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Costa Rica, Domingo 11 de octubre de 2009

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Informe especial

El miedo atracó en Limón

 No solo es el temor a las balas de una pandilla o al puñal de un ladrón. En Limón, el peor de los miedos atracó hace años: es la resistencia de la gente a creer en su potencial para prosperar sin las mafias, las huelgas y la desidia estatal. ¿Se puede poner fin a esa historia?

Ángela Ávalos R. | aavalos@nacion.com

Está a la pura entrada de Limón, frente a Envaco. Al barrio lo bautizaron como La Atlántida, y el nombre le cayó como anillo al dedo.

Tal y como le sucedió a su tocaya (la misteriosa ciudad perdida bajo el mar), el barrio La Atlántida parece estar perdido entre sus calles inexistentes, las casas de interés social sembradas a la fuerza junto a los rieles del ferrocarril, y las lagunas verdosas y malolientes que forran sus suelos después de cada aguacero o de una de las crecidas de su vecino, el río Limoncito.

Jóvenes descamisados, con su torso blanco, negro o mulato al aire, pululan por las callejuelas en horas en que deberían estar en la escuela o el colegio.

Dicen que aquellos tres, sentados a la espera de quién sabe qué cosa en la parada del bus, hablan perfecto inglés. Lo aprendieron de tanto andar con turistas extranjeros.

Uno de ellos sostiene un cigarro en su mano. Los demás, “enjachan” (miran mal) a los extraños que entran en sus dominios.

Pero este barrio perdido entre calles inexistentes, casas de pobres y lagunas insalubres, también tiene gente que lucha y trabaja para no dejar caer a sus hijos hasta el fondo del barranco, como le ha sucedido a muchos de sus vecinos.

Ahí vive Jessenia Marín, quien acaba de cumplir 18 años y es una de las 300 estudiantes de la Escuela de Música de Limón.

Está tratando de inyectar su afición por la música y el baile a algunos de sus jóvenes vecinos y formar un grupo comunal.

Su propósito: hacer de la música el epicentro de un terremoto cultural que derribe las malas compañías, la falta de oportunidades y la tentación por la droga de muchos de sus congéneres.

“Es cierto que este es un barrio terrible. Hay mucha delincuencia y cuesta que entre la policía. Los niños están a expensas de las drogas. Yo estoy haciendo un grupo de baile para mantener a estos chiquillos lo más alejados de esos peligros”, contó la joven, quien aspira, algún día, llegar a ser psicóloga infantil.

Provincia olvidada

El barrio de Jessenia Marín –llamado por sus propios habitantes como ‘el barrio perdido de Limón’–, refleja muchos de los problemas que azotan a las comunidades más pobres de la provincia caribeña.

Los mismos muchachos descamisados a deshoras que se ven en La Atlántida se pueden encontrar en Limón 2000 o en La Sole, en Siquirres. También el mismo problema de las aguas empozadas y las calles destruidas.

Son escenas desperdigadas por gran parte de los 9.188 kilómetros cuadrados de extensión de la región atlántica.

Limón es una zona donde, a pesar de estas dificultades, hay personas como Jessenia deseando trabajar para espantar el miedo que se ha adueñado de tierras y almas.

No es gratuito que hasta el mismo presidente Óscar Arias haya dicho que “Limón ha sido la provincia olvidada del país”.

Una ojeada a su historia muestra la crudeza de cómo, primero, Limón fue dejado a la suerte de las compañías bananeras y los industriales del ferrocarril.

Más recientemente y ante un Estado ausente, la provincia ha permanecido en manos de una junta de administración portuaria, a la cual le encargaron su desarrollo económico.

A 46 años de la fundación de Japdeva, el actual presidente ejecutivo, Francisco Jiménez, reconoce que la tarea les quedó grande. Es obvio que el desarrollo no ha llegado aún a la provincia.

