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Hija de la irreverencia

Húmeda criatura de la noche, la última "Kasandra" recupera el derecho al abstencionismo, la reflexión, la ironía, la burla, el desconsuelo, el ocio, el plagio...

María Montero
Redactora de La Nación

La Kasandra es una niña peligrosa; una Lolita del pensamiento crítico costarricense. Con apenas 11 números, es una amante regular del contrasentido y las utopías.

Desde sus primeras ediciones se veía claramente esa inclinación desbocada por urgar en la herida. Hoy, con un nuevo cumpleaños encima, sigue rodando con el fantasma de la incertidumbre sobre su futuro (y el nuestro).

Más que una conveniente publicación semestral dedicada a la reflexión cultural, Kasandra es una declaración de intenciones (con algunas tentaciones) en modo impositivo: despabílese, tóquese, piense, ríase, no se tome las cosas tan en serio.

Sus editores no se quedan atrás, aunque la `niña' les lleve ventaja: ellos saben de sobra que varias cabezas piensan mejor que una, y, salvo la del filósofo Jorge Jiménez -quien llegó a autoproclamarse su editor vitalicio- la Kasandra está rodeada de un consejo colectivo-rotativo, que se arma por convocatoria o cuando la modorra cerebral ya es inaguantable.

La fiesta de presentación de su último número será mañana, a las 8 p. m., en el Teatro Giratablas.

Entre sus sorpresas, el número 11 de Kasandra incluye un dossier electoral, con dedicación exclusiva a la época que se avecina, bajo el lema: Politizar el abstencionismo.

Disidente y pagana, por dicha

El recibimiento de sus primeras páginas dice así: "Queridos amiguitos y amiguitas: una vez más declaramos solemnemente que todo el contenido de esta revista es absolutamente imaginario. Esta es una revista de ficción gótica y si por casualidad algún personaje de la vida real se sintiese insultado, en realidad que le dé gracias a Dios porque la verdad ni habíamos pensado en eso. Recuerden que nosotros ponemos las imágenes y ustedes todos sus traumas y neurosis".

Y así por el estilo. Aunque en Kasandra nada está escrito (y menos el estilo).

Desde su nacimiento, en 1989, su nombre ha sido el aura anticipada de su destino. Para los `no entendidos' (entre los cuales se incluye esta redactora) aquí va la historia: en la mitología griega, Casandra era hija de Ecuba y Príamo. Apolo se enamora de ella y le da el don de la profecía; pero al rechazar ella las propuestas de Apolo, queda condenada a profetizar cosas que nadie creerá.

Y justamente. "La idea de la derrota; la lucidez de la anormalidad. Hemos apostado a eso, porque hay un espacio de sentido en todo ese sinsentido. Jodemos con el ánimo de hacer reflexión, porque ironía, reflexión y creatividad van juntas. Nuestro espíritu es muy puntual: no queremos salvar a nadie ni organizar ningún movimiento. La revista es una provocación", explica Jorge Jiménez.

Semestralmente se editan mil ejemplares de Kasandra, que se van como pan caliente entre el incierto sector que la consume (especialmente jóvenes) y los que se van al extranjero. Como su espíritu lo permite, quienes quieran darle a su derrota un poco de dignidad, en vez de echarse a dormir pueden colaborar con los próximos números de Kasandra, al teléfono 280-0161 o escribiéndole a Jorge Jiménez a la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica. También pueden visitar su página en Internet: http://WWW.DDS.NL/~NOTICIAS/PRENSA/KASANDRA.

El pelón de Kasandra

Para presentar el último ejemplar de la revista (Nº11), cuya portada es un cuadro de Priscila Aguirre titulado Húmeda criatura de la noche, se ha organizado una fiesta en el Teatro Giratablas, mañana jueves a las 8 de la noche. Habrá de todo lo prometido, para que los allegados celebren -de paso- este verano electoral: comparsas de abstencionistas, mejengas antielectorales, caravanas de indiferentes, papeletas vudú, peregrinaciones de despistados, huelgas de gula, y más. No se la pierdan, la entrada es gratuita.


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