San José, Costa Rica. Domingo 4 de abril, 2004













Michelle Pauly y sus compañeros de Cabuya salieron bien parados del festival, a pesar de que muchos querían algo más "tarreado". (Foto: David Vargas / La Nación).


El Ecosistema ardió

El festival de rock criollo fue de menos a más y terminó con una asistencia afónica, sudada y muy feliz


Víctor Fernández G.
vfernandez@nacion.com

Al inicio no pintaba bien pero conforme las horas avanzaron y las bandas desfilaron el Ecosistema Rock cobró vida, a tal punto de que al final de la noche de ayer el festival de rock criollo terminó como los grandes.

El megachivo -que de paso sirvió para inaugurar oficialmente la sala de conciertos Akústika, en Calle Blancos- llenó por más de 10 horas los oídos de cientos de asistentes con la música de varias de las mejores bandas del movimiento criollo. Punk, ska, rock latino y alternativo, además del infaltable "tarro", fueron parte del menú que la asistencia tragó a lo largo de la extenuante jornada.

Y aunque al final la convocatoria no resultó tan masiva como se esperaba, los que sí llegaron salieron con la satisfacción de haber podido matizar a 16 grupos por solo ¢1.000 (una ganga de a menos de ¢100 la banda).

El infaltable corre corre

Ecosistema representó el debut en espectáculos masivos de la novel productora Circuito Urbano. Y aunque los organizadores promovieron por todo lado el "chivo", a las 11 a. m. -hora en que estaba anunciado el arranque- el panorama no pintaba muy favorable.

Problemas de última hora pusieron a correr a todos, mientras una pequeña cantidad de público esperaba a que se abrieran las puertas del lugar.

Faltando 10 minutos para el mediodía el trío punk 3 Akordes inauguró el festival. Johan, Mariam y Spike tuvieron que pagar el precio de ser los primeros pues sirvieron de conejillos de indias para el sonidista, quien vale decir que nunca pegó ni una a lo largo de todo el día.

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Pronto en la página http://www.circuitourbano.8m.com habrá fotos del festival.

3 Akordes promete, pues más que virtud lo suyo es pasión. En un manifiesto Mariam dejó claro que "el punk no es una moda, es actitud" y Spike fue pura sinceridad con frases al estilo "nos equivocamos pero vale pi...". Temas como Miseria y destrucción, Cirko político, Plaza obrera y Anarkia reforzaron la idea de lucha política que la joven banda quiere dar.

Psikodeliska les siguió, con una oferta bastante distinta al ska que usualmente se toca en el país. Las voces de Felixxxia Manso y el bajista Víctor Acuña (¡puro inyecte!) calzaron a la perfección, especialmente en Todo cambia. La banda aguanta lo que sea y por eso cuando el micrófono quiso sabotear al cantante, el guitarrista Finis Guillén no dudó en compartir el suyo con Víctor.

Pese al buen trabajo de ambos grupos, el público parecía sumido en una modorra que tal vez se podría explicar por el "hornazo" en que se convirtió la sala de conciertos al mediodía.

Aún así el trío Evo dejó una buena impresión. Con casi año y medio sin presentarse, los otrora Contradicción dieron una muestra de rock progresivo bien jalado. A seguirles la pista.

La cuarta banda en tocar, Akasha, tampoco pudo sacar a la gente del sopor. Aunque sus temas son algo largos y el cantante tiene que pulirse, los músicos lo hacen bien y le ponen. Fue bueno que pudieran tocar y que ningún papá se enojara.

La tarde brincó

Dado que la mayoría de los presentes iban para ver a las bandas más pesadas (reservadas para la noche), el Ecosistema fue tomando fuerza hasta mediados de la tarde.

Los heredianos ESimple aprovecharon para desempolvar temas de sus inicios más punk, como Mi corazón arde, Fidelidad y Cosecha. Con ellos el público mostró las primer señales de vida, especialmente cuando interpretaron canciones que les son más conocidas como Vámonos de aquí y Pálida.

Cabuya resultó una agradable sorpresa para un público que no está acostumbrado al rock latino. La cantante Michelle Pauly hizo un gran trabajo en los vocales y logró que la banda saliera bien aplaudida por una audiencia que se moría por oír "tarro".

El primer inyecte verdadero que vivió el público fue cuando el cuarteto Nada se apoderó de la tarima. Después unos molestos segundos iniciales en que el micrófono quiso ponerle una zancadilla al vocalista Kurt Dyer, la banda pateó con Contraproducente, Sueños de transmutación, Alienación y Dirty Rainbows.

Ya cuando el sol empezaba a marcharse cayó la descarga pesada, con Anzuelo como la primera agrupación que convirtió a la audiencia en un divertido y adrenalítico slam de patadas y empujones. Deznuke, Neo, Sintagma, Broca, Neuma, Mantra, In Gnosis y Slavon cerrarían la primer edición del Ecosistema Rock. Al festival le queda mucho por mejorar y sus creadores deben evaluarlo sesudamente, pero están tranquilos porque su "chivo" salió con la frente en alto.


Por dentro

Con gran expectativa se inauguró ayer la sala de conciertos Akústika, en Calle Blancos. Sin embargo, el lugar está aún muy lejos de ser el sitio ideal para conciertos que algunos esperaban encontrarse.

El paisaje de charcos, polvazal y cosas a medio construir no ayudó mucho a las buenas intenciones de la productora Circuito Urbano, que pese a todo logró sacar con éxito su festival en ese lugar. Los propietarios deberían ponerle especial atención al calor bochornoso que se acumula en el área de conciertos en el segundo piso y a la tambaleante escalera, que con cada paso parecía querer echarse un reto con la gravedad.

De parte de la organización vale resaltar el esfuerzo por hacer amenas las horas, lo que incluyó un divertido concurso de solos de guitarra y un puesto en el que se hacían tatuajes temporales. El servicio de comidas estuvo bueno, con opciones nada caras para matar el hambre, aunque eso significara que el colesterol cantara victoria.

Entre los lunares está la ausencia casi total de luces y, sobre todo, el pésimo trabajo del sonidista de Akústika. Los grupos tuvieron que arreglárselas con un lamentable monitoreo y con continuos feedbacks y fallos de los micrófonos.




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