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San José, Costa Rica. Miércoles 1 de agosto, 2001










Verde agonía

Costa Rica puede presenciar la extinción de otra especie vegetal antes de que los científicos logren conocerla completamente


Guiselly Mora

En Colonia Puntarenas, Upala, hay un árbol como cualquier otro: un tronco de 8 metros de alto y una copa de escasas hojas con ramas como brazos en eterna plegaria, abiertas al sol. Sin embargo, este árbol, bautizado Gamanthera herrerae, se diferencia del resto porque es, aparentemente, el único que queda de su especie.

Además:
  • Hoja de vida
  • A pesar de su impresionante currículum, este árbol, familia de las lauráceas, está a punto de extinguirse y nuestros hijos ni siquiera lo conocerán. Aparte de este, ningún otro ejemplar ha sido hallado en los alrededores de Upala, y tampoco en otra parte de Costa Rica u otro país.

    En su lucha por sobrevivir, el árbol utiliza todos los recursos aprendidos de la madre naturaleza a lo largo de miles de millones de años de evolución. "Produce grandes cantidades de flores, señal de que trata de asegurar la existencia. No obstante, muy pocos frutos han llegado a alcanzar la madurez", explica el botánico Eduardo Lépiz, del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBIO).

    En pie de lucha

    Una señal más de su batalla contra la extinción es la forma como reacciona ante la amenaza de las feroces hormigas: periódicamente, bota las ramas afectadas y presenta brotes muy notorios en la base del tronco.

    Para Lépiz, otro aspecto importante es el grave estado de salud del árbol, por lo que posiblemente no viva mucho más: "Sufre demasiados problemas. Sabiamente, hace una autopoda y bota ramas para no dañar el resto del tronco, pero está perdiendo copa y, por lo tanto, área de fotosíntesis".

    La ubicación del Gamanthera también es una amenaza para su supervivencia. La finca donde está plantado colinda con una zona de asentamientos del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), donde los pobladores acostumbran utilizar leña para cocinar.

    Ciencia infructuosa

    Ante la imposibilidad de reproducirse de manera natural, la mano del hombre apareció en escena para intervenir con sus conocimientos, mas los trabajos han sido en vano y, en este momento, las esperanzas de duplicar al último ejemplar del Gamanthera herrerae están cifradas en una semilla y unos recortes de hoja.

    "Queremos formar células porque a partir de ellas podríamos formar nuevos individuos", explica Rosaura Romero Chacón, coordinadora de biotecnología vegetal del INBIO.

    Según Romero, desde el instituto han tratado de realizar varias reproducciones in vitro; no obstante, la presencia de hongos no lo permite.

    "Intentamos con todo lo que está a nuestro alcance: semillas, yemas, hojas, con varios tipos de tejidos del árbol, pero el problema es la presencia de una terrible contaminación por hongos", explica Romero.

    La fe es lo último que se pierde, y árbol y botánicos trabajan en equipo para salvar la especie de lo que parece una inminente extinción. La lucha del árbol contra las hormigas la realiza solo pues los especialistas creen que, si intervienen, podrían perjudicar la planta.

    Lépiz asegura que las hormigas atacan en forma natural porque están en convivencia con él e ignoran si, al matarlas, estarían destruyendo alguna relación particular entre el árbol y la hormiga, debido al desconocimiento que existe sobre aquel vegetal.

    Encuentro tardío

    El Gamanthera herrerae fue descubierto en 1982 por el colector Gerardo Herrera mientras efectuaba una gira por Upala. A lo largo de su carrera, el técnico ha desarrollado agudeza visual para identificar plantas, y notó que aquella era una especie diferente de las conocidas.

    El biólogo encontró el árbol cerca de la margen del río Chimurria. Según él, "tenía el olor característico de los aguacates y los frutos esféricos como trompitos". Además, observó que las hojas estaban ligeramente rojizas, "mecanismo de defensa utilizado por los aguacatillos contra sus enemigos, los insectos y masticadores", señala Herrera.

    En 1991, la especie fue incluida en los anales del Jardín Botánico de Misuri. Este la reconoció como una variedad nueva y endémica (que crece en un sitio específico). Pertenece a la familia de los aguacates, no es comestible (como sí lo es el aguacate común), pero es rico alimento para los quetzales.

    En siete giras realizadas por los funcionarios del INBIO, desde finales del 2000, tanto alrededor como en sitios más alejados del árbol, no encontraron otros ejemplares.

    El resto de los árboles –hermanos de este aguacatillo–, desaparecieron probablemente, según los expertos consultados, por el cambio en el uso del suelo para agricultura, ganadería o reforestación.

    De su paso por la Tierra, solamente queda una cita de tres renglones en el libro Guía de campo de las familias y géneros de las plantas del noreste de Sudamérica, de Alwyn H. Gentry, botánico estadounidense que lo mencionó en la página 496 de su obra a fin de dejar una referencia para aquellas personas que encuentren un ejemplar similar en otra parte del continente.


    Hoja de vida

  • El árbol Gamanthera herrerae debe el nombre herrerae a su descubridor, Gerardo Herrera.

  • Es de la familia de las lauráceas (aguacates). No es longeva como los robles de altura, que pueden llegar a vivir cientos de años. El Gamanthera vive unos 50 años.

  • En su estado físico actual forma una V pues está divido desde la base.

  • El fruto o aguacatillo es muy duro; mide un poco más de dos centímetros y es ligeramente rojizo.



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