Para la historiadora de la Universidad de Costa Rica (UCR), Patricia Fumero, Limón nunca ha sido considerado parte integral del país desde su misma formación como ciudad.

“Limón se empieza a poblar a partir del enclave bananero, en el siglo XIX, más vinculada al capital extranjero que al nacional. La provincia no quedó dentro del discurso nacional de que los costarricenses son blancos, católicos y cafetaleros. Desde esa misma formación discursiva, los limonenses quedaron excluidos”, explicó Fumero.

Tal exclusión se fue acentuando con el paso de los años, muy a pesar de que Limón, en algún momento de su pasado, logró alcanzar metas importantes.

Por ejemplo, fue la cuarta ciudad del mundo con luz eléctrica, y ostentó las tasas más altas de alfabetización durante los años 60.

Carencias “inaceptables”

La realidad hoy es totalmente distinta a la de aquellos tiempos.

Los registros del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ubican a los seis cantones de la provincia en posiciones de desarrollo humano intermedias y bajas.

El índice de desarrollo humano (IDH) revisa variables como estado de salud (esperanza de vida), educación (tasa de alfabetización) y nivel de vida (producto interno bruto per cápita).

El último estudio realizado por el PNUD corresponde al período entre 1992 y el 2007.

En esos 15 años, el cantón central de Limón, que en desarrollo humano ocupaba posiciones entre los lugares 30 y 40, bajó hasta el lugar 71, en el 2007.

El cantón de Talamanca siempre ocupó el último puesto entre los 81 cantones de todo al país durante ese período.

Muy probablemente el descenso para el cantón central de Limón tenga que ver con una reducción en el ingreso y un aumento en la deserción estudiantil, sobre todo colegial.

Para el 2005, Limón estaba entre los cantones “debilitados”. Es probable que, para finales de este año, cuando el PNUD divulgue su informe, Limón se ubique en la clasificación de “rezagado”, pronóstico Lara Blanco, investigadora del Programa.

“Limón tiene carencias inaceptables”, dijo la especialista, quien informó que Naciones Unidas desarrolla varios proyectos para sacar adelante a esta provincia. Entre ellos, hay uno sobre prevención de riesgos en Talamanca, otro para fortalecer la capacidad de planificación a nivel local, y uno sobre seguridad.

Las preocupaciones

¿Qué pasa cuando una población vive sin oportunidades, ostentando el dudoso honor de ocupar siempre los últimos lugares en el desarrollo de un país?

La ministra de Salud y coordinadora del sector social del gobierno, María Luisa Ávila, reconoce que “la pobreza y la falta de oportunidades son el caldo de cultivo para que crezca la violencia. “La influencia de personas de otras latitudes también contribuye, lo mismo que la pérdida de valores, donde se posiciona el tener dinero de manera rápida y fácil y no por la vía deseable del estudio y el trabajo decente”.

Con palabras menos complejas, Alex Collins, pescador de Cieneguita –uno de los barrios más conflictivos del cantón central de Limón–, resume así su diario vivir: “No tengo casa. Debo dar de comer a cuatro hijos y mi esposa los debe ir a dejar y a recoger de la escuela porque le da miedo que los pegue una bala de las pandillas”.

En Cieneguita, como en muchas otras comunidades de esta provincia, los lugareños están abocados a encontrar trabajo y a cuidar a sus familias de la droga y la delincuencia, lacras que se han adueñado de las barriadas más populosas.

A Alex, de 45 años, le decomisaron su lancha hace varias semanas. Lo dejaron trabajando a media máquina, como también lo hicieron con Eduardo Parkins, otro pescador de Cieneguita, de 44 años y con seis hijos.

Collins dice que él y otros “pagaron por los pecadores”. Y los que cometieron el pecado son, para él, quienes utilizan las lanchas para trasegar droga y pescar ilegalmente en el mar.

