Costa Rica, Lunes 7 de enero de 2008

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Crónica:

Led Zeppelin, una leyenda viva

  Para la historia: El concierto que dio esta legendaria banda en Londres, le recordó al mundo el por qué este grupo causa tanto revuelo

Mike Collett-White

Londres. Reuters.

Unos pocos amigos estaban felices por mí, pero la mayoría sintió envidia. De todas las localidades disponibles en tres años de cobertura del arte y el espectáculo, las entradas para el concierto de Led Zeppelin del lunes 10 de diciembre eran las más codiciadas.

Están las bandas que tienen seguidores y están las bandas, como “los Zep”, que tienen fanáticos.

Entonces, ¿por qué todo el alboroto? Después de todo, no hay escasez de “dinosaurios” del rock que se reúnen por una aventura final, como The Police, Sex Pistols y The Eagles, por nombrar solo unos pocos.

Las giras se han posicionado por sobre las ventas de discos como lo más rentable de la música pop, una industria que se está recuperando del intercambio ilegal de archivos por Internet y la disminución de la demanda de discos compactos.

En lo que respecta a Led Zeppelin, sin embargo, nos encontramos con un factor inusual. La banda se ha presentado pocas veces desde la muerte del baterista John Bonham, en 1980. Los propios miembros admiten que cada vez fue un caos y aún no hay nada que indique que esta ocasión fue la excepción.

Y entonces está la música: poderosa, dinámica, oscura y a veces simplemente rara. Así que ese concierto constituyó una posibilidad para recordarle al mundo a qué se debía todo el alboroto hace 30 años, cuando esta banda eclipsó toda presentación sobre la Tierra en cuanto a venta de entradas y a infamia roquera se refiere.

También fue un riesgo tremendo. Con un promedio de 61 años, a los tres miembros sobrevivientes del cuarteto no les esperaba una acogida favorable garantizada por parte de los críticos. He aquí la promoción, y he aquí mi placer de tener reservado un asiento.

Última fila. Aunque al principio estaría con el resto de los reporteros en una sala de prensa observando el show en una pantalla, fui ascendido a una localidad general. No obstante, tratándose de un concierto benéfico, Reuters pagó 125 libras ($255), además de un cargo de gestión de 10 libras más.

Y poco importó que mi asiento estuviera en la fila Z, después de todo era la Z de Zeppelin. La ubicación estaba bien. En un momento giré hacia la izquierda para ver a Paul McCartney mirando el espectáculo, aunque rápidamente desapareció, presumiblemente de regreso al recinto VIP .

Estaba presenciando uno de los conciertos pop más ansiosamente esperados en años y ni siquiera podía llamarme un fanático de Led Zeppelin. Había millones de personas, literalmente, que podrían haber cantado cada canción y mover sus cabezas con cada compás. Yo sabía algo sobre la música, pero no reconocí los 16 temas de la noche.

Nostalgia. Yo estaba rodeado por hombres de entre 40 y 60 y tantos años, quienes regularmente salían del recinto para proveerse de cerveza. Había un puñado de roqueros con el pelo largo atado, unos pocos niños y una que otra pareja joven; pero los que observaban con atención crecieron con esta música y parecían ser arrastrados por la nostalgia.

Salí después de las dos primeras canciones para elaborar una nota y luego poder relajarme durante el resto de las dos horas y diez minutos que duró el show , pensando en la mejor manera de describirlo.

Desde el principio, la música golpea con fuerza. La guitarra de Jimmy Page gruñe y amenaza en lugar de simplemente tocar. Y puede ser que el cantante Robert Plant esté menos cómodo en las notas altas que en su mejor momento de gemidos y trinos, pero aún contaba con la voz que hacía juego con la pared de música detrás suyo.

Jason, el hijo de Bonham en la batería, dejó a los críticos extasiados con su tempo funk , mientras que John Paul Jones mantuvo a toda la máquina ronroneando con su bajo y su teclado.

Los músicos, en general, se mostraron estáticos y sobrios, pero la música hablaba o gritaba por sí sola. Al final de su éxito más destacado, Stairway to Heaven , Plant pareció aliviado, como si la canción se hubiese convertido en algo así como una cruz con la que el grupo estuviera para siempre asociada.

“¡Hey Ahmet, lo logramos!”, gritó Del, refiriéndose al fundador de Atlantic Records, Ahmet Ertegun, quien firmó con la banda en 1968 y en cuya memoria fue organizado el concierto. Los fanáticos dejaron el lugar sintiéndose locos de alegría pero a la vez decepcionados. ¿Sería acaso este el último concierto de Led Zeppelin que verían?

FOTOS

Nacion.com

Led Zeppelin se presentó el lunes 10 de diciembre en Londres, en un espectáculo que hizo vibrar a miles de personas. Aquí, Robert Plant (izquierda) y Jimmy Page durante el concierto que ofrecieron en Estambul, en marzo de 1998. Archivo

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