San José, Costa Rica. Lunes 13 de octubre, 2003








De los conciertos que habrá en octubre en Costa Rica, el que más me llama la atención es el de:

La Ley
Luis A. Spinetta
Astonvilla
Ana Torroja
Raphael

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El amor por una cubana, a la que conoció por medio de cartas, inspira a Raymond Briceño para escribir e interpretar sus canciones. (Foto: Garrett britton/La Nación).


Los poetas de la cárcel

Un taller cultural crea un espacio de expresión para los privados de libertad del centro La Reforma


Fabiola Martínez O.
fmartinez@nacion.com

Aferrado a su guitarra, Raymond Briceño canta con vehemencia una de las piezas que ha compuesto en una celda del Centro Penitenciario La Reforma, poemas que musicaliza y recita con la voz teñida de dolor y nostalgia, ternura y esperanza:

"Ayer por la tarde,

a través del enrejado,

contemplando me he quedado

las montañas a lo lejos (...)

Cualquiera diría ë¡es locura!í,

pero yo sé que volé,

de la cárcel me escapé..."

Además:
  • Una joven solidaria
  • La poesía y la música logran liberar a él y a sus compañeros, quienes lo escuchan emocionados y le aplauden al finalizar el taller cultural al que asisten los viernes, en las tardes. Este espacio les permite expresarse y ampliar sus horizontes gracias a la iniciativa de Paola Valverde Alier, una incipiente poetisa de 19 años, que fundó el taller en 2001 con el fin de ayudarlos a sobrellevar su condición de privados de libertad.

    "La mayoría de la gente estigmatiza a los privados de libertad y los juzga sin conocerlos, sin saber que ellos están tratando de cambiar y de ser mejores personas. En el taller ellos pueden aprender, expresar sus sentimientos, salirse de la rutina, respirar en un ambiente distinto", manifiesta la joven.

    En la actualidad asisten al taller unos 20 reclusos del ámbito de mínima seguridad, quienes cumplen penas inferiores a los 20 años, por diferentes delitos.

    Motivados por el espacio cultural, 12 internos crearon una rondalla que hizo su primera presentación en setiembre, durante la semana cívica, bajo la dirección de Briceño.

    Un dichoso encuentro

    El 18 de octubre de 2001, varios privados de libertad vieron con interés una entrevista que le hicieron en canal 13 a Valverde –a quien no conocían–, con motivo de la publicación de su poemario Sombras y perfiles.

    Un día después, Viva también publicó una semblanza de la muchacha e incluyó su número telefónico. Luego de leer la nota, los hombres decidieron llamarla para solicitarle que fuera a presentar su libro en La Reforma.

    "El día que vimos a Paola en la tele nos llamó mucho la atención que una muchacha tan joven como ella tuviera esa gran sensibilidad y esa inclinación tan fuerte por la literatura. Eso nos animó a pedirle que nos viniera a hablar de poesía", narra Francisco Boza, quien era miembro de la banda de ladrones de carros liderada por Ricardo Méndez Castro – Bambán– e ingresó a la cárcel en 1994.

    Para un ángel
    Gochez escribió esta poesía dedicada a Paola.Valverde:

    "...Ha osado, el muy atrevido,
    ingresar hasta el infierno,
    encantar a los demonios
    y darles muestras de amor,
    enseñarles de poesía, de historia y literatura
    (Dios santo, que desventura)
    a las almas del averno,
    sin un rasgo de temor...".

    Ella aceptó la invitación y una visita bastó para que decidiera regresar. Al principio el taller solo se dedicaba a la literatura y asistían unos ocho privados de libertad. Poco a poco la joven empezó a invitar a conferencistas para que expusieran diferentes temas y el espacio se convirtió en un taller cultural. Hoy, cada viernes se enfatiza en una disciplina, como pintura, música, cine, historia del arte y literatura.

    A veces dedican la sesión a comentar temas de la actualidad nacional y mundial.

    Uno de los principales colaboradores de Valverde en este proyecto es David Gutiérrez, director de la Casa de la Cultura Popular José Figueres Ferrer.

    "Creo que es un espacio de formación muy importante porque amplía los horizontes de los privados de libertad. Ellos siempre están deseosos de aprender y muestran un gran interés en la materia, sus apreciaciones y sus comentarios son mucho más profundos que otros que he escuchado como profesor universitario", afirma Gutiérrez.