Estos pescadores de Cieneguita piden empleo y demandan seguridad. También las reclaman el cortador de banano en la finca La Estrella, el drogadicto de Siquirres, y Enrique, el legendario vendedor de patí, en el cantón central de Limón.

En el Gran Caribe, como ahora le llaman, el desempleo afecta al 6,3% de su población contra el 4,9% del promedio nacional, según datos del 2008 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Esto es particularmente problemático en una zona donde más del 30% de la población tiene 15 años de edad o menos.

El grueso de los limonenses son personas económicamente productivas, con posibilidades de trabajar, pero sin oportunidades de empleo.

Brechas

En esta provincia –habitada por casi medio millón de rostros diferentes que forman un crisol de culturas distintas y dialectos ancestrales–, abundan los recursos humanos y naturales, pero –contradictoriamente– también se afrontan grandes carencias. Números que ha trabajado el Estado de la nación dan cuenta de lo anterior.

Durante el período que va del 2001 al 2007, la escolaridad promedio de los limonenses de 15 años o más se ha mantenido como la más baja del país.

En el 2001, en promedio, los limonenses apenas sacaban el sexto grado de la escuela. Por el contrario, los habitantes del Valle Central, en promedio, llegaban hasta octavo año. En el resto del país, la escolaridad promedio era de 7,6 años.

Para el 2007, el número de años de estudio en Limón apenas subió a 6,9 (casi sétimo año del colegio), mientras la población joven del Valle Central registraba una escolaridad promedio cercana al noveno año de secundaria.

En cuanto a la pobreza, para el 2008 esta afectaba al 25% de la población limonense (más de 107.000 habitantes). Además, el 5% de su gente (es decir, más de 21.000 personas) vivía en pobreza extrema.

El director del Estado de la nación, Miguel Gutiérrez Saxe, lo resume así: “En Limón hay muy pocas oportunidades asociadas a acciones estratégicas. Lo que se ha hecho hasta ahora no ha significado un cambio importante que le traiga oportunidades a la gente”. Este ha sido un territorio usualmente abandonado desde la colonia. No ha habido una presencia importante de la modernidad”, agregó Gutiérrez.

Dos testigos

Tan negro es el negro Mclean que parece azul. Lleva 72 años de vivir en Siquirres. El mismo tiempo de andar por estos caminos de Dios.

Sus ojos, con un aro azul alrededor de sus pupilas, han sido testigos de un cambio que, según su dueño, “no ha sido nada bueno”.

Para él, no es necesario fijarse en anuarios estadísticos; basta con confiar en lo que sus ojos le han mostrado en sus largos años de vida.

El negro Mclean pertenece a las viejas generaciones de siquirreños que trabajaron en plantaciones bananeras y en el ferrocarril, y que ahora ven transformarse a su cantón con poca esperanza por el futuro y más nostalgia por lo que fue.

“Esto era como ver Pacuarito. Un pueblito que no tenía mucha gente. Allá (y señala hacia el fondo de la vieja estación) quedaba la casa del chino. Antes, todo lo manejaba la Northern (una de las compañías bananeras que trabajó en Limón hace varias décadas) pero todo se lo llevó. No quedó nada, nada.

“Aquí el Estado no se ve por ninguna parte. ¡Hubiera venido el lunes para que viera el basurero de la Municipalidad!”, contó mientras su bicicleta lo esperaba para hacer el viaje de regreso a casa.

Mclean solo se atreve a salir en bicicleta de día. Atravesar la línea férrea pasadas las 7 de la noche por el área de bares y cantinas es todo un riesgo que prefiere no correr. “¡Claro que me da miedo!”, comentó, enseñando los dientes blancos todavía bien plantados en sus encías rosadas.

El negro Mclean es muy crítico de la labor de su municipalidad. Tanto como lo es Fernando El Chino Prado, un florense que se convirtió en el zapatero de Siquirres porque el destino así lo tenía escrito. Prado reclama el poco interés del gobierno local en el desarrollo del cantón.

