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Domingo 12 de agosto, 2007 |
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Salto de liebre Crimen: A paso de tortugaWílliam Venegas wvenegas@nacion.com Nos llega la historia de un hombre meticuloso, quien está muy convencido de que a las ovejas se las puede esquilar, pero no despellejar. El tipo se llama Ted Crawford, quien sabe que su esposa le es infiel con un detective de California. Ted puede soportar un poco la aventura de la mujer, pero no tanto, por lo que decide matarla. Tan minucioso es el señor Crawford, que le mete un balazo a la señora Crawford en la cabeza, la deja en estado de coma, confiesa el crimen a la policía y no se lo pueden probar en un juzgado. Ni siquiera el mejor fiscal del lugar, como lo es Willy Beachum. Como ven, la trama suena interesante para la película Crimen perfecto (2007), dirigida por Gregory Hoblit. La cinta tiene buen comienzo. Rápido estamos en autos del asunto. El filme lo hace con exquisitez visual, con magnífico empleo de cámaras en grúas y del gran angular en la fotografía. Uno se frota las manos. Sin embargo, este iniciático salto de liebre se transforma, poco a poco, en cansino caminar de tortuga, cuando el caparazón le pesa mucho al quelonio. El tema del filme deviene sermón de púlpito: ¡cuidado con la infidelidad, lleva a la muerte! Es moraleja discutible, pero dejamos este tema para otra ocasión. Ahora nos vamos a detener en el mencionado paso de la tortuga. Es difícil entender cómo al guion se le escapa la posibilidad de estructurar un texto de suspenso con lo que tiene en mano. El relato se dedica a esperar la sentencia de que “a la larga y a la corta, la mentira se descubre”, para lo cual se mete, incluso, con asuntos secundarios absolutamente prescindibles. No hay ninguna reflexión importante sobre nada. Es filme vegeta sobre sus propios acontecimientos: nada interesante piensa la tortuga en su lento paso, va con la mente en blanco, ¿para qué agitar la acción, para qué pensar nada: “A la mujer y al galgo, en la vejez los aguardo”. Así es como se le mete el tedio a este perfecto crimen de no lograr una buena película. La actuación de Ryan Gosling (como el fiscal) es tan seca como el caparazón de la tortuga. Por su parte, como el asesino confeso, Anthony Hopkins se muestra parco, nada del otro mundo, pero él es tan buen actor que, a veces, la basta con mover una ceja para expresar la fuerza de una emoción. Eso sí, queremos destacar la música, su fuerza armónica en momentos claves y, cuando no es así, es un pentagrama bien colocado, justo en la banda sonora, responsabilidad de Mychael y Jeff Danna. Por lo demás, en otro desliz del guion, Crimen perfecto a veces resulta jalada de los pelos (¿la tortuga los tiene?). Nos exige eso que un crítico de cine llamó alguna vez “voluntad de creer” (de parte del espectador). De la actriz que encarna a la señora Crawford decimos poco o nada: ella se pasa el filme en estado de coma. ¿Es esto lo que se le contagia a la película?
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