    A juicio de Francisco Boza, el taller ha permitido que muchos de los privados de libertad descubran sus propios talentos. "El taller ha sembrado una inquietud para que muchos se animen a explorar sus potencialidades y se interesen por temas que antes ni conocían. Esta es una manera de lograr el fin rehabilitador que debe tener la cárcel y de mejorar las condiciones de vida de los que estamos aquí", dice.

    Él obtuvo en la cárcel su licenciatura en Administración Educativa, por medio de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), y, motivado por los resultados del taller, fundó la Asociación de Estudiantes Universitarios en La Reforma.

    Buenos frutos

    Raymond Briceño ingresó a la cárcel de San Sebastián en 1998 y dos años después pasó a La Reforma, por un delito que prefiere no recordar. Motivado por el taller cultural escribió el libro Poesías de la cárcel y ahora da vida a la novela Cuando dejó de amanecer.

    "Para mí, la poesía es una fuga. A veces me levanto en la madrugada y, de pronto, en medio de esta porquería, veo a la gata siguiendo el vuelo de una esperanza: esas son las maravillas que me inspiran a escribir", afirma el poeta de 50 años, organista, guitarrista y autor de 270 canciones, muchas de las cuales se encuentran inscritas en la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM).

    Ahora, su ilusión es consolidar la rondalla de La Reforma.

    "Había cinco guitarras dormitando en un lugar de la cárcel y yo tenía algunos instrumentos en mi casa, entonces busqué gente que supiera tocar y la verdad es que el grupo suena muy bien. Ahora quiero conseguir donaciones para comprar más equipo y promover la rondalla", explica.

    Otro escritor descubierto en el taller es "Gochez", quien pronto cumplirá siete años de estar en la cárcel y prefiere no revelar su nombre. "Yo tengo tres libros en proyecto y quiero conseguir un padrino para publicarlos, porque allí hablo de mi experiencia en la cárcel, de los errores del sistema y de las violaciones a los derechos humanos de los privados de libertad", señala.

    "Este taller es una gran bendición y Paola es un ángel que todos los viernes nos ayuda a salir del infierno. Ella ha entendido que el hecho de estar privados de libertad no nos hace menos humanos", dice.


    Una joven solidaria

    Autora de dos poemarios, Paola Valverde tenía 17 años cuando empezó con el taller cultural. (Foto: Garrett Britton/La Nación).

    Fabiola Martínez O
    fmartinez@nacion.com

    La fe en el ser humano es el impulso que lleva a Paola Valverde Alier desde su casa, en Rohrmorser, hasta el Centro Penitenciario La Reforma, en San Rafael de Alajuela.

    Con 19 años, su sensibilidad y aplomo le han permitido ganarse el respeto de todos los que asisten al taller cultural, quienes tienen el número telefónico de su casa y saben que pueden llamarla con confianza.

    "Yo no tenía experiencia en dar talleres y desde un principio les dije que no sería su profesora, sino su amiga, y que todos íbamos a aprender. En efecto, esta experiencia me ha enseñado a ver el mundo con otros ojos, he aprendido mucho de la vida", manifiesta.

    Según dice, nunca le ha interesado preguntarles cuál fue el delito que los levó a la cárcel, porque no le importa el pasado de ellos, sino, su futuro. "Mi proyecto es crear una comisión cultural penitenciaria. Estoy convencida de que el arte ayuda a crecer a las personas y, lo que hagamos por el bien de los privados de libertad, es por el bien de toda la sociedad", afirma.

    La joven poetisa cuenta con el apoyo de su madre, María de los Ángeles Alier -–quien la traslada todos los viernes hasta La Reforma-–y de Doris Ávila, directora del área educativa de la cárcel.

    Estudiante de relaciones públicas, Valverde publicará pronto su segundo poemario, El suburbio de los pulpos. Su intención es presentarlo en La Reforma, en compañía de sus amigos.

    Si alguna persona está interesada el apoyar el taller puede comunicarse con Paola a los teléfonos 232-5071 o 232-9443. Quienes quieran colaborar con la rondalla o apadrinar la publicación del libro de alguno de los privados de libertad, pueden llamar al 438-3188 o al 438-4199.




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