Apenas se cruza la calle desde la vieja estación de Siquirres, donde está ubicada la zapatería de Fernando, cualquiera puede tener una muestra de lo que dicen El Chino y El Negro .

El edificio de la alcaldía es esquinero y su pinta deja mucho qué desear. El 30 de setiembre, no había nadie en las oficinas, pues dijeron que “había fiesta”.

Lo que sí había en las afueras del municipio era un caño profundo, lleno de aguas verdes y malolientes. Al lado, un supuesto parque central del cual todo el mundo habla mal porque cortaron la inmensa veranera que les dio sombra por muchos años.

Además de la desidia municipal que salta a la vista en el caño con aguas estancadas, el zapatero de la estación del tren también se queja por la presencia cada vez más alarmante de la droga.

“Los grandes de la droga se vinieron para acá, sabiendo que Siquirres es el centro de la zona Atlántica. Y se quedaron para hacer de las suyas”.

La inseguridad

La sensación de inseguridad la percibe no solo el zapatero de Siquirres, sino Rodrigo Alberto Guevara, el joven técnico de laboratorio que trabaja en La Rita de Guápiles, y María López, selladora de bananos en la finca La Estrella.

No son solo asaltos a mano armada o drogadictos intimidando a jóvenes, niños y adultos, camino a casa o a sus trabajos.

A finales de diciembre del 2007, la muerte de Rolando Augusto Smith West, dio inicio a una ola de criminalidad sin precedentes en el cantón central de Limón.

Asesinatos cometidos usando, incluso, ametralladoras AK-47 obligaron a las autoridades –Ministerio de Seguridad, Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y Ministerio Público–, a intervenir con más fuerza en toda la zona.

Ya el Ministerio de Seguridad lo había venido haciendo con anterioridad, mediante un operativo que recibió más críticas que aplausos, llamado “Limón 100 días” (julio a setiembre del 2008). Los limonenses opinaron que no bastaba con 100 días de intervención policial para acabar con problemas que requerían de abordajes más radicales.

Antes de eso, Seguridad también había intervenido con el operativo “Caribe Seguro” (enero-julio 2008), y más tarde lo hizo con “Seguridad Zona Atlántica” (octubre-noviembre del 2008).

Tales operativos, en los que el Estado invirtió más de ¢1.500 millones entre el 2007 y el 2008, han sacado a la luz la magnitud de la violencia que se vive en Limón.

Según la ministra de Seguridad, Janina Del Vecchio, la cantidad de delitos no es ni más ni menos que los registrados en el resto del país. Sin embargo, la saña con la que se llevan a cabo llama la atención y preocupa.

Entre el 2006 y el 2009, la Fuerza Pública decomisó 875 armas de fuego. Los seis cantones de la provincia, además, fueron escenario de 37 homicidos culposos en el 2008 y de 29 asesinatos en lo que va del 2009.

Solo en decomisos de droga, se han investigado 2.200 casos entre mayo del 2006 y el 25 de setiembre pasado.

En ese período, se han incautado más de 87.000 kilos de cocaína, 639.000 dosis de crack , 200.000 kilos de heroína y 12.000 kilos de picadura de marihuana. En suma, más de 140.000 personas han debido ir a dar explicaciones a la justicia sobre sus actos.

Esto es solo parte de la política de “mano dura” aplicada por la policía. Sin embargo, desde el lado de Seguridad, la ministra Del Vecchio aseguró que está listo un Programa Integral de Seguridad en Limón, que fue presentado al ministerio de la Presidencia.

“Será un plan de seguridad como política de Estado en Limón, que se engarza con el Plan Nacional de Seguridad. Pretendemos reunir en Limón al Consejo Nacional de Seguridad, integrado por los ministros de la Presidencia, Seguridad y Justicia”, aseveró la ministra.

