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Marinero en esta tierra


La vida del fundador de San Vito de Java podría resumirse como una gran historia de amor


Carlos Porras
Para La Nación

Sobre aquellos valientes que se fueron a abrir montaña a lo largo y ancho de la geografía nacional, sobre su lucha por arrebatarle a la selva virgen un espacio para la agricultura, podrían contarse cientos de historias, pero pocas serían tan románticas e insólitas como las del Comandante Vito Sansonetti.

La historia de don Vito es, fundamentalmente, una historia de amor; o más bien de amores. Fue un gran enamorado del mar que aprendió a amar la tierra; un gran enamorado de su país, que llegó a ser patriota de dos patrias.

Don Vito fue un soldado, un marino, un empresario, agricultor y filántropo; un luchador y un romántico siempre devoto de los dos grandes amores de su vida: Olivia Tinoco y la comunidad de San Vito de Java.

Nació en Roma en 1916. Como hijo de Almirante, su mayor deseo era vivir surcando los mares y, con apenas 22 años, se embarcó en el crucero Duque d'Aosta, el cual, luego de una breve participación en la Guerra Civil Española, cruzó el Pacífico hasta llegar a Balboa, en Panamá.

Fue en un baile, organizado en honor de los oficiales de la marina italiana, que el joven militar conoció a la costarricense Olivia Tinoco.

Ella había sido invitada por su tía, Alicia Castro -esposa del presidente Belisario Porras- a pasar una temporada en Panamá.

Fue un amor a primera vista. Al día siguiente el barco zarpó rumbo norte, Olivia se quedó en Costa Rica. La Segunda Guerra Mundial había estallado y los marineros debían regresar a Italia.

Los jóvenes se escribieron durante siete años y al final se casaron sin haberse visto ni una sola vez durante ese tiempo.

Su hijo Luigi declara: "Mi papá estaba fascinado por una tica y cuando vino al país quedó fascinado con la naturaleza tica".

Gran proyecto

Al terminar la II Guerra Mundial, la marina italiana quedó muy reducida y, en vista de que se había casado con una costarricense, Don Vito tomó la determinación de abandonar la carrera a la que quería dedicar su vida y, en su lugar, echar raíces en la tierra de su esposa.

Así nació entonces un insólito proyecto de colonización: poblar con inmigrantes italianos el territorio de Coto Brus, al sur de nuestro país, que entonces era prácticamente selva virgen.

Y lo más insólito del proyecto fue que tuvo éxito. Luego de años de luchas y milagros, entre los que se destaca el haber abierto una pista de aterrizaje en medio de la selva para trasportar materiales de construcción por aire, hoy San Vito de Java es una comunidad próspera y productiva.

El mayor orgullo de don Vito, según cuenta su hijo Luigi, fue que en la larga lucha por fundar y desarrollar San Vito, los colonos italianos y costarricenses trabajaron con ahinco de sol a sol y vieron premiados sus esfuerzos, años después, con magníficos resultados económicos en sus empresas.

El carácter amigable de los italianos fue fundamental para relacionarse con los ticos. Hoy, casi 50 años después de la fundación, hay decenas de matrimonios entre ticos e italianos.

Además, don Vito vio con satisfacción que de las 10.000 hectáreas que entregó el gobierno, solo 3.000 fueron adjudicadas a italianos, mientras que las siete mil restantes beneficiaron a colonos costarricenses.

El espíritu creativo y tenaz de don Vito lo llevó a fundar empresas agrícolas y comerciales, así como instituciones culturales y de beneficencia. Su espíritu emprendedor y aventurero no sabía rendirse ante los obstáculos, que siempre logró superar gracias a su espíritu de lucha.

Lucha final

La última lucha de don Vito fue contra una leucemia que necesitó dos años para vencerlo. Según su expresa voluntad, sus restos descansarán en el cementerio de San Vito, a la sombra de cuatro enormes árboles que él, en vida, deseó que no cortaran nunca.

Sobre su tumba, construida por él mismo y en la que desde hace 10 años reposa su amada Olivia, don Vito mandó colocar un ancla.

Pronto colocarán la lápida, en la que solo dirá "Vito Sansonetti. Marinaio d'Italia".

Ella había sido invitada por su tía, Alicia Castro -esposa del presidente Belisario Porras-, a pasar una temporada en Panamá.

Fue un amor a primera vista. Al día siguiente el barco zarpó rumbo norte, Olivia se quedó en Costa Rica. La Segunda Guerra Mundial había estallado y los marineros debían regresar a Italia.

