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Costa Rica, Lunes 16 de noviembre de 2009

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Crítica de cine

Crítica de cine: La región perdida

  Es película mimética O sea, como un camaleón

Wílliam Venegas | wvenegas@nacion.com

En un país como el nuestro, donde todos –no solo los cartagos– esperamos a que se aclaren los nublados del día antes de tomar una decisión, es muy fácil que no tengamos en realidad héroes ni santos, por lo menos oficialmente declarados.

Por eso, resulta que personajes importantes de la vida costarricense de pronto sean mirados como héroes o como santos... o las dos cosas a la vez.

Un caso es el del médico Ricardo Moreno Cañas, a quien la conciencia social ingenua le atribuye devociones y milagros propios de la más folclórica santería.

Ahora, Andrés Heidenreich, cineasta reconocido en el medio nacional, toma el nombre y la imagen de dicho cirujano para recrearlo en un filme mimético o camaleónico que se exhibe con el título de La región perdida (2009), película costarricense que comparte salas de cine con Gestación (2009, de Esteban Ramírez), en un momento interesante del cine nacional.

Desde la ficción. La región perdida tiene el mérito de presentarse como una historia y no como un discurso evidente sobre la figura de Moreno Cañas, aunque todo relato comporta –igualmente– un discurso, solo que el buen cine lo manifiesta entre imágenes y nunca de manera apelativa.

Para quitarse de encima cualquier tentación discursiva, esta película de Andrés Heidenreich recrea la presencia histórica de su personaje desde la ficción, a partir de un relato lamentablemente superficial: una joven periodista (encarnada por la actriz Rocío Carranza) debe hacer una investigación sobre el médico citado.

Heidenreich asume su película –dijimos antes– con rostro camaleónico. La ficción es metamorfosis constante que asume sesgos de otras expresiones del cine, sobre del documental y también del llamado “falso documental”. A ver si me explico: no es que esta cinta sea un documental, es solo que de pronto se arroga ese tratamiento para reforzarse como relato desarrollado desde la ficción.

Creo que los elementos documentales de La región perdida , por más importantes que sean, son solo para ubicar el contexto de la trama principal, que es la investigación de la periodista. Sin embargo, no perdamos aquella idea del lingüista búlgaro Tzvetan Todorov: “El contexto es parte del texto”.

Sin autohalago. No estoy de acuerdo con quienes afirman que esta película es una mezcla de ficción con documental. Es solo lo primero. Lo segundo viene a darle cuerpo: las secuencias documentales también funcionan como indicios de verosimilitud, que vienen a hacernos pasar la ficción como si fuera real.

Es lo mejor en la creatividad de Andrés Heidenreich. Es lo que hace tan suya la propuesta fílmica que ahora nos ofrece. La estructuración del relato es, así, plausible, sin caer en la pedantería culta del autohalago.

Lo hueco. De esa manera, en La región perdida , el arte de narrar está salvado, pero no la superficialidad que transpira la película, por lo que nos resulta filme emocionalmente hueco, de lo que no se exime el propio Heidenreich, coguionista con Tobías Ovares.

Esa superficialidad vuelve burdos los diálogos en más de una ocasión, los personajes devienen monigotes y la creatividad formal termina por ser algo complicada, pero nunca compleja. Es un caparazón ingenioso de donde se zafó la tortuga con su sabiduría.

El entramado visual termina por ser un fin en sí mismo (como es la belleza ante un espejo).

Jitanjáfora. He aquí la paradoja: desde sus imágenes, la creativa construcción del relato termina por hacerle perder fluidez a la película en su conjunto (se llega al extremo de la repetición de secuencias hasta el aburrimiento). La película termina por ser algo así como lo que el ensayista mejicano Alfonso Reyes llamó jitanjáfora (enunciado carente de sentido o significado, pero que pretende conseguir resultados eufónicos; digamos: visuales o sensoriales).

Tampoco entiendo ese aire de misterio terrorífico (más bien suspenso inútil) que se le da a la cinta y que embarca a Fidel Gamboa, cuya música parece hecha para otra película, porque aquí ni poncha ni corta, más bien estorba. Gamboa va por un lado y Heidenreich por otro.

Lo peor del filme, eso sí, son las actuaciones.¡Válgame! Nunca había visto un filme donde los histriones, ellos y ellas, trabajan mal, muy mal: no hay cara en donde persignarse, lo que demuestra que Andrés Heidenreich es pésimo director de actores o no quiso meterse con un cuerpo histriónico que hace teatro en cine, y muy mal.

Son tan malas, sin excepción, que más bien son risibles (los críticos somos crueles con nuestras risas). ¿Cómo puede sostenerse bien una película con actuaciones tan deficitarias? No es posible porque el texto pierde credibilidad en los rostros actorales y en la igualmente risible entonación de los diálogos, de registro teatral.

Verdades. El resultado final, pues, de La región perdida nos queda debiendo por más interesante que sea como estructuración narrativa. Lo que sí es obvio, película tras película, es que en Costa Rica hay cineastas con oficio, pero pésimos guionistas. Es hora de ir diciendo ciertas verdades antes que acostumbrarnos a la palmadita fácil, tan acostumbrada en las funciones para amigos y amigas.

FOTOS

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    La región perdida gusta de los elementos sobrenaturales y de una fotografía que los reproduzca, en la suma de los géneros cinematográficos. Discine p/LN.

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TABLAS

LA REGIÓN PERDIDA

Costa Rica, 2009

GÉNERO: Drama

DIRECCIÓN: Andrés Heindenreich

ELENCO: Rocío Carranza, Carlos Salazar, José Castro, María Bonilla

DURACIÓN: 110 minutos

CINES: Variedades, CitiCinemas (Grecia), Multicines Liberia, Cinépolis, Cinemark, San Pedro CCM, Paseo de las Flores, Plaza Mayor, Magaly, Cariari

CALIFICACIÓN: HHIII

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