocasiones, según ha comprobado Portilla–, les quitan el doloroso bozal.
Las meten en sitios oscuros para que no puedan ver –por eso, van perdiendo, poco a poco, la vista–. Estando ciegas, no pueden responder a estímulos visibles que las inciten a ladrar.
En una ocasión, llegó a encontrar varias perritas metidas en un clóset, con sus crías. En otra, el dueño de una perrita de raza la metió en la bañera con ocho cachorros, cubierta solo por papel periódico sucio.
En lugares que no están acondicionados como se debe, las “fábricas de cachorros” no son alimentadas adecuadamente. De hecho, están mal nutridas.
Su piel y el control de vacunas se lleva de una manera que puede poner en riesgo su vida.
En recorridos hechos a partir de denuncias, Débora se ha topado con refrigeradoras llenas de vacunas y medicamentos que, aún vencidos, le son administrados a los animales.
Negocio clandestino
El riesgo de este negocio es muy alto no solo para los animales sino también para los futuros compradores de las crías, pues estas pueden estar enfermas.
Desgraciadamente, hay poco control sobre estas actividades al tratarse de sitios privados que funcionan en la clandestinidad, dice Portilla.
El único camino para salvar a estos animales es educando a quienes compran mascotas, para que eviten adquirir perritos sin contar con la garantía de que fueron obtenidos en criaderos que cumplen con todas las reglas.
Por ejemplo, deben asegurarse de que la compra tiene el respaldo de una constancia de los padres del cachorro, y verificar que un veterinario regente garantiza la salud de la mascota.
Chuspa llegó hace ocho meses al Santuario de Tres Patas. Vive junto a un perro sordo, otro tuerto, y varios sin patas.
Su pronóstico no es muy halagüeño. Cada vez que le extirpan los tumores, otros vuelven a salir.
La nube blanca que cubre lo que alguna vez fueron unos ojos hermosos, no tiene forma de revertirse.
Ciega y enferma, a Chuspa no le queda mucho tiempo de vida.
Sin embargo, ahora la perrita tiene familia y una casa limpia y fresca. Allí morirá seguramente, pero luego de haber sido fugazmente feliz.
FOTOS

Eyleen VargasLa Nación
Chuspa responde con cariño a los cuidados que le da la familia de Débora Portilla. Con cinco años, la perrita fue utilizada por su dueño como una “fábrica de cachorros”. Hasta que quedó ciega e invadida por muchos tumores de mama que hicieron a su propietario lanzarla a la calle. Débora la rescató y ahora la tiene en su Santuario de Tres Patas, en Goicoechea.

Eyleen Vargas
Axel era usado como perro de cuido y de pelea. Cuando Débora lo recogió, luego de recibir una denuncia, pesaba 8 kilos. Hoy, pesa casi 40.
VIDEOS
La Historia de Chuspa, una perrita que luego de ser explotada como fábrica de cachorros durante varios años es abandonada en la calle.
Conozca a Dartañan, una de nuestras historias de perros recuperados de la calle, Casa de Transito de Costa Rica Guau, este perro fue abandonado pero hoy su vida es otra.
Crías están enfermas
Compradores deben estar vigilantes
Imagine: su hijo quiere un cachorrito y usted le cumple el deseo. Lo lleva a una veterinaria y le compra un perro. ¿¢80.000, ¢100.000? Todo depende de la raza.
De repente, a los pocos meses, el animal empieza a enfermar y los costos de la curación estremecen su presupuesto familiar. La muerte del animal está a la vuelta de la esquina. ¿Qué puede hacer usted?
En la mayoría de los casos, nada. Los reclamos están muy lejos de ser posibles, porque muchas personas compran el animal sin poner la atención necesaria para asegurarse de que su adquisicón tiene garantía.
Una información importante que se debe tener a mano cuando se compra un cachorro, es la constancia del vendedor sobre los padres de la cría. Lo ideal sería visitar el criadero de donde salió.
Tener esa constancia en mano, la tarjeta de vacunas firmada por el veterinario regente del local donde compró el cachorro y la factura timbrada de la venta, le darán a usted más elementos para plantear un eventual reclamo.
Usted debe comprar animales vacunados. La tarjeta de vacunas debe estar firmada por el veterinario regente, quien se hace responsable del animal que está comprando.
No es recomendable comprar los animales que venden en las calles pues, en la mayoría de los casos, los vendedores no pueden garantizar la salud del cachorro.
Cuando el animalito es hijo de una perra explotada en un criadero en mal estado, puede presentar enfermedades que reducirán su expectativa de vida. Además, mientras más hijos tenga una perrita sin posibilidad de cruces, hay más riesgo de que sus cachorros nazcan con problemas.
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