San José, Costa Rica. Lunes 26 de enero, 2004










El experto registra la información obtenida sobre los cambios en el caudal del río. (Foto: Garrett Britton/La Nación).


En las entrañas del bosque nuboso

Un estudio pionero muestra el impacto hidrológico que causa la deforestación en las estribaciones de la Cordillera de Tilarán


Fabiola Martínez O.
fmartinez@nacion.com

En el bosque nuboso viven gigantes verdes que atrapan las nubes, condensan el agua presente en ellas, y la infiltran al suelo o la dejan correr al río. Si desaparecen esos gigantes –los árboles–, la captura de niebla disminuye y el caudal de los ríos se reduce, según lo demuestra un estudio que se realiza desde 2002 en San Gerardo de Monteverde.

Además:
  • Zona de vida
  • La investigación es ejecutada por expertos del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y la Universidad Libre de Ámsterdam, Holanda, con financiamiento del gobierno de Gran Bretaña.

    Su objetivo principal es conocer el impacto hidrológico que causa la conversión de los bosques nubosos en pastos, específicamente en las estribaciones de la Cordillera de Tilarán.

    "Es un proyecto único en el mundo y de gran importancia, ya que una de las mejores estrategias de manejo de cuencas es la protección del bosque nuboso. Por primera vez en Centroamérica se logra hacer estimaciones precisas de la captación de niebla, con el fin de construir un modelo hidrológico que podrá aplicarse en cualquier bosque nuboso de la región", explicó Julio Calvo, especialista en manejo de recursos naturales de la Escuela de Ingeniería Forestal del ITCR y coordinador nacional del estudio.

    Los bosques nubosos –aquellos que se encuentran en montañas con neblinas persistentes– infiltran a capas más profundas del suelo el agua de la lluvia (llamada precipitación vertical) y condensan el agua de la neblina (precipitación horizontal).

    Según Calvo, esta intercepción horizontal es muy importante en la producción de agua de alta calidad para el consumo humano, el riego, la producción de energía hidroeléctrica y la recreación de las poblaciones vecinas.

    Se estima que un 8.7 por ciento del territorio costarricense presenta condiciones propicias para la captación de precipitación horizontal, de modo que la deforestación de estos sitios provocaría una disminución significativa en los caudales de las respectivas cuencas hidrográficas. (Vea nota aparte)

    Si bien la investigación concluirá en agosto, los resultados preliminares muestran que la zona estudiada recibe 5.156 milímetros de lluvia al año (5 metros de agua), pero esa cantidad asciende a 9.241 milímetros (9 metros) si se toma en cuenta el agua captada de la neblina.

    A cuentagotas

    Para estudiar el proceso hidrológico que ocurre en el bosque nuboso, los investigadores instalaron estaciones meteorológicas en dos microcuencas experimentales de la cuenca del río Chiquito: una de cinco hectáreas que está cubierta con bosque y otra de ocho hectáreas que solo tiene pasto; es decir, no cuenta con vegetación que capture la neblina.

    Aunque las microcuencas se encuentran a la par y reciben la misma cantidad de lluvia, el estudio registra una humedad mucho mayor en el área de bosque por el efecto de la neblina.

    Además, el caudal del río es mayor donde hay bosque que en el área con pasto, a pesar de que esta es más grande.

    Las estaciones meteorológicas son alimentadas por paneles solares y una de ellas, la que se encuentra dentro del bosque, tiene una altura de 25 metros, de modo que permite realizar mediciones en diferentes estratos del bosque. Se trata de un sofisticado equipo, cuyo costo supera los $150.000 (unos ¢63.000.000).

    "Contamos con varios instrumentos para monitorear diferentes variables necesarias en un balance hídrico, como las precipitaciones, la humedad del suelo, la temperatura, la velocidad del viento, la evaporación y el caudal de los ríos", detalló el hidrólogo holandés Arnoud Fruman, de la Universidad Libre de Ámsterdam.

    El investigador reside en Monteverde desde que comenzó a realizarse el estudio, y todas las semanas acude a las estaciones meteorológicas con el fin de registrar los datos obtenidos por cada uno de los instrumentos de medición.