“Con todo este trabajo policial y con una fiscalía que le ha dicho a Limón ‘aquí no hay miedo’ a pesar de las amenazas a fiscales y jueces y los sobornos que recibe la policía en Limón, le estamos mostrando a la provincia que no está sola. Limón no está solo”, aseguró Del Vecchio.

El fiscal adjunto de Limón, Celso Gamboa, apenas se acaba de estrenar en su puesto. Asumió en junio. A pesar de las amenazas contra su propia vida por su labor contra las pandillas locales, Gamboa tiene esperanza en rescatar a la provincia.

“Limón no es una provincia fallida. Los problemas son muy puntuales y para las situaciones de emergencia hemos tenido que aplicar medidas de emergencia”, manifestó el fiscal.

Dichas medidas de emergencia no se han hecho esperar. Al cierre de esta edición, el jueves, habían transcurrido casi 50 días sin que se produjera un solo crimen entre pandillas. En agosto, incluso, el cantón central se convirtió en el más seguro del país, aseguró Gamboa.

Varios líderes de pandillas han sido “sacados de circulación”: los metieron a las cárceles de Limón y Guápiles, que por cierto ya no dan abasto.

Las capturas recientes han tenido que ir a parar a las prisiones de San José.

“Tenemos que proteger la vida de los limonenses primero. Segundo, acabar con el tráfico de drogas y, tercero, con la corrupción. No es posible que el limonense vea estas situaciones como normales y las siga tolerando”.

“No hay duda, dijo Gamboa, que el desempleo, el difícil acceso a la vivienda y a verdaderas oportunidades de estudio, generan una tensión donde un grupo importante de jóvenes se ve implicado manifestando un comportamiento nocivo”.

Mano estatal

Decíamos antes que, históricamente, el Estado se ha mantenido lejano y ausente de esta rica provincia. También, que el mismo presidente de la República ha reiterado que Limón no volverá a ser “la provincia olvidada”.

Las recientes intervenciones de las diferentes autoridades de seguridad prometen mantenerse allí el tiempo que sea necesario.

Será no solo para “aplicar medidas de emergencia a situaciones de emergencia”, sino para aplacar para siempre el clima de inseguridad y de miedo que se respira en esa vasta zona.

En este esfuerzo han contado con el apoyo de una parte del sector empresarial presente en la provincia.

Los bananeros han colaborado con $0,3 por caja de banano exportada, con lo que lograron reunir $3 millones el año pasado para reforzar la vigilancia policial con patrullas y equipos.

En diciembre del 2007, el gobierno anunció un financiamiento de $80 millones, proveniente del Banco Mundial para el proyecto Limón Ciudad-Puerto.

Dicen los limonenses que el proyecto suena más al cumplimiento de una promesa política. Un compromiso de campaña electoral hecho por el actual mandatario, Óscar Arias.

Lo cierto es que, hoy, Limón escucha nuevas promesas de progreso y oportunidades, que no dejan de recibir una reacción de esperanza, sorpresa e incredulidad entre pobladores acostumbrados a ver que aquí casi todo queda “a medio palo”.

Ana Grace Mclean, coordinadora de la Unidad Técnica Ejecutora del proyecto, asegura que esta inyección de dinero le permitirá a la provincia respirar nuevos aires. Algunos lo consideran apenas un maquillaje, casi a punto de lustre de pastel. Un maquillaje que ayudará a poner más presentable el rostro del principal cantón de la provincia.

Entre muchas otras obras –alrededor de 27– que se tienen planeadas, esos dineros servirán para la remodelación del parque Vargas y la canalización de aguas en barrios como Limoncito, afectados por las inundaciones.

En total, $64 millones se usarán en la restauración de edificios históricos como el de Correos y la Casa de la Cultura; y en la creación de un parque recreativo en los patios de Incofer.

En declaraciones al semanario El Financiero , Marco Vargas, ministro de Coordinación Interinstitucional del actual gobierno, explicó que las primeras obras se iniciarán en el primer trimestre del 2010.

