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Crítica de Danza


Mariamalia Pendones

Humor y entrega

"Cualquier historia natural". Coreografía de Carlos Ovares, Compañía de Danza UNA, Teatro Fanal, II Temporada de Arte Alternativo

Carlos Ovares, merecededor de galardones de coreografía en el extranjero y del Premio Aquileo Echeverria 1994, presentó nuevamente su obra Cualquier historia natural, esta vez asumiendo el reto de dirigir la compañía Danza UNA.

Vale la pena, antes de seguir adelante, mencionar el trabajo de dicha compañía de jóvenes bailarines en este espectáculo: pulcro, preciso, con una técnica simple y concisa de gran limpieza y fuerza, con gran proyección dramática y de movimiento; además, con una convicción y una entrega que percibe el espectador a través de toda la presentación.

El espectáculo se divide en cuatro coreografías: Cuerpos escupidos (sic), Melancolía, La señora del té y Derribos. La primera es una pieza mínima en su uso del espacio y repetición de movimientos: una pareja en ropa interior protagoniza un minidrama frente al público (según el programa de mano, esta pareja se encuentra sentada frente al televisor). María Jesús Picher y Erick Jiménez nos ofrecen una entretenida interpretación, con gran soltura y desenfado, mezclando el histrionismo con el dominio corporal. Aunque no queda muy clara la transición de los personajes entre su identificaron con las imágenes supuestas de la televisión y el encuentro con su realidad y la domesticidad de la pareja, la pieza abunda en imaginativos momentos seductores.

En Cuerpos escupidos se introduce además un elemento escaso en la mayoría de las producciones artísticas de este país (no solo de la danza): el humor. Los personajes escupen en esta coreografia con tanta gracia, que hasta el spray de su saliva parece obedecer a los bailarines en su ritmo y cadencia.

La frescura que se logra en esta pieza se pierde en la siguiente pieza, Melancolía: aquí, el lugar común es más visible, y la novedad que se había anunciado en Cuerpos escupidos cede a una coreografía más convencional, con movimientos muy manoseados de la danza moderna. Por otro lado, se disfruta de la fluidez con la que Zoila Alvarado ejecuta estos movimientos.

La tercera pieza, La señora del té, es el plato fuerte del espectáculo. Con un ritmo trepidante, esta pieza ofrece a Karol Marenco, como la señora de rojo, una oportunidad para desarrollar, con frenesí, un trabajo realmente sorprendente por lo histriónico, controlado y exuberante al mismo tiempo. Las demás bailarinas, Morales, Fournier y Campos, destacan también en su soltura y su proyección.

Aparte de su síntesis dramática y desarrollo de personajes y exploración de movimiento, esta coreografía hace un uso extensivo del espacio, explotándolo tridimensionalmente, cosa que suena a perogrullada, pero que no siempre logran los coreógrafos nacionales. Una vez más, Ovares acierta grandemente con el fino sentido del humor que tiene esta obra.

Finalmente, en Derribos, a pesar del buen desempeño de Oscar Córdoba y Carlos Soto y de un lenguaje de movimiento interesante, se vuelve a transitar por los caminos más comunes de la danza contemporánea en nuestro país: lo críptico y lo indescifrable nos embargan en su hálito de pesadumbrez y seriedad.

No obstante, Cualquier historia natural está lleno de aciertos contundentes y delinea un estilo que este coreógrafo puede ser capaz de desarrollar con el tiempo. Ese estilo se deriva de su experiencia profesional con el teatro y su habilidad de teatralizar el movimiento, así como de su capacidad de síntesis dramática. La utilización acertada del humor aparta a Ovares inmediatamente del género de coreógrafos predicadores y pesados como el plomo.

Finalmente, es obvia la química y el entusiasmo que es capaz de desarrollar Ovares con el elenco de Danza UNA: el espectáculo está cargado de convicción y de energía positiva que transpiran los bailarines, entregados totalmente a lo que hacen sobre el escenario.


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