Literatura: Letras ticas

Lara Ríos: libros cantarinos y risueños

Esta escritora costarricense, hace los veranos de colores y puede ver la magia en el círculo de fuego blanco

Ana Coralia Fernández

Tal vez ya leíste las aventuras de Arturo Pol. Seguro que tus amigos te han contado alguna de sus anécdotas. Él es un chico como vos: con sueños, picardía y asombro ante la vida. Arturo no teme equivocarse; sabe que es parte de su aprendizaje y, además, ¡está tan acostumbrado a jalarse sus tortas!Ö que, simplemente, lo toma como parte de su vida.

Imágenes:

  • Los niños ilustran

  • Arturo es uno de los personajes más queridos para Lara Ríos, su creadora. Esta escritora, tan tica como nuestra guaria morada, lleva nombre de río y es cantarina como el agua de una quebrada. Ha tenido un espejo mágico en sus libros, donde retrata no solo a nuestros niños, sino su inteligencia y sensibilidad, sus sentimientos y reacciones, dándole a la literatura infantil una dimensión especial.

    Lara Ríos, en 27 años de escribir, ha creado 11 libros donde reconocemos títulos como "Pantalones cortos", "Verano de colores", "Pantalones largos", "Mo", "El círculo de fuego blanco" y, recientemente, "La música de Paul", un encuentro muy interesante entre un pequeño y un anciano que comparten lo mejor de sí mismos.

    Hoy, aprovechando tu tiempo libre, te regalamos el primer segmento del libro "Verano de colores", las vacaciones de Arturo Pol. Es el segundo de la trilogía, editada por Ediciones Farben Norma e ilustrado por la talentosa artista Ana Luisa Núñez. ¡Disfrutálo!

    24 de noviembre

    ¡Salimos a vacaciones! ¡Tres meses para disfrutar de la vida, de las muchachas, y de las fiestas! ¡Qué maravilla poder dormir, dormir y dormir como un oso! Ya me estaba embruteciendo de escribir tanto, sobre todo al final, que es el momento de exprimirse los sesos para pasar el año. ¡Y gané el curso! Ahora voy para décimo.

    Pero mi felicidad duró muy poco: apenas llegaron las vacaciones, a papá se le metió en la cabeza que yo tenía que buscar trabajo porque según él, "el ocio es el peor veneno para la juventud".

    "Arturo limpie las ventanas del carro, ayude a quitar las telas de arañas de las esquinas, corte el zacate. ¿Por qué no baña a los perros hoy que hace sol?... ¡Me revienta que me digan lo que tengo que hacer! Su mayor deseo es que yo trabaje en algún lugar durante el próximo mes de diciembre. Me lo ha dicho directa e indirectamente.

    "¿Quiere plata?, pues gánesela", me contesta cuando le pido para ir al cine.

    Así es que hoy durante el almuerzo, después de una discusión con aires de guerra mundial porque me dejé un vuelto de mamá, decidí buscar trabajo en una librería. Se me ocurrió esta idea, tal vez porque me gusta leer un buen libro, de vez en cuando. También me gusta escribir poemas, pero no se los enseño a nadie y llevo un diario donde anoto las cosas más importantes que ocurren día de por medio.

    "Tengo un amigo que es un contabilista de la Librería Mistral", comentó papá feliz, cuando le conté que quería trabajar. "Mañana le voy a hablar para que nos ayude a empujar el asunto".

    Esto se llama tener una palanca y según parece da muy buenos resultados.

    Ayer en la noche conocí a una preciosidad en la fiesta que hizo Michelle en su casa, para celebrar el comienzo de las vacaciones. Era una reunión de compañeros y compañeras y allí estaba ELLA. Michelle la presentó como su prima y su nombre es Marcela. Cuando llegó donde yo estaba, le extendí la mano y cortésmente le dije:

    - Arturo Pol, mucho gusto.

    Entonces me miró con unos ojos grandes y negros, llenos de pestañas enormes y sonriendo, con unos dientes preciosos me dijo:

    - Encantada de conocerte, Arturo, yo soy Marcela.

    Pensé que era la muchacha más linda que había visto en mi vida. Al darle la mano la sentí tibia y perfumada y el aroma me hizo recordar la enredadera de flores blancas que crece en el jardín de mi abuela. Marcos, que estaba conmigo, se le quedó viendo con cara de idiota y de la impresión, regó el refresco que tenía en la mano y le mojó el zapato.

    -¡Ay, perdón!, dijo el pobre Marcos muy acongojado, mientras trataba de limpiar el daño.

    - No es nada, no te preocupés, dijo ella con sonrisa indulgente, mientras me clavaba sus ojazos negros como diciéndome "¡qué torpe es tu amigo!".

    Yo me puse más colorado que la bandera rusa y me empezaron a arder las orejas, pero para disimular dije "con permiso" y me fui a saludar efusivamente a dos compañeros que estaban al fondo y a los que no tenía que decirles nada de importancia.

    - Hola, gente! ¿Qué tal la están pasando? ¿Se divierten?, y les di dos grandes palmadas en la espalda.

    Me miraron extrañados al ver mi euforia y me devolvieron el saludo con amabilidad:

    - ¿Cómo estás Arturo?

    - Sí, por aquí todo está en orden; estamos disfrutando de la fiesta.

    Conversamos un rato y después hubo baile. Manolo bailó con ELLA casi el resto de la noche, porque Manolo acapara, es un pulpo. Sin embargo, las miradas de Marcela me persiguieron como luciérnagas negras, abriéndose paso entre el humo de los cigarrillos y las notas vibrantes de la música "rock". Yo creo que Manolo se dio cuenta. "Ese muchacho ha viajado bastante y tiene mucho mundo", dicen en casa cuando hablan de él. ¿Pero cómo puede ser tan diferente si sólo tiene un año más que yo? No es mundo lo que tiene, sino suerte.


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