El secretario de prensa y relaciones públicas del Sindicato de Trabajadores de Japdeva (Sintrajap), Leroy Pérez, confirmó la aprobación del proyecto por parte de este grupo sindical.

“Limón Ciudad-Puerto es una pequeña parte de la enorme factura que le deben a Limón. Esto podría dar algún resultado. Ojalá sirva para que empecemos a hacer algo mejor entre todos. El proyecto es apenas un maquillaje, pero nos ayudará a que nos vean mejor desde afuera”, dijo Pérez.

Miguel Gutiérrez Saxe también ve a este proyecto como una oportunidad.

“Es un gran desafío lograr que este programa de $80 millones se encadene a la provincia, generando el desarrollo que tanto necesita”, dijo.

Habrá que ver...

Roena Brown, comerciante de 49 años originaria de Barra del Colorado, vive desde muy pequeña en el cantón central de Limón. Se vino desde su pueblo natal porque allá, dijo, las oportunidades eran aún muchas menos que en la ciudad.

Hoy, su restaurante es uno de los más apetecidos a la hora del almuerzo, sobre todo por los funcionarios públicos limonenses.

Con él, ha logrado criar a sus tres hijos y amasar un pequeño capital que le permite vivir tranquila.

Roena, con su traje africano, quiere llamar la atención sobre las oportunidades que tiene su provincia. Ella confía en que Limón saldrá adelante, por el bien de todos. “Lo que más nos preocupa como comerciantes, como padres y como limonenses, es la violencia y la inseguridad. También la impunidad de los delincuentes. Limón lo que necesita es desarrollo”.

Como comerciante, confía en que el proyecto de Limón Ciudad-Puerto le inyecte ese dinamismo que tanto necesita su provincia. “Limón ha cambiado mucho en los últimos meses. Ahora, vemos más vigilancia y seguridad. Al limonense también le falta más creatividad y preocupación por su provincia, porque también es cierto que podemos mejorar a Limón con nuestros propios esfuerzos”.

FOTOS

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    Jorge Castillo

    “No soy feliz, pero estoy bien”, dijo José Briceño, de 31 años. Vive en Siquirres, donde vende collares para mantenerse, pues no trabaja.

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    Las fuentes más seguras de trabajo son las plantaciones bananeras y, más recientemente, la piña, el Estado y la actividad comercial.

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    Los patios del ferrocarril serán acondicionados y mejorados con dineros provenientes del proyecto Limón Ciudad-Puerto.

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    Por los muelles de Moín y Limón sale el 90% de la producción nacional. El grueso de las exportaciones va a los mercados estadounidense y europeo.

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    Un trabajador de la finca La Estrella, en Siquirres, cumple con su jornada.

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    Alex Collins es un pescador de 45 años. Tiene cuatro hijos y carece de casa propia. Vive en Cieneguita. Aquí, pesando varias macarelas.

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    Un edificio de arquitectura tradicional antillana, que da albergue a la zona comercial. Está ubicado a un costado del parque Vargas.

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    Gilbert Reid acostumbra leer todas las mañañas el periódico en el tajamar. Para él, uno de los problemas de la provincia es la falta de empleo.

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300 limonenses asisten a conservatorio

