
|
En el campo de la producción audiovisual, es paradójica
esta obsesiva imitación de realidades cada vez más “genuinas” mediante
métodos cada vez más artificiales. Este es el caso
de Historia Virtual, documental transmitido recientemente por
Discovery Channel.
Los productores de este espacio hacen uso de una técnica
de generación de imagen digital para traer a la vida a
cuatro de los personajes clave de la Segunda Guerra Mundial.
Adolfo Hitler, Teodoro Roosevelt, Winston Churchill y José Stalin
son llamados en el siglo XXI para actuar frente a cámaras
ante las que nunca posaron el 20 de julio de 1944. La trama principal
del programa es el intento de asesinato de Hitler, en una enmarañada
tela que involucra traiciones, suspenso e intrigas internacionales.
Los productores utilizaron actores sobre cuyas caras “sobrescribieron” los
rasgos de los mandatarios de la época. Además sobrepusieron
una serie de efectos y de filtros a la imagen para dar la sensación
de que se trata de un documento audiovisual antiguo.
Más allá de la mera curiosidad tecnológica,
la experiencia de Historia Virtual condimenta el debate sobre
la vigencia y función de la imagen fotográfica
en el mundo de la cultura digital.
La premisa básica en la discusión es que un conjunto
de avances tecnológicos (tecnología digital) socava
una forma tradicional de representación visual (imagen
fotográfica), y de alguna manera cambia la manera como
los perceptores de imágenes entendemos el mundo. La fotografía “tradicional”,
ya sea mediante la cámara de imágenes fijas o la
cámara de cine o video, requiere un estar ahí.
El observar un documento fotográfico significa el hecho
de que alguien efectivamente estuvo presente en el lugar de los
hechos relatados.
Mediante la incorporación de la tecnología de las
computadoras en la fabricación de imágenes, actualmente
es posible recrear eventos de cualquier índole más
allá de las limitaciones físicas o temporales de
un fotógrafo. Esto podría atizar la duda y la polémica
en cuanto a la credibilidad de las imágenes documentales
alteradas digitalmente en pantalla.
La línea divisoria entre las “realidades” y
las ficciones, palpablemente se difuminan cada vez más.