Los jóvenes se escribieron durante siete años y al final se casaron sin haberse visto ni una sola vez durante ese tiempo.

Su hijo Luigi declara: "Mi papá estaba fascinado por una tica y cuando vino al país quedó fascinado con la naturaleza tica".

Gran proyecto

Al terminar la II Guerra Mundial, la marina italiana quedó muy reducida y, en vista de que se había casado con una costarricense, Don Vito tomó la determinación de abandonar la carrera a la que quería dedicar su vida y, en su lugar, echar raíces en la tierra de su esposa.

Así nació entonces un insólito proyecto de colonización: poblar con inmigrantes italianos el territorio de Coto Brus, al sur de nuestro país, que entonces era prácticamente selva virgen.

Y lo más insólito del proyecto fue que tuvo éxito. Luego de años de luchas y milagros, entre los que se destaca el haber abierto una pista de aterrizaje en medio de la selva para trasportar materiales de construcción por aire, hoy San Vito de Java es una comunidad próspera y productiva.

El mayor orgullo de don Vito, según cuenta su hijo Luigi, fue que en la larga lucha por fundar y desarrollar San Vito, los colonos italianos y costarricenses trabajaron con ahínco de sol a sol y vieron premiados sus esfuerzos, años después, con magníficos resultados económicos en sus empresas.

El carácter amigable de los italianos fue fundamental para relacionarse con los ticos. Hoy, casi 50 años después de la fundación, hay decenas de matrimonios entre ticos e italianos.

Además, don Vito vio con satisfacción que de las 10.000 hectáreas que entregó el gobierno, solo 3.000 fueron adjudicadas a italianos, mientras que las siete mil restantes beneficiaron a colonos costarricenses.

El espíritu creativo y tenaz de don Vito lo llevó a fundar empresas agrícolas y comerciales, así como instituciones culturales y de beneficencia. Su espíritu emprendedor y aventurero no sabía rendirse ante los obstáculos, que siempre logró superar gracias a su espíritu de lucha.

Lucha final

La última lucha de don Vito fue contra una leucemia que necesitó dos años para vencerlo. Según su expresa voluntad, sus restos descansarán en el cementerio de San Vito, a la sombra de cuatro enormes árboles que él, en vida, deseó que no cortaran nunca.

Sobre su tumba, construida por él mismo y en la que desde hace 10 años reposa su amada Olivia, don Vito mandó colocar un ancla.

Pronto colocarán la lápida, en la que solo dirá "Vito Sansonetti. Marinaio d'Italia".


Vocación de trabajo

Emprendedor, disciplinado y firme creyente en los valores éticos de los individuos, Vito Sansonetti fue un empresario muy activo durante toda su vida.

"Tenía una gran sensibilidad para el desarrollo de la economía agrícola", dijo Franco Micieli de Viase, embajador de Italia en Costa Rica, quien opinó que ese fue uno de sus grandes logros después del desarrollo de San Vito.

Sansonetti contribuyó a la modernización agraria con su empresa Saturnia S. A., la cual fundó en 1961. Según expresó Luigi Sansonetti, esa sociedad se dedicó a importar maquinaria agrícola italiana.

Las máquinas eran novedosas porque eran de doble tracción; es decir, más apta para las zonas quebradas del país.

Además, el Comandante fue socio fundador y primer presidente de la Cámara de Industria y Comercio Italo Costarricense.

Siempre interesado en promover y fortalecer las relaciones culturales entre costarricenses e italianos, fue presidente durante 10 años de la Asociación Cultural Dante Alighieri.

En 1984 fundó el Centro Cultural Italo Costarricense Dante Alighieri en San Vito y creó un programa de becas que lleva a los mejores alumnos de ese centro a Italia.

Otra de las obras que registra su nombre como apoderado generalísimo es la Comunidad Encuentro, que se encarga de recibir a jóvenes y niños con problemas de adicción, según comentó su hijo.

En sus negocios privados, el italiano tenía plantaciones de café y banano.

Enamorado del mar, don Vito fue uno de los grandes promotores del deporte de vela y presidente de la Asociación Costarricense de Vela.

Para el embajador italiano, Sansonetti fue siempre un luchador al cual no le importó poner dinero de su propia bolsa para el desarrollo de diferentes proyectos.

"Cada uno es embajador de su país con su contribución a Costa Rica. Sansonetti fue uno de los grandes", expresó.


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