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Música como antídoto

300 limonenses asisten a conservatorio

Aquel jueves, el primero del mes de octubre, el gimnasio Eddy Bermúdez vibraba. Dentro, decenas de muchachos y muchachas de todas las edades, colores y procedencias, mostraban lo mejor de su baile, su canto y su talento artístico. No era más que una de las fases regionales del Festival Estudiantil Nacional de las Artes. Pero para Limón y sus jóvenes, actividades como esta lo son todo. El profesor de música Óscar Mora Chinchilla, cartaginés con 18 años de vivir en Limón, es el coordinador regional de Música del Ministerio de Educación Pública (MEP). Ese jueves, estaba que no cabía en sí de la alegría porque –dijo– varios de los muchachos que participaron en ese festival fueron sacados de las calles, donde la amenaza de la droga y la delincuencia es cosa de todos los días. Óscar saca pecho cuando ve que la mayoría de sus pupilos se sienten atraídos por la música que han puesto a disposición de ellos como imán gigante para despegarlos de las pandillas, la deserción colegial y las drogas. Rita Díaz López también es educadora. Esta limonense dirige la escuela de música de Limón, el principal antídoto por el cual muchos educadores están apostando contra la delincuencia juvenil. Desde hace dos años, cuenta Rita, empezó a funcionar un conservatorio para formar a los jóvenes en la parte artística. “Tomamos lo bueno que tiene Limón, que es el ritmo y su gente, y le quitamos los jóvenes a las sectas que se han estado formando. Estamos cortando con eso”, dijo Rita. El conservatorio funciona en un local contiguo al gimnasio limonense. Ese primer jueves de octubre, estaba lleno de jóvenes inquietos. Unos, con su trompeta, otros, cerca de los pianos. Jóvenes alegres, activos, estudiantes todos, de los barrios más pobres de Limón.Hay muchas historias en esta escuela de música. Destaca la de una joven de 15 años porque ella –a quien le protegeremos la identidad–, con ayuda de un clarinete, logró salir de la prostitución. Hoy, es una de las mejores alumnas del conservatorio. Los jóvenes músicos provienen de Siquirres, Santa Rosa, La Bomba… son los barrios más vulnerables de la provincia. “Un músico más es un delincuente menos en Limón”, afirma Rita al contar que tiene unos 300 estudiantes de toda la provincia, y hay una lista de espera larga para ingresar.

Pobreza de su familia no lo dejó estudiar

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Sueño entre bananales

Pobreza de su familia no lo dejó estudiar

El 23 de octubre, Jonathan Sandí Mejías cumplirá 25 años de edad. Vive en La Lucha, una comunidad cercana a la finca bananera La Estrella, en San Alberto de Siquirres.Su mayor sueño es aprender a leer y escribir. No lo pudo hacer de pequeño porque el escaso ingreso de sus padres no les permitió dar esa oportunidad ni a él ni a ninguno de sus siete hermanos. Jonathan esconcheroen la finca La Estrella. Su responsabilidad consiste en cargar en sus hombros racimos de banano que llegan a pesar, cada uno, hasta 25 kilogramos. Lo hace con ayuda de una almohadilla a la que llamanconcha. Este muchacho quiere estudiar para convertirse algún día en médico, pero está consciente de que allí las oportunidades son escasas. Para él, además de la delincuencia y la drogadicción, el mayor problema de Limón es la falta de oportunidades para el estudio.

El hospital lucha contra delincuencia

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Violencia todos los días

El hospital lucha contra delincuencia

En el hospital Tony Facio de Limón, se atiende un caso diario debido a la violencia en las calles de la provincia. El médico Daver Vidal, director de ese centro de salud, dice que las causas más comunes de ingreso a Emergencias son traumas violentos causados por heridas con arma blanca, armas de fuego, accidentes de tránsito y, recientemente, guerras entre pandillas. El hospital también se ha convertido en víctima de la actual ola de violencia. Sus propios funcionarios han sido asaltados y hasta amenazados de muerte. Según contó Vidal, una de las últimas afectadas con esta situación fue una enfermera, que cayó víctima de una de las balas de una ráfaga de ametralladora en el conocido bar Bombi. “Posiblemente, la enfermera pierda una pierna. Ella estaba allí, tranquila, y entraron con una ametralladora volando bala”, comentó Vidal.Pero el centro médico no pierde las esperanzas de que todo esto cambie. “Queremos una población saludable en todo sentido”, agregó.

