San José, Costa Rica. Jueves 23 de octubre, 2003









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Algunas personas están de acuerdo con que los niños trabajen si sus familias lo necesitan. (Foto: Archivo/La Nación).


Víctimas de una sociedad indiferente

Los adultos son pasivos ante la violación de los derechos de niños y adolescentes, según un estudio del Idespo


Fabiola Martínez O.
fmartinez@nacion.com

Los costarricenses obtienen una buena calificación si se les pide recitar de memoria los derechos de la niñez y la adolescencia, pero, cuando se trata de respetar y defender esos derechos, la mayoría reprueba el examen.

Así lo revela el estudio Percepción de la sociedad costarricense sobre la niñez y la adolescencia, presentado ayer por el Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo), de la Universidad Nacional (UNA).

Además:
  • La nueva familia tica
  • Del 25 al 30 de setiembre se entrevistó por teléfono a 800 personas mayores de 18 años, con el fin de conocer su opinión sobre la situación de los menores con respecto a temas de derechos, recreación, salud, trabajo, abuso sexual y formación.

    Así, el 77 por ciento de los consultados dijo conocer los derechos de la niñez y la adolescencia, y pudo mencionar algunos de ellos, como los derechos a la educación, a la recreación y a no ser objeto de abuso; sin embargo, y a pesar de que el trabajo para menores de 15 años está prohibido por ley, el 27 por ciento de los entrevistados estuvo de acuerdo con que niños, niñas y adolescentes trabajen.

    ¿Por qué están de acuerdo?: "Por la situación económica de la familia"; "porque el trabajo es honra"; "porque así aprenden"; "porque, si no estudian, deben trabajar"... esas fueron algunas de las respuestas.

    Infográfico:
  • Crimen y castigo

  • Más del 40 por ciento de los consultados dijo conocer casos de menores que trabajan en su comunidad (Vea gráfico).

    "Esta cifra golpea fuerte la conciencia de los costarricenses porque demuestra que hay demasiados niños trabajando, a veces en condiciones insalubres", manifestó Sonia Marta Mora, rectora de la UNA.

    "Algunas personas creen que la situación económica del país es una buena razón para explicar el que los niños trabajen. En otras palabras, ya que la sociedad no les da oportunidades para estudiar y desarrollarse, deben resignarse a trabajar", añadió.

    Ojos bien cerrados

    Los investigadores del Idespo señalaron que las respuestas de los entrevistados contrastan con el conocimiento demostrado en materia de derechos, ya que las actividades laborales son incompatibles con el desempeño educativo de los menores.

    La brecha entre el discurso y la práctica también se evidencia en otros ámbitos: a vista y paciencia de los adultos, muchos menores son víctimas del abuso sexual y de las drogas (Vea gráfico).

    El 53 por ciento de los entrevistados dijo conocer a menores de 15 años involucrados en problemas con las drogas.

    Importante derecho
    El derecho a la educación fue el más mencionado.

    Más aún, según el estudio, una gran cantidad de niños sufre maltrato en su hogar pues numerosos padres de familia aceptaron que golpean o agreden verbalmente a sus hijos, con el afán de disciplinarlos.

    "Me parece que hay un problema de actitud porque tenemos demasiada información sobre los derechos de la niñez y la adolescencia, pero no los respetamos ni en los ámbitos más cotidianos. Aunque la legislación costarricense está a la altura de un país desarrollado, las leyes no se traducen en acciones", denunció Vilma Pernudi, una de las autoras del estudio.

    Norman Solórzano, otro de los investigadores, añadió que la investigación revela la ausencia de una cultura jurídica efectiva –más que legalista– en el país.

    Un mea culpa

    Si bien muchos de los consultados mencionaron el derecho a la libertad, y los derechos de la personalidad –como el derecho a la opinión propia–, el 87 por ciento reconoció que los adultos respetan poco o nada la forma de pensar de los menores.

    Según los consultados, ese irrespeto se da porque los adultos siempre creen tener la razón, imponen su autoridad, no saben comunicarse con los menores, y no dedican el tiempo necesario a dialogar con ellos.

    "Nuestra sociedad sigue siendo adultocéntrica. Los adultos no respetamos el espacio de los menores y siempre decidimos por ellos. Creo que esto explica, en gran medida, la violencia que existe en muchas familias costarricenses", afirmó María de los Ángeles Zúñiga, investigadora del Idespo.

    A pesar de la realidad que golpea a miles de menores en el país, los ticos parecen estar conscientes de la necesidad de una mayor defensa de los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes.

    El estudio revela –por ejemplo– que existe preocupación por la necesidad de más opciones recreativas para ellos.

    Los entrevistados señalaron que algunas instituciones que promueven actividades recreativas para los menores son las familias, los grupos de las iglesias, las organizaciones comunales, las municipalidades, y el Ministerio de Cultura.

    No obstante, el 59 por ciento de los consultados manifestó que las actividades promovidas no satisfacen las necesidades recreativas de los adolescentes.

    Sobre el abuso sexual, los entrevistados consideran que las entidades deben realizar campañas de prevención y educación, fomentar leyes más estrictas, y hacer de la familia un centro de diálogo, control y apoyo.


    La nueva familia tica

    Como parte del estudio efectuado por dos grupos de investigadores del Idespo, ayer se presentó también el informe La familia costarricense de cara al nuevo siglo, relacionado con las transformaciones sufridas por la unidad primaria de la socialización.

    El 46 por ciento de los 800 entrevistados manifestó que existe una pérdida de valores en la familia, en la escuela y en la sociedad. Asimismo, el 30 por ciento señaló el problema de la desintegración familiar.

    "Los entrevistados, de manera contundente, opinan o perciben que la familia ha cambiado, y estos cambios son percibidos como negativos", señala el estudio.

    Para la mayoría, la familia debe conservar las funciones de formar y educar, así como de transmitir valores morales y espirituales. De igual forma, la educación sexual aparece como una responsabilidad mayoritariamente de la familia, con la participación de la escuela.

    Respecto al significado social de la familia, el 44 por ciento de los entrevistados definió la familia como el núcleo formado por padre, madre e hijos, y pocos se refirieron a la familia extensa, que incluye a abuelos, tíos y otros parientes.

    El 62 por ciento de los consultados dijo que no está de acuerdo con la familia conformada por la pareja sola, sin hijos.

    Si bien la mayoría prefiere las familias conformadas por los dos padres y sus hijos, el 61 por ciento dijo estar de acuerdo con las familias formadas por una mujer y sus hijos. En contraste, la familia compuesta por el padre y sus hijos es considerada desfavorable por el 65 por ciento de los entrevistados.

    El 85.8 por ciento de las personas entrevistadas está en desacuerdo con las familias integradas por homosexuales, y un 83.3 por ciento está en desacuerdo con que ese tipo de parejas tengan hijos adoptivos.

    La falta de comunicación, la incomprensión y las discusiones son vinculadas por la población entrevistada con la violencia familiar.




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