Hambre de hombres
Con su obra Hombres en escabeche, Ana Istarú obtuvo el XIX Premio Hermanos Machado
Camila Schumacher
Para la actriz, poeta y dramaturga Ana Istarú, España siempre ha sido un talismán. Ahora, su obra Hombres en escabeche, obtuvo el primer lugar en la decimonovena edición del certamen Hermanos Machado, organizado por el Ayuntamiento de Sevilla.
La obra que, como parte del premio, va a ser publicada y difundida por la colección Compás, podrá ser vista, en nuestro país, a principios de julio, cuando el Teatro de la Esquina la ponga en cartelera. En esa ocasión, Istarú y Marco Martín serán los protagonistas.
Recuperándose aún de la sorpresa y la emoción que le trajo el veredicto, Istarú conversó con Viva sobre esta, su nueva producción.
-¿Qué gusto tienen los Hombres en escabeche?
- Es un sabor entre dulce y amargo, la idea de Hombres en escabeche es en realidad mostrar cómo la fallida relación de amor de una hija con su padre marca su relación amorosa con el resto de los hombres.
"Y es que las mujeres partimos de una infinita desventaja con respecto a los varones. En la inmensa mayoría de los casos, la dosis de afecto, atención y comprensión que recibe un niño de parte de su madre, es mucho mayor que la que recibe una niña de parte de su padre. "El padre es, generalmente, una imagen emocionalmente ausente, incluso sencillamente negativa y, tratar de decir algo tan doloroso en comedia es el objetivo de la obra.
"A la vez quise aprovechar este recorrido por la vida amorosa de una mujer para hablar de cómo vamos percibiendo nuestro propio cuerpo, nuestra sexualidad, las normas morales que se nos imponen y, en una forma jocosa, ir poniendo en evidencia la lógica imposible de ese doble mensaje que recibimos las mujeres en el que se pretende que seamos unas vírgenes con pasado o que seamos puras y castas y, al mismo tiempo, nos desempeñemos olímpicamente en la cama.
"Eso fue lo que me propuse: darle un revolcón a los estereotipos sin condenar a nadie, reducirlos al absurdo, poner en evidencia su ridiculez y, también, por supuesto, hablar de sexo".
- En sus obras el humor y el amor siempre hacen buena pareja ¿Por qué?
- El humor, de alguna manera es casi el impuesto para mí. No puedo optar, por el momento, por otra cosa, si mi objetivo es vivir y trabajar el teatro en una sociedad tan pequeña como la nuestra en la que los teatros independientes se mantienen a base de comedias; tengo que alcanzar el difícil equilibrio de hacer una obra de pretensión artística con una posición ideológica pero que, también, tenga éxito comercial.
"De hecho, en Costa Rica se ha dicho mucho y con toda razón, que mientras no haya una dramaturgia tica no habrá un movimiento teatral completo y yo escribo esta obra en un momento de gran crisis del teatro, en el cual lo que priva son los montajes comerciales de ínfima calidad y sin ningún rigor, ni actoral, ni de texto, ni de puesta; porque pienso que la solución no es ignorar o eliminar el teatro comercial sino invadirlo con textos en los que la gente pueda identificarse y reflexionar sin dejar de llenar las salas".
- Escribir poesía o escribir teatro ¿son ámbitos, para usted, tan distantes y distintos como la gente cree?
- Para escribir teatro, venir de las tablas ayuda montones. Es como si la actividad teatral generara la necesidad del texto. "La narrativa tiene unas leyes tan completamente diferentes que si no se ha tenido una formación como director o se ha trabajado como actor, difícilmente va a entender cómo construir la arquitectura de una obra teatral.
"La poesía y la magia están en las acciones y en las situaciones: En el teatro no es el lenguaje el protagonista sino otra cosa. "Entonces son como dos escritoras las que existen en mí y lo único que las une es esa obsesión de estar hablando sobre la sexualidad y el estigma de ser mujer en una sociedad patriarcal; a partir del cuerpo porque es el cuerpo el que te condena: tanto en la maternidad, en la sexualidad, en todo".
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