Limón debería seguir este ejemplo

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Desde las cenizas

Limón debería seguir este ejemplo

Así como su negocio depatíse levantó de las cenizas, menos de un mes después del incendio que intentó acabar con el esfuerzo de toda una vida, Enrique Moore Moody espera que su Limón natal salga adelante, en contra de todos los pronósticos. La evidencia que diariamente encuentra a su paso no le habla nada bien del futuro que le podría esperar a su provincia. “El cambio en estos 70 años ha sido para mal. Antes, yo salía a cualquier hora a caminar. Ahora, me meto temprano en la casa porque anda mucha gente haciendo cosas malas afuera”.“Lo que más jodido tiene esto es la droga. Antes, en mi tiempo, con costos se fumaba marihuana. Yo rezo por mis hijos para que ellos no agarren el camino del mal”.El 29 de agosto, todo el negocio se le quemó a Enrique. Solo quedaron en pie las paredes. Hoy, lo ha vuelto a llenar de clientes mientras en su cocina 13 mujeres preparan la deliciosa mezcla.Se trata de 13 familias que dependen del salario que les paga Enrique para sobrevivir, lo cual explica por qué este pequeño comerciante hizo su máximo esfuerzo por volver a poner a flote su negocio. Además, en su ciudad no hay otras oportunidades de trabajo para gente mayor, como él y su esposa. De modo que había pocas opciones: su negocio tenía que resurgir. ¿Podrá Limón copiar este ejemplo?

Este zapatero lleva 35 años de vivir ahí

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Se quedó en Siquirres

Este zapatero lleva 35 años de vivir ahí

‘El Chino’ nació en Heredia pero lleva 35 años de vivir en el centro de Siquirres. “Iba a irme en un barco mercante, que salía de Limón, pero me bajé del tren a tomarme unos traguitos y, cuando me iba a subir, el tren se había ido. Me quedé y me quedé y aquí estoy”, contó el dueño de la Clínica del Calzado, donde “solo se fía a personas mayores de 100 años que vengan con sus papás”. Desde su mesa de zapatero tiene una vista envidiable de uno de los sectores más importantes de este cantón, otrora centro de la producción bananera y de la actividad ferrocarrilera. Sus ojos achinados han visto pasar de todo en estos 35 años. “Aquí vino a parar mucha gente. La transformación para mal ha sido una cuestión muy rápida de los últimos años”, contó con sus manos llenas de pegamento amarillo. “Yo no le veo mucha esperanza a Siquirres. Empezando porque las personas de los municipios no se preocupan por el progreso. Lo que les interesa son las compañías bananeras”, dijo el zapatero.

“Dispara sin asco…”

Pandilleros cantan contra la autoridad

Quienes los han visto y oído cuentan que en las noches, a la orilla de la playa de Cieneguita, grupos de jóvenes solitarios se reúnen a consumir droga mientras bailan y cantan con una mezcla de ritmos afrocaribeños y de dance hall. Las letras de sus canciones están dirigidas a acabar con quienes representan la ley en la zona y contra las pandillas enemigas: “Andan que matan, dispara sin asco…” Los policías ya están enterados de su existencia. Al ritmo se le llama Pasa pasa , y en él se mezcla la música afrocaribeña con bailes exóticos, que incitan a la violencia entre pandillas y al sexo sin freno.“Prácticas de diversión se han venido expandiendo en Cieneguita: reuniones a la luz de la luna, con droga, licor, revueltos menores con adultos. Son bandas de dominicanos, haitianos, colombianos. Hacen una contaminación muy mala en muchachos que ni estudian ni trabajan en Limón”, manifestó la ministra de Seguridad, Janina Del Vecchio. Recientemente, jóvenes ajenos a estos grupos delictivos han empezado a usar el Pasa pasa como antídoto contra la delincuencia. Para ello, reemplazan las letras originales por cantos que llaman a la búsqueda de la paz y de valores positivos.

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