    Impacto regional

    Según Calvo, la investigación demostrará la importancia de aumentar los esfuerzos para proteger el bosque nuboso, indicará cuáles son las zonas de atención prioritaria, y permitirá contar con criterios más precisos para el pago de servicios ambientales. Este es un aporte de especial importancia para el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo).

    En la actualidad, las empresas hidroeléctricas pagan cerca de ¢17.440 anuales por cada hectárea que es protegida o reforestada por sus propietarios, independientemente del tipo de bosque que sea.

    "Gracias al estudio se tendrán mayores argumentos para pedirles a los generadores de electricidad que paguen a los dueños del bosque por su conservación. Incluso, las personas que tienen bosque nuboso en su propiedad deberían recibir un mayor incentivo porque en esos terrenos se produce una mayor cantidad de agua", manifestó.

    Con base en los resultados del estudio se construirá una metodología para la valoración del bosque que podrá aplicarse al estudio de los bosques nubosos en toda Mesoamérica, comenzando por la cuenca del Río Chiquito.

    El análisis final de la información contará con la supervisión del holandés Sampurno Bruijnzeel, quien dirige el estudio desde su país.

    "La creación de un modelo hidrológico estandarizado permitirá evaluar la contribución hidrológica de los bosques nubosos en diferentes condiciones, sin necesidad de repetir todo el proceso que estamos haciendo ahora", añadió Calvo.

    "Estamos comparando los diferentes instrumentos de medición para saber cuál es más preciso; por ejemplo, dado que el pluviómetro solo registra la cantidad de lluvia, usamos otros instrumentos para estimar la captación de neblina, que no se han utilizado casi en ningún otro país", dijo.

    Con el fin de compartir este conocimiento con otros investigadores costarricenses y extranjeros, en junio se impartirá en el país el taller Hidrología y meteorología de bosques, monitoreo y modelos de simulación, con énfasis en los bosques nubosos.

    Asimismo, Calvo y Fruman viajarán en julio a Hawaii para exponer los resultados preliminares en la Conferencia Internacional sobre Bosques Nubosos.

    Calvo destacó que el estudio ha contado con la participación de la Universidad Nacional (UNA), la Universidad de Costa Rica (UCR), el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), y el Centro Científico Tropical (CCT).

    Una segunda parte del proyecto consistirá en la evaluación socioeconómica del impacto de la conversión de bosques nubosos en pastos y, en el 2005, se publicará los primeros artículos científicos con los resultados.


    Zona de vida

    La pérdida de los bosques nubosos y su transformación en pastos provoca serias alteraciones en el caudal de los ríos en toda Mesoamérica, relacionadas con el agotamiento del recurso hídrico en la región.

    Entre los países de América Central, Costa Rica es el segundo con más cantidad de bosques nubosos, con una extensión total de 703.000 hectáreas. Lo antecede Guatemala, con 1,759.000 hectáreas. En tercer lugar está Panamá, con 381.000 hectáreas.

    Una buena parte de ese bosque se encuentra protegida, como son los casos de la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde, el Parque Nacional Volcán Poás, y el Parque Nacional Chirripó.

    Sin embargo, los bosques del país no escapan a las amenazas de la deforestación, la extracción insostenible de productos no maderables, la cacería, el desarrollo urbanístico, y el impacto del cambio climático.

    Según estimaciones realizadas en 1995 por la Unión Mundial para la Naturaleza, en aquel momento la destrucción de los bosques nubosos avanzaba a una tasa de 1.1 por ciento anual en todo el mundo.

    Esa entidad ha insistido en la necesidad de conservar tales bosques en áreas protegidas.

    Según Julio César Calvo, especialista en manejo de recursos naturales, la importancia de proteger el bosque nuboso no solo reside en su impacto hidrológico, sino, también, en su alta diversidad biológica.

    En Costa Rica, por ejemplo, se ha documentado la desaparición de varias especies de anfibios propios de las zonas altas, como es el caso del llamado "sapo dorado", cuya extinción se ha atribuido al calentamiento global.




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