San José, Costa Rica, del 3 al 10 de octubre del 2004.







































Reina de la cocina

  • Tía Florita logró, a los 77 años de edad, graduarse como chef gastronómica

    Rónald Díaz V.

    rdiaz@nacion.com

    Pocos saben que su verdadero nombre es Flora Sobrado Rothe. Para la gente que la ve por televisión, o para quienes simplemente la reconocen en la calle, ella es Tía Florita.

    Y es entendible que así sea pues su rostro está ligado a la pantalla chica desde 1974, cuando por primera vez preparó una receta frente a las cámaras de televisión.

    Fue la no menos popular Inés Sánchez de Revuelta quien la llamó para que le ayudara temporalmente en su espacio Teleclub, que entonces se transmitía por Canal 6.
    “ Yo no tenía ninguna experiencia en televisión, pero al tercer día Inés me dejó sola y tuve que despedir yo misma el programa”, recuerda Tía Florita.

    Tres meses después, con la inauguración de Canal 11, vino la oportunidad de tener un programa propio y fue así como nació Cocinando con Tía Florita.

    El nombre surgió luego de varias propuestas y al final se impuso el criterio de utilizar el apelativo de “tía” con que se le conocía en la familia.

    Lo demás... es historia.

    Hoy día, Cocinando con Tía Florita es una empresa familiar en donde también laboran sus dos hijos, Roberto y Carlos, y la esposa de este último, Viviana Muñoz.

    Además cuentan con un personal conformado por dos secretarias, una asistente, y dos choferes.

    El espacio se graba en su propia casa de habitación en donde Tía Florita construyó tres set televisivos especialmente acondicionados para el programa.

    Las sesiones de trabajo abarcan los episodios de toda la semana, el día martes, de 9 de la mañana a 6 de la tarde.

    Pero bueno, contado así suena como muy fácil brincarse tres décadas de arduo trabajo y experiencias acumuladas.

    Por eso, para descubrir el secreto detrás del éxito de Cocinando con Tía Florita, es necesario conocer un poco de la personalidad de la mujer que convirtió la cocina, en un trono digno de una reina.

    “ Arlene Lutz y yo le dimos estatus a la cocina”, dice ella en referencia a una época cuando quienes laboraban en estos menesteres eran vistos por debajo del hombro.

    Arlene Lutz, amiga de Tía Florita también tuvo un espacio similar llamado La hora de Arlene.

    Para Tía Florita ese mito de que la cocina era el peor oficio se derrumbó y ahora es una profesión respetada y hasta apetecida por muchos hombres.

    De armas tomar

    Desde el instante en que Tía Florita accedió a tener un programa en al televisión, ella se propuso hacer las cosas bien.

    Atrás había quedado la niña rebelde criada en una finca guanacasteca, y la adolescente despreocupada a quien tenían a mecate corto en el colegio de Sión.

    Su matrimonio a los 19 años de edad, y su entrada a la maternidad un año después, gestaron un cambio radical en su comportamiento. Desde entonces, afloró en ella el firme carácter heredado de su madre Luz Rothe, de ascendencia alemana y la vocación trabajadora de su padre Federico Sobrado, hijo de españoles.

    “Soy tremendamente perfeccionista y molesto mucho a la gente que trabaja conmigo”, dice sin reservas, con la certeza de que esa ha sido en parte la clave de su éxito. Constancia y esfuerzo fueron los pilares sobre los cuales Tía Florita forjó su destino.

    Ella no tuvo la oportunidad de estudiar y la vida social de su desaparecido esposo, Max Echandi, la metió de lleno en los asuntos culinarios.

    “El orgullo mío era no servir nunca la misma cosa”, rememora, y añade un detalle importante.

    “ Tuve el orden de escribir absolutamente todas las recetas”. Esa información –20 colecciones en total– le serviría de base para sus programas de televisión y los 14 libros de cocina que ya lleva editados en el país.
    Según ella, también influyó el hecho de que siempre utilizó ingredientes que se pueden conseguir en cualquier supermercado, lo que aprecian mucho los televidentes y lectores.

    Superación constante

    Algo digno de resaltar de la personalidad de Tía Florita es su espíritu de superación.

    Para ella descubrir el talento que uno posee y estudiar para perfeccionarlo debe ser un mandato de vida.
    Por eso, a los 77 años de edad logró certificarse, nacional e internacionalmente, como chef instructora gastronómica.

    Ella lo cuenta con orgullo, pues su deseo de superación ha sido constante y le preocupa, y hasta le molesta, la forma cómo muchos jóvenes ven con desprecio a los adultos mayores.

    También cuestiona la dedicación laboral de muchas personas hoy en día y por eso es firme y exigente con sus empleados.

    “ Es un cambio de dinero por trabajo”, explica sobre la relación que tiene con sus colaboradores.

    Reconoce que a veces se excede, pero nunca con exabruptos.

    Le preguntamos que hasta cuando piensa seguir Cocinando con Tía Florita y nos dice que mientras tenga fuerzas y salud seguirá adelante con el espacio.
    A ella le gusta ser productiva y por eso prefiere mantenerse activa en sus proyectos.

    Su poco tiempo libre lo disfruta con su familia, en especial con sus tres bisnietos, a quienes recibe en su casa los lunes para pasar un buen rato con ellos. También gusta de ir a restaurantes los domingos.
    Así es Tía Florita, una mujer autoritaria, pero que tiene la virtud de ser directa y consecuente, cualidades nada despreciables en este tiempo.

    Esa sinceridad le permite reconocer que la vida le ha sonreído muchas veces, y por eso acepta que “algo” ha tenido de suerte.

    Y es que como dice Tía Florita con esa habitual forma de llamar a las cosas por su nombre, sin andarse con muchos rodeos: “Hay gente que nace con estrella y gente que nace estrellada”.


    Como en receta

    Si se pudiera fabricar a una persona con ingredientes, esta sería la receta de Tía Florita.

    Ingredientes: Una mujer, constancia, esfuerzo, trabajo, firmeza, creatividad.

    Preparación: Tome a la mujer y agréguele generosas dosis de constancia y esfuerzo. Luego vaya agregando la firmeza y el trabajo en partes iguales durante 30 años. Hágalo con creatividad, ¡y listo!.



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