San José, Costa Rica. Viernes 4 de abril, 2003







Prácticas sexto, noveno, undécimo /
Temarios y prácticas de pruebas de sexto grado

Notas Cultura:


Crítica de literatura: Lo humano sirve al artista



Juan Durán Luzio

Luis Chaves, Historias Polaroid
San José: Ediciones Perro Azul,
2001 73 pp.

¿Puede el sarcasmo servir como tema a la poesía? ¿Es la burla un recurso adecuado para la expresión de un poeta? En rigor sí, pues se ha dicho que todo cuanto es humano puede servir para que el artista dé curso a sus vivencias y emociones. En verdad, los poetas han cantado sin restricciones hacia adentro o fuera de su universo; la gracia es que al decirlo con su palabra lo exalten y lo hagan imperecedero para algún conmovido lector cómplice de sus versos.

La poesía ha probado ser infinita en sus viajes por ambos cosmos, y el sarcasmo como la burla están en las raíces del ser y, de hecho, presentes casi a diario en el uso del lenguaje de cada uno de nosotros.

Buenos poetas ha habido cultivadores de esa forma irónica, de intención hiriente y burlesca, desde que Juvenal, en la Roma anterior en unos cien años a Cristo, diera a conocer versainas breves y punzantes en las que muerde con fuerza a los corruptos, extravagantes y otros tipos vulgares que repugnaban a su finísimo gusto patricio.

En efecto, la sátira ejercida por los poetas va dirigida en general en contra de otros, pero también hay aquel quien dirige la burla en contra propia: escribe para mofarse de algo a él ocurrido, o llega incluso a degradar los hechos más serios de su propia vida.

Hay ejemplos numerosos de grandes poemas de quienes han gustado reírse de sí mismos, y esto sin asomos de auto compasión o anhelos de provocar lástima.

En esta antigua tradición literaria se inscribe el poemario de Luis Chaves, Instantáneas Polaroid, desde cuyo título se enuncia ya un dejo burlón, al emplear un nombre propio que es hoy sinónimo de lo inmediato, de lo pronto, además de funcionar ahí como adjetivo de instantáneas, ya de por sí una forma de la fotografía inesperada, tal como la situación está ocurriendo, sin pose.

Como si en los versos de este libro las cosas fuesen rápidas, sin retoques, aparecidas sin más ante la pluma del poeta.

Quién sabrá si es así, pero esa pareciera ser la intención significativa del original título de esta colección de 40 poemas y cuatro relatos lúdicos, burlescos, pero penetrantes, y de una acidez también indagadora y mordaz.

Por ejemplo: en estos días cuando la educación se convierte en centro del debate nacional, no está demás ofrecer una visión sarcástica de ese –supuesto– proceso constructivo y madurador: El placer no se crea ni se destruye, se aprende. El niño no tiene futuro –diagnosticaron–, empieza fumando a escondidas, termina quedándose con la mujer del prójimo (50)

Y no se crea que hay aquí intenciones moralizantes o cosa parecida; como cuando el poeta, recurriendo a un título que nos hace anclar en el San José de los autobuses y las paradas, nos lanza estos versos que dicen tanto del hoy como del ayer josefino: Ruta Sabana-Cementerio, dos vándalos hacen blanco en un rótulo con piedras que en realidad resultan ser pequeños trozos de concreto.

Mientras tanto, en minifalda y tacón alto, un hombre sostiene su cartera, con la mano libre se acomoda una tetas que no alimentan más que a la imaginación. Una joven escribe con spray sobre un muro lo mismo que su padre grababa en un árbol treinta años atrás. (40)

He ahí tres instantáneas rápidas, nocturnas, sin compasión por nadie, con su cuota de humor y tristeza, pero con sobrada visión de cierta trascendencia cotidiana.

Así, en efecto, va la mirada sensible de este escritor registrando todo lo visto, pero casi siempre invisible: lotes baldíos esconden sus misterios tras latas de zinc.

A través de un agujero rodeado por la herrumbre hay uno que descubre lo que fue una casa y –entre la maleza crecida– eso que parece siempre resistir el olvido y la intemperie: medias paredes de ladrillo, baldosas artesonadas, el inodoro blanco. (58)

Libro sensible e inteligente de un poeta que transita con garbo por un sendero poco recorrido por nuestros artistas de la pluma, y quien se marca entre sus páginas un derrotero que de fijo encontrará seguidores.




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