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San José, Costa Rica. Martes 12 de junio, 2001








Notas Espectáculos:


El vacío del feliz Crespi

Figuras del medio lamentan la muerte de Luis Fernando Crespi. Aún no saben que sucederá con Sábado Feliz


Ana María Parra y Victor Fernández
aparra@nacion.com
vfernandez@nacion.com

La muerte del animador y locutor Luis Fernando Crespi fue como una ironía: él dio alegría a muchos televidentes el sábado pasado, y un día después fue motivo de duelo para la farándula nacional.

Crespi, que había vuelto a la televisión con el programa Sábado Feliz, de canal 7, falleció el domingo pasado cerca de las 8:30 p. m. de un infarto, en su casa de habitación ubicada en La Sabana. Tenía 55 años.

Nelson Hoffman, productor de Sábado feliz y colega de Crespi por muchos años, aseguró que el animador salió muy satisfecho por el programa que hizo el sábado pasado.

"Al final del programa Luis estaba muy contento, porque lo dio todo y regaló montones de premios. Creo que fue un regalo de Dios el que su última aparición fuera un éxito", aseguró Hoffman.

Sobre el futuro de Sábado feliz y el vacío dejado por Crespi, comentó que la noticia de su fallecimiento fue tan sorpresiva que todavía no se han tomado decisiones al respecto.

La también animadora Sylvia Blanco comentó que Crespi se fue con la satisfacción de haberse dado por completo al público. "Luis era feliz dándole sano entretenimiento a la gente. Fue un gran amigo y en estos momentos nos estaría diciendo que, pese a las malas noticias, el show debe continuar".

Blanco recordó que Crespi estaba muy emocionado por su regreso a la televisión en Sábado feliz, después de varios años fuera de las pantallas. "Él amó lo que hizo y en la televisión fue donde se realizó. Luis creía que no importaba ser reconocido, sino querido y, aunque su muerte es un golpe muy fuerte, siempre lo recordaremos sonriendo al decir "¡Qué tal familia!'".

Hombre de varias caras

El rostro, la voz y su "¡qué tal familia!" domaron el territorio de la popularidad en la televisión y la radio nacional. Sin embargo, Luis Fernando Crespi destacó en la farándula nacional por ser un hombre versátil: no se conformó por pasar sólo como animador, fue también cantante.

Con el tema Creo, que diera a conocer el mexicano Alberto Vásquez en la década del 60, a Crespi se le oía en las radios locales en 1989. También había grabado con La Banda la canción Uno de tantos.

Estaba escrito que Luis Fernando Crespi llegara y se quedara hasta el final en la televisión

Como administrador de empresas que era, en la década de los 80 Crespi trabajó en Polymer United como encargado de autorizar las partidas para el patrocinio del programa de televisión Noches millonarias, de Canal 4. En este asunto de dar y recibir Crespi amasó una amistad con Carlos Alberto Patiño, cabeza del programa.

Así se fue cocinando la idea de que Crespi ingresara a la televisión, y lo hizo en 1985, precisamente, en Hoy a las 9, también en Canal 4. Llevaba apenas unos meses trabajando en la pantalla chica cuando Patiño murió y a Crespi le tocó apechugar: tuvo que hacerse cargo del espacio Noches Millonarias.

"Lo primero que dije es que no era mi intención sustituir lo insustituible. Ese día logré bastante éxito, el cual conservo hasta la fecha", había declaro Crespi a La Nación en setiembre de 1987.

Y aquello fue como una promesa. Fue el conductor de Superfabuloso, en el canal 4, que a finales de los 80 logró el primer lugar en las listas de popularidad de programas en vivo.

Cuando Crespi asumió Noches millonarias la crítica de la prensa lo favoreció, los medios aseguraron que había logrado "despatiñizar" el programa.

Con su voz profunda, su forma pausada pero enérgica de hablar y su tino para captar nuevos públicos en aquellos años, alimentaron la figura de Crespi como uno de los animadores ticos de más fuerza.

Construyó así una carrera de 21 años como animador y locutor de radio y televisión.

Participó de muchos programas como Hoy a las 9, Arriba corazones y Fabulosos del 2. Fue también productor, el programa Nuestra generación es un ejemplo de ello, y fue asimismo promotor artístico –trabajó al lado de Paco Navarrete–.

Antes de imaginarse que sería una figura de la televisión, Crespi soñaba con ser sacerdote.

"Durante mis estudios utilicé sotana y me faltaron dos años para ordenarme. Sin embargo, la soledad, la falta de mis padres y otros factores, influyeron en mi decisión de no continuar y sentí con claridad que Dios me tenía asignada otra misión en la vida", dijo en 1986.

Y su camino tuvo recompensas. No solo el abrazo y los saludos que le profesaba la gente en la calle, en 1988 la Asociación Prodemocracia le otorgó el premio Forjador de la Democracia.

Ahora Luis Fernando Crespi descansa en paz. Fue sepultado ayer al mediodía en el Cementerio Obrero, en el corazón de San José.



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